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sábado, 26 de febrero de 2011

Monjas y Monjitas I

Hace unos meses la profesora de literatura medieval me mandó analizar el siguiente villancico:

¡Cómo lo tuerce i lava
la monjita el su cabello!
¡Cómo lo tuerce i lava;
luego lo tiende al hielo!


A grandes rasgos, nos encontramos con una protagonista femenina, la monjita, a la que se dirigen en diminutivo, denotando, por tanto, afectividad o complicidad afectiva hacia ella. Predomina en toda la composición el tono exclamativo, que refuerza y reitera esa afectividad.

Algo que llama especialmente la atención es la inversión de las acciones, ya que normalmente lo primero es lavar el cabello para, seguidamente, retorcerlo. Comenzamos a notar en este primer verso, entonces, la voluntad estética del villancico, pero no solo eso, sino que también nos están diciendo que la mujer, en este caso una monja, está preparando su cabello para la sensualidad, ya que ese cómo exclamativo puede ser sustituído por ¡de qué manera lo tuerce i lava!.
El cabello, que aparece reiterado a lo largo de todo la composición, siendo el elemento sobre el que recae la acción, es un tópico repetido en los villancicos y propio de la literatura medieval que denota sensualidad y erotismo. El hecho de que se contraponga el erotismo con los votos religiosos de la protagonista, en los que no hay cabida para la recreación sensual representada por la acción de lavar y preparar el cabello y que nos refuerza ese cómo exclamativo, aparece representado en el poema por esa inversión de acciones, que nos indican una naturaleza contrariada.


Inmaculadamente Concebido, campaña publicitaria de Antonio Federici, El Helado es Nuestra Religión.


Es interesante también tener en cuenta que al lavar su cabello, la monja debe descubrir su cabeza. Libera, entonces, su esencia como mujer, propicia a los instintos naturales que el hábito reprime.

En los versos finales encontramos la resolución del conflicto represión/sensualidad. Vemos que, una vez lavado, tiende el cabello al hielo. Una vez más nos encontramos con una acción ilógica, puesto que, cuando está mojado, lo más natural es que se seque al sol, no al hielo, que está relacionado con el agua. Así, nuestra monjita desperdicia deliberadamente su belleza. Esta idea, triste o romántica, quién sabe, está reforzada por el tópico petrarquista de la contraposición entre el fuego y el hielo, entre la pasión y la sensualidad y la frialdad del convento en este caso.

Triste y hermosa composición, ¿no?.





Fueron varias las temporadas que Juan Ramón Jiménez pasó convaleciente en el Sanatorio del Rosario, debido a un temperamento extremadamente sensible y vulnerable. Allí estuvo rodeado de tristes paisajes, silencios de poeta y, por supuesto, inteligentes y hermosas monjas. Veamos uno de los poemas que, en Arias Tristes (1903), le dedica a sor María del Pilar de Jesús, recordada frecuentemente en sus prosas:


Su carita blanca y triste
Llena de amor y de ensueño,
Se perdía entre la sombra
Que arrojaba el manto negro.
El manto negro envolvía
El misterio de su cuerpo
De nardo y nieve, enterrado
Como si ya hubiera muerto.
Y entre la sombra divina
Que arrojaba el manto negro,
Brillaban sus vagos ojos
Como dos negros luceros;
Temblaban sus negros ojos
Como dos tristes luceros,
Iluminando la nieve
De sus mejillas sin besos.
La toca blanca, y más blanca
La carita…; quiso el cielo
Dejar ver solo lo blanco
De su frente y de su pecho!
Pasó a mi lado; sus ojos
A mi corazón hirieron…
Y yo me quedé en el mundo
Y ella se fue hacia el convento.
Mi alma se inundó de lágrimas
De esas que ahogan recuerdos;
Deshojé todas mis flores
Ante su triste silencio;
Y al pensar que no serían
Nunca míos sus secretos,
En vez de seguir mirándola
Bajé los ojos al suelo.
Parece mentira! Al irse
No me dio siquiera un beso;
¡cómo matan a las rosas
La azucena y el incienso!
Mi corazón me lo ha dicho:
Ella me miró un momento;
Pero se fue… para siempre…
Y ya nunca nos veremos.
Juan Ramón Jiménez, Arias Tristes, 1903.










Siendo uno de los primeros libros del poeta de Moguer, el poema, compendido en la sección Recuerdos Sentimentales, deja traslucir un preciosismo monótono, concretado en el cuadro descriptivo que presenta. No se trata, no obstante, de un preciosismo exterior, sino que Juan Ramón Jiménez, a través de las sensaciones que ese exterior le despierta, a través de las visiones más profundas y a través del recuerdo, se persigue a sí mismo. Es, por tanto, su propio yo, reflejado y objetivado en el exterior, lo que el poeta persigue en la composición. Se personaliza de esta manera la nostalgia y el terror que el poeta siente al asomarse adentro de sí, y encontrarse con el abismo, existencial y ontológico, al que el hombre de su época se condena, en el momento en que renuncia a las seguridades que el racionalismo y la religiosidad burguesa le ofrecían.


sábado, 7 de agosto de 2010

El krausismo en Juan Ramón Jiménez

Much@s fueron l@s poetas que siguieron una línea hermetista y krausista a la hora de definir las líneas generales de su poesía, emparentada también en cierta manera con el pensamiento panteísta.

Ejemplo de ello es uno de los grandes, hacia quien no puedo ocultar gran debilidad y mayor admiración, Juan Ramón Jiménez.

Efectivamente, es en su segunda etapa poética (1914- 1923), tildada por gran parte de la crítica como de "avidez de eternidad", cuando surge cierta tensión entre misticismo y sensualismo. Para esta entrada voy a seguir el prólogo de Javier Blasco a la edición de la Antología Poética de Cátedra (Madrid, 2008).

Escribe Javier Blasco que la relación yo-mundo se modifica radicalmente en esta segunda etapa de la creación juanramoniana. El mundo interior del poeta gana autonomía, convirtiéndose en sujeto de esa meditación metafísica que viene a ser el poema. Ahora le interesa la realidad en cuanto enigma que guarda celosamente en sí el significado profundo de la existencia. La poesía se convierte, por ello, en amorosa tarea de desciframiento de dicho significado: el pájaro y la rama, la piedra y el cielo, la raíz y el ala, etc., dejan de ser parte de un cuadro para convertirse en símbolos portadores de un mensaje en clave, a la vez, ética y metafísica. De hecho, aquí comienza el verdadero simbolismo moderno de Juan Ramón Jiménez, un simbolismo diferente al francés porque a la dimensión metafísica de éste, el poeta añade una dimensión ética (que la belleza haga buenos a todos) que a él le viene del krausismo.

NADA

A tu abandono opongo la elevada
torre de mi divino pensamiento;
subido a ella, el corazón sangriento
verá la mar, por él empurpurada.

Fabricaré en mi sombra la alborada,
mi lira guardaré del vano viento,
buscaré en mis entrañas mi sustento...
Mas ¡ay!, ¿y si esta paz no fuera nada?

¡Nada, sí, nada, nada! - O que cayera
mi corazón al agua, y de este modo
fuese el mundo un castillo hueco y frío...-

Que tú eres tú, la humana primavera,

la tierra, el aire, el agua, el fuego, ¡todo!,
...¡ y soy yo sólo el pensamiento mío!
Cursiva
Juan Ramón Jiménez, Sonetos Espirituales (1914) en Antología Poética, Cátedra, Madrid, 2008.



Juan Ramón Jiménez


Como los simbolistas franceses, Juan Ramón Jiménez concibe el mundo como un universo de símbolos con múltiples y misteriosas correspondencias entre sí: las cosas no tienen valor en sí mismas, sino en cuanto a símbolos que remiten - a la vez que ocultan- a un más allá desconocido. Como los simbolistas franceses, el poeta piensa que descifrar uno de tales símbolos supone la posibilidad de iluminar parte de esa zona misteriosa que la realidad visible está velando. Pero Juan Ramón Jiménez persigue, en ese desciframiento de la realidad invisible que es su poesía, no solo una clave cognoscitiva, sino también una norma de vida (comienza a forjarse lo que será uno de los aspectos que personalmente más admiro de este poeta: su ética-estética).


Yo solo Dios y padre y madre míos,
me estoy haciendo, día y noche, nuevo
y a mi gusto.

Seré más yo, porque me hago
conmigo mismo,
conmigo solo,
hijo también y hermano, a un tiempo
que madre y padre y Dios.

Lo seré todo,
pues que mi alma es inifinita;
y nunca moriré, pues que soy todo.

¡Qué gloria, qué deleite, qué alegría,

qué olvido de las cosas,Cursivaen esta nueva voluntad,
en este hacerme yo a mí mismo eterno!

Juan Ramón Jiménez, Eternidades (1916-1917) en Antología Poética, Cátedra, Madrid, 2008.





Los libros de esta segunda etapa juanramoniana -y en esto el poeta ya no cambiará nunca- revelan una ineludible voluntad de ver el mundo con ojos nuevos y propios, de mirar el mundo con ojos recién estrenados. Debido a que las palabras hablan de las cosas, le es preciso inventar una nueva palabran que le permita hablar de ese desnudo que las cosas visten. Tal palabra será la base de la poesía desnuda, una poesía en la que la exigencia de desnudez se hace extensiva a todos los niveles: fónico-rítmico, léxico, semántico...

Como consecuencia de todo esto, el poema llega, a veces, a unos niveles tales de concisión expresiva, de abstracción y de ambigüedad, que la crítica ha definido la escritura juanramoniana de esta etapa como intelectualista y hermética. Y sin embargo, ninguna de estas etiquetas se aviene con la postura de Juan Ramón Jiménez, que siempre en su crítica y en su teoría poética se manifestó contrario a la poesía como fruto del intelecto.


No os quitéis la pasión
del momento. Que el grito
de la sangre en los ojos
os rehaga el sentido
tierra, un punto, de fuego
sólo, sobre el sol igneo.

¡No! Ciegos, como el mundo
en que miráis... lo visto,
cuando veis lo que veis;
tal vez con el instinto
uno y fuerte, un momento
vayáis hasta el destino.

Tiempo tendréis después
de alargar los caminos
vistiendo, hora tras hora,
el desnudo bien visto.

¡Con qué segura frente
se piensa lo sentido!

Juan Ramón Jiménez, Estío (1916) en Antología Poética, Cátedra, Madrid, 2008.



domingo, 7 de marzo de 2010

Escrito en la Piedra I

Mi fascinación por la piedra comenzó cuando leí por primera vez el poema de Pedro Salinas, La Memoria en las Manos (Largo Lamento, 1936/9). La piedra es concebida por el poeta como quasi inmortal materia en la que quedan grabadas las huellas del paso del tiempo. Sostenerla entre las manos, acariciarla, es una forma de agradecer el paso de las estaciones, de adorar ese mundo que desconocemos y cuya suma de los días viene a ser lo que entendemos por historia. Pero además la piedra evoca, en este poema, el recuerdo de un amor. Si para Proust es el olor de las magdalenas, para Salinas es el tacto de la materia más dura y silenciosa la que despliega todo un cúmulo de emociones y secretos adormecidos en la misteriosa zona de un posible olvido. La anécdota se pone a disposición del poeta para llevar a cabo una importante disertación sobre lo eterno y lo mortal, sobre la belleza de lo delicado y la trascendentalidad de lo material, tantas veces menospreciada. Bajo mi punto de vista, se trata de una composición hermosa y sublime de cómo lo mínimo y deshechado - ¿quién no ha dado una patada a alguna piedra al caminar aburrid@ por la calle?- puede unirnos a lo etéreo e imposible. Regalo de las piedras es la inmaterialidad que toda su materia conlleva. Deberíamos estarles agradecid@s.


LA MEMORIA EN LAS MANOS
Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido.

Recuerdo de una piedra
que hubo junto a un arroyo
y que cogimos distraídamente
sin darnos cuenta de nuestra ventura.
Pero su peso áspero,
sentir nos hace que por fin cogimos
el fruto más hermoso de los tiempos.
A tiempo sabe
el peso de una piedra entre las manos.
En una piedra está
la paciencia del mundo, madurada despacio.
Incalculable suma
de días y de noches, sol y agua
la que costó esta forma torpe y dura
que acariciar no sabe y acompaña
tan sólo con su peso, oscuramente.
Se estuvo siempre quieta,
sin buscar, encerrada,
en una voluntad densa y constante
de no volar como la mariposa,
de no ser bella, como el lirio,
para salvar de envidias su pureza.
¡Cuántos esbeltos lirios, cuántas gráciles
libélulas se han muerto, allí, a su lado
por correr tanto hacia la primavera!
Ella supo esperar sin pedir nada
más que la eternidad de su ser puro.
Por renunciar al pétalo, y al vuelo,
está viva y me enseña
que un amor debe estarse quizá quieto, muy quieto,
soltar las falsas alas de la prisa,
y derrotar así su propia muerte.

También recuerdan ellas, mis manos,
haber tenido una cabeza amada entre sus palmas.
Nada más misterioso en este mundo.
Los dedos reconocen los cabellos
lentamente, uno a uno, como hojas
de calendario: son recuerdos
de otros tantos, también innumerables
días felices
dóciles al amor que los revive.
Pero al palpar la forma inexorable
que detrás de la carne nos resiste
las palmas ya se quedan ciegas.
No son caricias, no, lo que repiten
pasando y repasando sobre el hueso:
son preguntas sin fin, son infinitas
angustias hechas tactos ardorosos.
Y nada les contesta: una sospecha
de que todo se escapa y se nos huye
cuando entre nuestras manos lo oprimimos
nos sube del calor de aquella frente.
La cabeza se entrega. ¿Es la entrega absoluta?
El peso en nuestras manos lo insinúa,
los dedos se lo creen,
y quieren convencerse: palpan, palpan.
Pero una voz oscura tras la frente,
-¿nuestra frente o la suya?-
nos dice que el misterio más lejano,
porque está allí tan cerca, no se toca
con la carne mortal con que buscamos
allí, en la punta de los dedos,
la presencia invisible.
Teniendo una cabeza así cogida
nada se sabe, nada,
sino que está el futuro decidiendo
o nuestra vida o nuestra muerte
tras esas pobres manos engañadas
por la hermosura de lo que sostienen.
Entre unas manos ciegas
que no pueden saber. Cuya fe única
está en ser buenas, en hacer caricias
sin casarse, por ver si así se ganan
cuando ya la cabeza amada vuelva
a vivir otra vez sobre sus hombros,
y parezca que nada les queda entre las palmas,
el triunfo de no estar nunca vacías.

Pedro Salinas, Largo Lamento (1936/9) en La Voz a ti Debida. Razón de Amor. Largo Lamento, Cátedra, Madrid, 2005.



Salinas presenta una concepción de la piedra no tan diferente a la de uno de los grandes maestros de la Generación del 27, Juan Ramón Jiménez. El poeta ganador del Premio Nobel (1956) publica en 1919 Cielo y Piedra. Como muy bien indica el título, se contraponen dos elementos, la piedra y la tierra con el cielo y lo etéreo. Pero es que Juan Ramón Jiménez trata de edificar una conciencia que, tras atesorar todos los secretos de la naturaleza, se proyecte sobre la realidad dotándola de sentido. Se tiene la certidumbre de que lo eterno está aquí - el cielo está en la piedra misma- y debe ser descubierto por el poeta. De hecho, el libro termina con una afirmación de la palabra poética como salvación del yo y del mundo en un eterno presente contra el que nada puedan ni el tiempo ni la muerte.

II. Piedra y Cielo: 2

12

¡Tesoros del azul,
que un día y otro, en vuelo repetido,
traigo a mi tierra! ¡Polvo de la tierra,
que, un día y otro, llevo al cielo!

¡Oh, qué ricas las manos de la vida,
todas llenas de flores de lo alto!
¡Qué pura, cada estrella,
-¡ Oh, yo, qué rico, regalando a todos
todo lo que recojo y cambio con mis sueños!-

¡Qué alegría este vuelo cotidiano,
este servicio libre,
de la tierra a los cielos,
Cursiva
de los cielos, ¡oh, pájaro!, a la tierra!

Juan Ramón Jiménez, Piedra y Cielo (1919) en Antología Poética, Cátedra, Madrid, 2008.



Me gustaría terminar esta entrada con un poema-prólogo de José Hierro al libro Con las Piedras, con el Viento (1950) con la intención de que participarais de mi fascinación por este elemento, muchas veces infravalorado por su cotidianeidad. Siguiendo en la misma línea de las anteriores composiciones, el poeta utiliza la materialidad de la piedra para contraponerla a otro elemento etéreo semejante al de Juan Ramón Jiménez, el viento. Os invito, después de leer esta entrada, a que toméis una piedra entre las manos, la acariciéis, conscientes de la huella que en ella viene impresa, y os dejéis llevar por el ritmo de la vida. Quizás así consigáis rozar, por unos instantes, la eternidad y perfecta comunión con el mundo. Yo lo hice.

1

Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.

Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.

Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
como las piedras o el viento.

Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.

José Hierro, Con las Piedras, con el Viento (1950) en Antología, Visor, Madrid, 2002.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Confesiones de una alumna aplicada III

Siguiendo con la anterior disertación, voy a ceder las siguientes líneas a quienes mejor pueden hablar sobre ello, l@s propi@s autore/as. Veamos si sacamos algo en claro, pues ya lo dijo Octavio Paz en su momento: los poetas no tienen biografía; su obra es una biografía. Por mi parte, dejo aquí el tema, pues podríamos alargarlo hasta límites insospechados y aún quedan muchos asuntos sobre los que tratar. Tened por supuesto que cualquier aportación será de sobra bienvenida.

Comencemos con uno de mis autores favoritos, Juan Ramón Jiménez:

Intelijencia, dame
el nombre esacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre esacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!


Juan Ramón Jiménez, Eternidades, 1.918, en Antología Poética, Madrid, Cátedra, 2008.






Trasladémonos hasta Norteamérica y escuchemos a Charles Bukowski:




AMOR, FAMA Y MUERTE

se sienta afuera de mi ventana
como una vieja que va al mercado;
se sienta y me observa,
suda nerviosamente
por entre alambre y niebla y ladrido-perro
hasta cuando inesperadamente
golpeo la pantalla con un periódico
como manoteando una mosca
y usted pudiera escuchar el grito
en esta ordinaria ciudad,
y entonces salió.

la manera de terminar un poema
como este
es quedarse de pronto
callado.

Versión de Rafael Díaz Borbón
Charles Bukowski, extraído de http://amediavoz.com/bukowski.htm






Repasemos los de sobra conocido versos de Fernando Pessoa:



AUTOPSICOGRAFÍA

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe,
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive
Sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.

Fernando Pessoa, en 42 Poemas, Madrid, Mondadori, 1998







Regresemos a continente americano, ahora a Sudamérica, y leamos a Jorge Luis Borges:




ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche , que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor, y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges, El Hacedor, 1960








De nuevo en España, continuemos con Federico García Lorca:



SOBRE UN LIBRO DE VERSOS Dejaría en este libro
toda mi alma.

Este libro que ha visto
conmigo los paisajes y vivido horas santas.
¡Qué pena de los libros
que nos llenan las manos de rosas y de estrellas y lentamente pasan! ¡Qué tristeza tan honda
es mirar los retablos

de dolores y penas
que un corazón levanta! Ver pasar los espectros de vidas que se borran, ver al hombre desnudo
en Pegaso sin alas,

ver la vida y la muerte,
la síntesis del mundo,
que en espacios profundos
se miran y se abrazan.

Federico García Lorca, Poemas Inéditos de Juventud, 1918







Visitemos a mi querido Ángel González:

A VECES
Escribir un poema se parece a un orgasmo:

mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones. Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras, muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos, las miro desde abajo,
les hago lo de siempre

y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada! Lo expresaba muy bien César Vallejo:
"Lo digo y no me corro". Pero él disimulaba.
Ángel González, Grado Elemental, 1962








Y, por mi parte, terminamos con Alejandra Pizarnik:





COLD IN HAND BLUE
y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué

tengo miedo.

Alejandra Pizarnik, El Infierno Musical, 1977.



viernes, 25 de septiembre de 2009

Bienvenido, Otoño

Transportando en mi mochila azul marino las llamadas de madrugada para oír un "te quiero" mojado en alcohol, ese tan tú y tu mitad que fue un padre para mí, nuestros paseos por la playa contando las estrellas y teñidos de un verde marihuana, tu despiste inevitable al dejarte el bloc de dibujo olvidado en cualquier estación, esos ojos moteados y achinados que no me dejaron tocar más que con la punta de los dedos un alma herméticamente cerrada, la casa alquilada en el campo sin agua y sin luz en un exceso de ingenuidad, los dieciocho mal cumplidos y los veintitrés tan bien follados, el eterno despertar en camas desconocidas con un penetrante olor a tedio y resaca, los domingos dando vueltas astiada por la habitación, los papeles rotos debido a un mal presentimiento y los malos versos que me curaron del tenaz insomnio , los conciertos de Krahe que no quiero recordar, las canciones de Sabina que me vinieron muy tempranamente a buscar, el no llegar a fin de mes y la alquimia del no pagar las facturas de la electricidad, el ser la señoritadeldesnatado y la muñeca de la promoción, las fiestas de gente guapa que me daban ganas de vomitar, los madrugones sin desayunar para no llegar tarde a un trabajo en el que fichar, ese divorcio tan doloroso con la poesía, la culpa por ser cualquier mujer sin ser la que era en realidad, el de pronto crecer, el darme cuenta demasiado tarde de que todo tiene un final, Twin Peacks frente a la chimenea y abrigada con tu jersey, los piercings que ya me quité, el tatuaje que nunca me llegué a hacer, las palabras en hebreo que te susurré en esa ciudad, el olor a sudor, tu coche destartalado, las quejas de los vecinos y el candelabro que confieso te rompí. Llevo el peso del tiempo en mi mochila. Abro entonces la verja que da paso al parque solitario y desierto para que se esparzan y fluyan los recuerdos en el rumor monótono de la fuente.


Alphonse Mucha


OTOÑO

En el parque yo solo...
Han cerrado,
y olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejad
o.

La hoja seca
vagament
e
indolente
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...


Solo
en el parque me h
an dejado
olvidado
... y han cerrado.

Manuel Machado, Alma, 1902.



Inicio el regreso a casa y me paro a contemplar la hoja muerta que súbitamente cae en la calle húmeda aún por una lluvia que desliza en cada una de sus gotas todo aquello de lo que no me quiero desprender. Me siento en un banco desgastado por los años, sin prisas, sola en el atardecer, ante los botes de mermelada de naranja, albaricoque y ciruela que reposan silenciosos y pacientes en el estante más alto de la cocina que me recuerda tanto a lo que fui, ante el rosáceo y azul del cielo de las tardes que anuncian viento, ante una canción cualquiera de Leonard Cohen o Joan Manuel Serrat, ante el Paseo Marítimo en cazadora y las carreras en tacón para huir del chaparrón, ante nuestros cafés descarados al saltarnos las clases para hablar sobre la teoría sexual de Freud, ante la lluvia mientras tomamos un capuccino en el Expresso y el croissant que alguna que otra lágrima se empeña todavía en bautizar, ante mi barbie rubia y su vestido rosa de princesa, ante el cuaderno que me regaló mi abuelo para que lo llenara de ideas, ante la estúpida lámpara de un todo a cien en la que hay peces que simulan nadar, ante el impulso de subirme a un columpio en cuanto lo tengo frente a mí y comenzar a volar, ante La Historia Interminable y las interminables historias que nos solíamos inventar cuando mamá no nos dejaba salir a jugar con la bicicleta, ante los castigos de papá que jamás cumplió y su tevoyallevaraunreformatorio, ante las meriendas de pan con chocolate y zumo de melocotón, ante los domingos en el Castillo de Bellver y el cuento del patito de la abuela antes de ir a dormir, ante los helados de stracciatella que no sabía pronunciar pero que ya me hacían tremendamente feliz, ante la máquina de escribir que me agencié en casa de los abuelos sin saber ni siquiera escribir, ante la mujer que me descubrió un mundo paralelo al mecerme entre historias de romanos junto a Quinto Metelo, ante la tristeza que siempre me caracterizó y la fantasía con la que nunca he dejado de caminar, ante los cómics de Asterix, Tintín, Mafalda y Mortadelo, ante la comba y el un, dos, tres, patito inglés, ante las monjas que ya desde pequeña me causaban aversión, ante mi primer amigo homosexual y la cazadora que nos compramos juntos, ante el uniforme a cuadros azul, ante los ojos que se me quedaron, redondos como platos, al ver que teníamos un perrito, ante el árbol de navidad y los turrones de almendra, ante, en fin, todo aquello que hace de mí quien me temo que soy e incluso ahora, o ahora más que nunca, me acunan y me conducen por una estrecha galería de espejos hasta el centro de Todo y Nada.



Alphonse Mucha





"Tournez, tournez, chevaux de bois".
Verlaine


Pegasos, lindos pegasos,

caballitos de madera.
.........................................
Yo conocí, siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!.

Antonio Machado, Galerías. Soledades. Otros poemas, para Poesías Completas, 1917.


Me quito las botas y pienso que siempre me ha gustado caminar descalza. Siempre me ha gustado el olor a café recién hecho por las mañanas, las rimas y los crucigramas, Italia y las iglesias, coleccionar braguitas de encaje, las botas altas, las voces graves, el mundo árabe, las miradas, regar las plantas, leer los sábados por la mañana al sol, tocar las piedras, perderme andando por las calles de cualquier pueblo o ciudad, los versos y las letras, los libros y su olor, el callo en el dedo de tanto escribir. Confundiendo vida y literatura escribo hoy esta entrada y os la dedico a tod@s vosotr@s, que me leéis. Y para ti, porque me enseñas a respirar aire nuevo y sin el descubrimiento de lThe Fall of Troy, de Tom Waits, no hubiesen nacido estas líneas. Aunque no me leas.


Gaspar Camps



ES MI ALMA

No sois vosotras, ricas aguas
de oro las que corréis
por el helecho, es mi alma.

No sois vosotras, frescas alas
libres las que os abrís
al iris verde, es mi alma.

No sois vosotras, dulces ramas
rojas las que os mecéis
al viento lento, es mi alma.

No sois vosotras, claras, altas
voces las que os pasáis
del sol que cae, es mi alma.

Juan Ramón Jiménez, La Estación Total, 1946.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Mecagoentuputamadre

Estuve viendo el otro día un vídeo que me sorprendió especialmente por una cuestión: la poesía conseguía congregar a unas 6oo ó 700 personas. Claro que no sucedía en estos años que nos envuelven, ni en España, ni siquiera en Europa, pues hablamos de tierra norteamericana y de un poeta en particular: Charles Bukowski. Debo confesar, no obstante, que la anécdota en particular me recordó el interés que generó el viaje de Juan Ramón Jiménez a Puerto Rico, en los años cincuenta, producto de una de sus convalecencias y con el fin de dar clases en la Universidad. Al llegar a la ciudad, se encontró con masivos grupos de estudiantes y demás personas esperando su visita, siendo que en nuestra tierra siempre fue un poeta bastante incomprendido e injustamente tratado y estudiado. A raíz de ello estuve dándole vueltas a la idea de la potencialidad y la fuerza de la poesía. ¿Realmente estamos ante un arte minoritario? Puede, pero, ¿hasta dónde es capaz de llegar un poema?. Yo creo que su fuerza es ilimitada y, confiando en el poder del lenguaje, su influjo puede llegar a ser devastador. Pero ¿puede la poesía, tal y como nos movemos hoy en día, en esta sociedad digitalizada, en la que, en palabras de Bukowski, las masas elevan a los ineptos a la categoría de héroes, generar algún tipo de amenaza y conseguir alcanzar las entrañas como una bala? Mi respuesta es sí. Y me baso para ello en un joven poeta que se ha visto involucrado en una polémica que ha abierto una puerta para la esperanza de l@s que luchamos con el diccionario como escudo y la alquimia de las palabras como defensa. Estoy hablando de Gonzalo Escarpa y su Mecagoentuputamadre, publicado en una antología de Voces del Extremo (2009), para un encuentro poético en Béjar. Bien, el caso es que Gonzalo Escarpa juega con las palabras, atraviesa el sentido exacto de las mismas y subvierte el mundo tan herméticamente cerrado que tanto ha caracterizado este género desde sus incios. Poeta polifacético e irónico, sarcástico y moderno, no se muerde la lengua. Es más, da rienda suelta a sus versos y a pleno pulmón y acompañado por un megáfono consigue transmitir esa fuerza que solamente quien cree en lo que haces es capaz de manifestar.




Gonzalo Escarpa


MECAGOENTUPUTAMADRE

llora un niño como si tuvieralleno de estrellas un pulmónlos servicios de atención al clienteno son servicios ni atención ni cliente
el corte inglés anuncia un nuevo cierre del balance económico anualadivina adivinanza¿gana o pierde?¿pierde o gana?la burbuja económica y la utopía del cemento armadohasta los dienteslos de siempre se descojonan como siempre y donde siemprequé guay qué guay qué guayotra bonita montanbaikque le toca al de al ladoen barcelona basurama repasa el número creciente de obreros muertos en las obras de la emetreintasicreequelohavistotodovengaamadridyverácosasincreíblesla fiambrera obrera lanza pollas de globo (el glande rojo, un huevo morado, otro huevo amarillo)desde un ático céntrico el día de la boda realdionisio cañas llama ‘maricón’ a una florla poesía no es un arma cargada de futurola poesía no es una méquina dalicadala poesía no es la prosa que se muevela poesía, ni muchísimo menos, eres túllamemos a las cosas por su nombrela poesía es ritmo, rima (o no) y risala poesía, según juan larrea, es esto y esto y estola poesía, según antonio orihuela, es acción, resistencia,posibilidad de cambio, cambio de posibilidad, posición, lucidez,bocadillo de bruma, bala, vozla poesía, según nicanor parra, es llamar a las cosas por su nombrepues venga:esperanza aguirre, me cago en tu puta madrealberto ruiz gallardón, me cago en tu puta madrejosé luis rodríguez zapatero, me cago en tu puta madrejosé maría aznar, me cago en tu puta madresi tengo que recurrir al insulto es porque no me queda otrasi tengo que recurrir a la poesía es porque no me queda otrahay quien piensa que la poesía no puede caer en el insultome lo dicen constantementeen las lecturas, en las esquinas, en los márgenes de los poemaspero yo creo que el insulto es otroy que cualquier palabra, si nos ponemos, puede ser malsonantepero yo creo que hay que responderyo creo que ninguna pregunta debería quedar sin su respuestacreo que la creación es también, simplemente, una buena pregunta y una buena respuesta

lo insultante es quedarse paradoyo no tengo la culpayo no tengo la culpapero tampoco tengo la respuestayo no tengo la culpa de que tú, poeta de salón, endecasilabizado amigo de raquíticas revistas culturales, sigas pensando que la poesía se la debe coger con papel de fumar,o bien podría decir,para que me entendieras,yo no tengo la culpa de que sigas pensando que la poesía briza sus fulgores y nada sabe de cacarear,y te respondo porque todo tu cuerpo y sus acciones no son más que preguntasmira, ya que me pongopoeta de salón, me cago en tu puta madrea este poema no se le pueden caer los anillos por una puta más aquí o alláparreño aníbal pino ory botas merlo aguado costafreda camacho salgado moreno parodyqué sería del parnaso sin vuestro permisoqué sería del mundo sin terceras partesqué sería sin terceros mundossin responsabilidades a tercerosqué pasaría si nunca pasara nadapublicista de la comunidad de madriddiseñador de escombroesútilme cago en tu puta madrelas lilas siguen intentando que el feminismo sea un movimientoy no una parada de autobúsnodo50 se levanta contra todo lo que no signifique REDy a mí me encantaría escribir sobre el mar, pero no es planme encantaría vivir en una casa con jardín, pero no es planurbanísticome encantaría que hace algunos años no me hubiera perseguido un coche de la guardia civil con las luces apagadas y sobre todo que de ese coche no hubiera bajado nadie para registrarme y acusarme de cometer un delito contra la salud pública por llevar medio gramo de marihuana que vino a convertirse en cuatro gramos por obra y gracia de la burocracia para poder obligarme después a pagar 50005 pesetas de las de antespero eso fue exactamente lo que pasóporque ése era exactamente su planasí que no me vengas a decirque la poesía no tiene lugarque nadie sabe lo que es la poesíaque no quedan motivos ya para la poesíaque la poesía no sirve para nadaasí que no me vengas a decir lo mismo del compromiso, de la resistencia, de los abrazos, de la claridadno vengas con tu máscara de jarcias arboladas, no vengas con tus albos jinetes del amor,porque no queda tiempo y la tristezaes justo la alegríadel enemigome acaban de cobrar 10 euros por un sándwich de pollo en un aviónla azafata lleva los ojos pintados del color del logotipo de la empresa para la que trabajaa mí me siguen sorprendiendo estas cosasa mí a me gustaría a veces ser un polloun animal cualquiera y sin lenguajeun polloun pop-yo
un yo pero más poppop-éticomás pop-tencialpop-líglotapop-lémicopop pop pop pop pop pop pop poesía popular poesía popularantonio pop orihuela pop pop riechmann pop nicanor parra popanticapitalismo popantonio gómez pop tortilla de patatas popreal madrid pop estados unidos de pop comunidad de pop junta de andalucía popstop: parad las máquinaspoéticas hay todas perono todos los poemas son un barun golun grito un pin un ponhablar de hacer es NOasí que hagamoslos escritores viven para escribirlos poetas viven sólopara vivir





La polémica gira entorno a que el libro publicado por Voces del extremo ha sido financiado por el Ayuntamiento de Béjar, en una iniciativa de apoyo cultural y por motivo de un encuentro poético en dicha localidad. Y ha ocurrido algo... Los versos de Escarpa no han volado indelebles ni etéreos por el espacio nacional, sino que varios políticos han puesto el grito en el cielo por los insultos que en él aparecen.La poesía, una vez más, ha sido escuchada, pero no sólo eso, sino que ha conseguido su fin último: atravesar venas y arterias, remover tripas, generar emociones y dar de lleno en la diana. Gonzalo, lo clavaste. Con el verso se hizo la pr
otesta.



Y yo me pregunto y os pregunto, ya que la iniciativa Voces del extremo va a cargo de la Fundación Juan Ramón Jiménez, ¿qué pensaría el poeta de Moguer sobre tal ruído?. Quizás ni siquiera lo habría oído. Su camino era otro... much@s lo sabemos. Y su poesía, libre e individual como la que consigue generar un punzante malestar en aquell@s que no entienden de libertades. O quizás comprendan demasiado bien que alguien libre es quien no se deja convencer por un discurso vacío y repleto de necia retórica e interés electoral.