jueves, 18 de junio de 2020

Kavafis lo sabía

No te revelaré claramente si vive o ha muerto, porque es malo hablar de cosas vanas
Rapsodia IV, La Odisea, Homero



El viaje de vuelta a Ítaca es en realidad un único camino de ida. De ida a tierras lejanas e ignotas, un descenso al inframundo y un vagar a momentos penoso e incierto, en el que vas moviéndote a la par que un desfile de variopintos personajes, que no son más que tu mismo reflejo en una proyección de juego de espejos. La vuelta...¿quién sabe a dónde? Partiste con la idea de volver un día, pero te vas dando cuenta que Ítaca ya no existe. Tu Ítaca es un espejismo. No la habita ya nadie de quien hubo entonces. El sueño es diferente. ¿Regresar?, ¿a dónde?.



PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Luis Cernuda, Las Nubes. Desolación de la Quimera, Madrid, Cátedra, 2003.







Quien emprende conscientemente el viaje hacia sí mism@, sale de su zona de confort y de sus seguridades y resguardos, y sabe que ya jamás podrá renunciar a sus ánsias de libertad. Recorre las galerías de su alma sin ovillo al cual aferrarse, dispuest@ a reconciliarse con el Minotauro y salir de la caverna alzando victorios@ la antorcha del conocimiento. No hay monstruos que matar. Hay monstruos con los que dialogar. Nómbralos, reconócelos y estarán por siempre a tus órdenes. Quien haya acariciado con ternura a Asterión ya nunca deseará realmente un destino más fácil. 





¡No corras. Ve despacio,
que donde tienes que ir
es a ti solo!

¡Ve despacio, no corras,
que el niño de tu yo, recién nacido
eterno,
no te puede seguir!

Si vas deprisa,
el tiempo volará ante ti, como una
mariposilla esquiva.

Si vas despacio,
el tiempo irá detras de ti,
como un buey manso.

Juan Ramón Jiménez, Antología Poética, Madrid, Cátedra, 2008.








Cuando se parte, frente al mar inmenso, se tienen las ganas y la alegría. O bien la tristeza y desesperanza de a quien no le queda ya mucho que perder. Sin embargo la caída es inevitable. Es el descenso al inframundo, a los infiernos, la vuelta al útero para perecer en el intento o renacer en nuevo cuerpo de guerrer@. Tierra. Raíces. Oscuridad y frío. Calor abrasador en una fiebre que acelera el pulso y la angustia, el dar tumbos sin rumbo aparente, el sentirse perdid@ por completo y no hallar reposo en los brazos de Penélope (¿en los brazos de qué arquetipo podemos descansar las mujeres si el reposo es tan solo para el guerrerO?). Es el naufragio. La pérdida. La renuncia. Las primeras canas. El grito. El llanto. La resistencia. La fuerza. El abandono. La aceptación. El autorreconocimiento a través de la vivencia del mito.





(...)Me desperté y la casa estaba iluminada
pero no había nadie conmigo-
sino tanta tristeza
y dolor.
¡Pero si la alegría del sol
es algo cotidiano,
pero si un monte
pero si un fuego!
Ay,
la belleza está clavada como un cuchillo
en el corazón.

Zelda, Obra Poética, Granada, Universidad de Granada, 1995.






Sigues. Caminas con paso más firme. Te sientes más fuerte. Se va formando la espiral de la vida, de tu vida, en cada una de tus cicatrices. Ahora sabes un poquito más. Tienes menos miedo, pero más tristeza. Has aprendido a flotar en las olas, a dejarte llevar por la corriente en un fluir constante hacia la orilla. Resistencia es fuerza y fuerza es lucha. Ya no luchas. Vives. El agua salada y la luz tibia del sol limpian tus heridas, limpian tus ojos, limpian tu garganta. Entras en un sueño de respiración pausada dejándote mecer por las olas. Estás rodead@ de luz. Tan solo respiras y te dejas llevar. Respiras y te dejas llevar...hasta que abres los ojos y te encuentras descansad@ en la orilla. 



FRENTE AL MAR

Cuando liberé al pez dorado
sonrió el mar
y me apretó
contra su corazón libre,
contra su corazón desbordante.
Entonces juntos cantamos
(él y yo):
Mi alma no morirá. ¿Puede mandar una carroña
en corriente viva?
Él cantó así
por su alma tonante,
y yo canté
por mi alma doliente.

Zelda, Obra Poética, Granada, Universidad de Granada, 1995.









Sigo en el laberinto, piensas. Pero ahora todo es más dulce, más limpio, más ingenuo, más nuevo. Te has vaciado. Te estás redimiendo. Tu mirada es más inocente, parecida a la de la niña o del niño que fuiste y de alguna manera aún eres. Sonríes. Ítaca no existe. 


¿O quizás sí?



ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

56 Poemas, Kavafis, Madrid, Mondadori, 1998

viernes, 8 de marzo de 2019

Al menos flores, al menos cantos...*

Una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos
del tirano que se marcha.

Poema Huelga, Gioconda Belli, en Escándalo de Miel







LA VIDA ME DEMANDA OTRO ROSTRO

La vida me demanda otro rostro,
otra postura
el vaivén de los años
los escollos
las rocas
me han dejado la piel expuesta a la sal
Dentro de mí se acomodan las palabras
y las emociones
para un mundo que se ha hecho viejo
y desdentado
Cuesta abandonar el oasis
al que uno soñaba llegar
Mirar el entramado de
las pasiones humanas
y aprender que nadie está a salvo
de la iniquidad
Es en el desvelo
y las pesadillas
donde yace el misterio
que no resuelven las revoluciones
ni las utopías
El lado oscuro del alma
es tan cierto como su luminosidad
y sus laberintos son grutas
donde las almejas y los cangrejos
esconden sus pinzas rosadas
prestas para el mordisco de la sobrevivencia
Tantos años he querido
interpretar el mundo como un proyecto inacabado
de Paraíso Terrenal.
Mis lecturas de libros amables
la nobleza de mis ancestros
mi infancia plácida
no me prepararon para lo inicuo
lo informe, el desafío de los entuertos.

Como la luna
he sido horadada por una lluvia constante de meteoritos
Me pesan las vendas en los ojos
y las sonrisas sostenidas a punta de fe
Me pesa la confianza
como una ceguera fácil y sin profundidad

Para esto me servirá la madurez
para adentrarme más allá del verdor
y ver y amar sin miedo la totalidad:
la podredumbre
igual que la gloria.

La vida me demanda otro rostro
Quitarme la máscara de infancia
Gritar.

Gioconda Belli, Escándalo de Miel, Barcelona, Seix Barral, 2011.




Blau, Gracia de Juan



*Versos traducidos del náhuatl y citados por Gioconda Belli en el poema Quedará de Nosotros.

sábado, 16 de febrero de 2019

Las nínfulas no son vuestras lolitas

¿Tienes miedo de los cazadores de mariposas?

Ni siquiera sé volar

El Funeral de Lolita, Luna Miguel




La Lolita de Nabokov es quizás el libro que más veces he empezado y jamás he sido capaz de terminar. Aunque me fascina su prosa, su elegancia y la belleza de sus palabras, intuyo algo sórdido y oscuro tras sus líneas, la historia de un tremendo abuso que Luna Miguel explicita en su primera novela, El Funeral de Lolita. Y lo hace con una prosa ligera cargada de dureza, experiencias y poesía. 


(...) Mano de viejo mancha el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Mis manos están manchadas.
Mi cuello está manchado.
Tus labios son tan finos como tus dientes que pinchan.
Tu barba raspándome.
Tu barba crujiente.

Mano de viejo: es tu mano de tiza sobre mi cuerpo.
Cuerpo juvenil: soy yo escondida.
Si intenta acariciarlo: no pudo, una mujer llegó.

Cobarde.

Eres un cobarde (...)*








Una de las cosas que más me han llamado la atención del libro de Luna Miguel es cómo podemos sentirnos identificadas con la protagonista, porque, ¿quién de entre todas las solitarias nínfulas no se ha enamorado de un profesor (de literatura)?. Cualquiera de nosotras es Helena, la protagonista, y siente lo que ella siente, actúa como ella actúa y duda como ella duda. Y cualquiera de ellos es Roberto, el profesor, y sabe tanto (o más) como él sabe, y arroja salvavidas de conocimiento cuando todo lo demás falla, pero no actúa como él actúa, ni abusa como él abusa. Y ahí reside la diferencia. 


(...)Leo a Charles Baudelaire porque él lo ha mencionado en clase (...)

(...) Si yo tengo quince años y él treinta y nueve, entonces nos llevamos veinticuatro. No es tanto. Si es verdad lo que nos dijo en clase de que lee más de ocho libros al mes, eso significa que al año leerá como cien. Si dice que empezó a leer novelas en la universidad, a los diecinueve , ya ha leído unos dos mil libros.
Me quedan dos mil putos libros por delante.
¿Le alcanzaré? (...).


Nabokov tiene la genial capacidad de transformar en poesía lo que en cualquiera de vosotros es vulgaridad, pederastia y agresión, normalizada bajo el mito de la mal entendida lolita en una sociedad patriarcal y carente de inteligencia y sensibilidad activas. 

¿A qué me refiero con mal entendida lolita? Pues sencillamente al hecho de que no es la niña quien seduce al profesor, como popularmente se interpreta, a conveniencia del sexomaníaco patriarcado abusador, perezoso y machista, sino que es el profesor quien se aprovecha de la vulnerabilidad y admiración de la niña para manipularla, usarla, abusar de ella y, en fin, erotizarla y transformarla en un objeto para la satisfacción de sus más perversos deseos y frustradas pulsiones. 

Podéis leer lo molesto que se sintió Nabokov por la mala interpretación de su novela  aquí.


(...)El orgasmo, como la muerte, deja el corazón vacío(...).



Lolita, S. Kubrick,1962


Navokob escribió sobre un abuso, desde la perspectiva del abusador y con genialidad, belleza e inteligencia. Y vosotros lo interpretasteis a vuestra conveniencia. Podríamos hacer un estudio sobre cuántos de vosotros habéis jugado en vuestras insípidas fantasías con las lolitas sin haber leído Lolita, pero me temo que es un tema carente de interés, puesto que de cada vez se está poniendo más en evidencia lo poco que vuestras fantasías nos interesan: a las niñas jóvenes no les gustáis porque os ven viejos, enteraos de una vez. Lo que les seduce es la inteligencia, el conocimiento, el vocabulario que ni la mitad de vosotros tenéis, así que, por favor, dejad de hacer ya el ridículo. Y si lo tenéis asumid la responsabilidad de vuestros actos.



Lolita, A. Lyne, 1997



Luna Miguel pone voz a la víctima, a la adolescente usada y abusada, con crudeza, pero también con muchísima belleza. Porque Luna Miguel lee, y escribe, y siente y capta lo esencial, la verdad, lo que importa. Luna Miguel escribe empáticamente y con inteligencia y no necesita ser una nínfula porque se basta a ella misma. 

De hecho, ninguna de nosotras necesitamos ser nínfulas, ni lolitas, ni femme fatale, ni donna angelicata, ni ninguna de vuestras fantasías....

...porque nos bastamos a nosotras mismas.


(...) Cada vez que su abuela sacudía aquellas largas telas verdes, el aire de la casa se impregnaba de un frescor inaudito. Como si dentro de aquellas paredes hubiera ahora más vida. ¿De dónde había sacado aquel bálsamo? ¿Por qué nadie la había dicho antes que la solución a todos sus duelos residía en el batir de una sábana contra la luz del sol? (...)




Fotografía de Cristina García Rodero. Leed esta maravillosa entrada del blog La Escuela de los Domingos.


*Todos los extractos de esta entrada pertenecen al libro El Funeral de Lolita, de Luna Miguel, Barcelona, Lumen, 2018.

jueves, 10 de enero de 2019

Y se hizo la farola para el flâneur, el dandi y el boulevard en el París de Baudelaire


Baudelaire nace en un contexto social y político en el que imperan grandes ideales y continuos y convulsos cambios sociales. Es el momento de las revoluciones, del surgimiento de los sindicatos, del sufragio universal, de la creación del partido socialista… Así como de la invención del automóvil, del cine… Vemos pues dos aspectos importantes del momento histórico en que nace el poeta: por un lado el ensalzamiento de grandes ideales y revueltas sociales y por el otro la rapidez con la que avanza y transcurre la vida moderna.

Es importante además tener en cuenta que París es en el siglo XIX y principios del siglo XX capital por excelencia de las nuevas corrientes estéticas europeas. Si bien es cierto que el Romanticismo puede fijar su origen como movimiento en Alemania, el Modernismo tendrá como referente europeo la capital francesa. Desde ahí se propagarán las nuevas ideas estéticas y una forma desafiante de vivir la vida. Lo vemos en la pose y la vida bohemia de tantos artistas y poetas malditos, hijos del Romanticismo pero con nuevos ideales más afines a la marginalidad de las drogas y los paraísos artificiales, a la asiduidad a los prostíbulos y los seres de la noche, lejos de la seguridad del hogar y la familia tradicional.




Gautier, Moreau y Rimbaud en el Club des Haschischins



Baudelaire solía reunirse en París, concretamente en el Hotel Pimodan, antigua residencia de los duques de Lauzun, con varios artistas, tales como el escritor T. Gautier, el pintor, crítico de arte y violinista Boissard y R. de Beauvoir, un rico aficionado a las letras.  Acudían también artistas, actores, literatos… Se trataba del llamado Club des Haschischins (1843). Estas reuniones eran propias de fin de siglo y en ellas se trataban temas políticos y estéticos, suponiendo además un medio social de exploración de paraísos artificiales y refugio ante la fealdad del mundo. Así, Baudelaire prueba en estas reuniones por primera vez el hachís, ya que se había establecido en dicho hotel una especie de club de aficionados a este producto. El consumo de opio será otro de los eventos propios de este siglo, paraíso artificial que permite al artista abandonar el pensamiento racional y sumirse en la inspiración onírica e introspectiva.


(...) Cuando se recolecta el cáñamo, se producen ciertos fenómenos extraños en la persona de los trabajadores, hombres y mujeres. Se diría que emana de las mieses no sé qué espíritu vertiginoso, que circula alrededor de las piernas y asciende maliciosamente hasta el cerebro. La cabeza del segador se llena de torbellinos y a veces también de sueño. Los miembros se debilitan y se niegan a responder. Por otra parte, cuando era niño y jugaba y me revolcaba en los montones de alfalfa, también me sucedieron fenómenos similares (...).
C. Baudelaire, Los Paraísos Artificiales/ El Vino y el Hachís/ La FanfarloMadrid, Edimat, 2010.



El dandi, cuyo origen es inglés, se transforma en Baudelaire en el símbolo mismo del Artista. El dandi se distingue de sus semejantes por el traje, por una actitud estoica y por un porte escultórico, casi mecánico. Pero lo importante es que se distingue y, por lo tanto, es distinguido.  Se trata del refinamiento  de la figura del detective, muy relacionado con el flâneur o paseante, y como es lógico, esta operación solo es posible en un medio adecuado, y ese medio es la población de una gran ciudad. Por lo tanto, el dandi utiliza el porte y la elegancia material como símbolo de la superioridad aristocrática de su espíritu.





Baudelaire expone su teoría del dandi en La Fanfarlo (1847) y Le Peintre de la Vie Moderne (1863), canto de amor al diletantismo y la pereza, a una moral de la inutilidad, que alcanzan su máxima expresión en la palabra Spleen. Spleen como máximo aburrimiento, como tedio vital.


(...) Samuel tenía una imaginación depravada y quizás por eso el amor era para él una cuestión no tanto de los sentidos como de la razón. Ante todo, era el ansia y la admiración de lo bello; consideraba que la reproducción era un defecto del amor y el embarazo una enfermedad propia de la araña. Una vez escribió que los ángeles son estériles y hermafroditas. Le gustaba el cuerpo humano como materia armónica, como una hermosa arquitectura dotada de movimiento, y ese materialismo absoluto no distaba mucho del más puro idealismo. Pero como en la belleza, que es la causa del amor, hay, según él, dos elementos -la línea y el atractivo-, consideraba, al menos aquella noche, que el atractivo era el colorete (...).
C., Baudelaire, Los paraísos artificiales. El vino y el hachís. La fanfarlo, Madrid, Edimat, 2010.


Para el poeta, que nunca salió de la ciudad, París es concebida como una selva, en cuyas calles se encuentran fieras peligrosas. Y es, por supuesto, una fuente perfecta de spleen. El artista moderno busca una salvación para este tedio. La salvación serán los paraísos artificiales.


(...) La alcoba de la Fanfarlo era, pues, muy pequeña, con el techo bajo, y estaba llena de cosas mullidas, perfumadas y frágiles al tacto. El aire, cargado de singulares miasmas, inspiraba el deseo de morir allí, como en un invernadero. La claridad de la lámpara jugaba con el montón de encajes y de tejidos de colores vivos pero equívocos. Aquí y allá, sobre la pared, iluminaba unas pinturas impregnadas de voluptuosidad española: carnes muy blancas sobre fondos muy oscuros. Del fondo de ese cuartito encantador, que parecía a un tiempo un lugar de mala nota y un santuario, Samuel vio avanzar hacia él a la nueva diosa de su corazón, en el esplendor radiante y sagrado de su desnudez (...).
C., Baudelaire, Los paraísos artificiales. El vino y el hachís. La fanfarlo, Madrid, Edimat, 2010.



Joven Decadente, Ramón Casas, 1899.


Por lo tanto, Baudelaire, puente entre los artistas románticos y los modernos, presenta una visión luciferina de la salvación. El Artista, para superar la utilidad y el tedio, la mediocre moral burguesa, debe descender hacia Satanás y encontrar el Paraíso, al cual llegará a través de la diferenciación de la masa (dandismo, bohemia), del sexo y las mujeres y de las fórmulas próximas a la locura, como son el vino y las drogas. 

Entre los escritores del siglo XIX no encontramos en Francia ninguna visión que mire cara a cara al París del desarrollo industrial. Nunca aparece como la metrópoli industrial que ya era, sino como un escenario lujoso y anticuado en el que se mueven los fantasmas del Antiguo Régimen: el joven de provincias, los aristócratas, los pícaros, los arribistas, los financieros criminales, los periodistas canallas, las prostitutas ambiciosas… Baudelaire es el primero que concibe la metrópolis, y la masa anónima a ella unida, como un objeto artístico.

El primer texto en el que Baudelaire reflexiona sobre el anonimato de las masas ciudadanas y las incluye como elementos del poema se encuentra en Mon coeur mis à un (1855/66). Sin duda, en su comprensión lírica jugó un papel esencial su experiencia durante la revolución de 1848.


     Boulevard Saint-Denis in Paris, Jean Bero


El artista de la vida moderna es un intérprete de las masas que, habiendo reconocido la sustancia anónima e insignificante de las mismas, las dota de una significación efímera y cambiante. El flâneur es el paseante, el desocupado que se deja llevar por la masa y se embriaga de anonimato para llegar hasta el significado del instante fugitivo. ¿Y qué mejor sitio para conseguirlo que el bulevar?



A UNA TRANSEUNTE

La calle aturdidora en torno de mí aullaba.
Alta, delgada, de luto, dolor majestuoso,
una mujer pasó, y con gesto fastuoso,
recogía las puntillas que su andar balanceaba.

Ágil y  noble, con es pierna escultórica,
como un loco crispado, yo bebí
en su pupila, cielo preñado de tormenta,
placer mortal y a un tiempo fascinante dulzura.

Un relámpago...¡luego la noche! Fugitiva belleza
cuya mirada me ha hecho de repente renacer,
¿no volveré a verte hasta la eternidad?

¡Lejos de aquí! ¡Demasiado tarde! ¡Jamás puede ser!
Pues ignoro dónde vas y no sabes a dónde voy,
¡tú, a quien hubiera amado, tú que lo comprendiste!

C., Baudelaire, Las flores del mal, Barcelona, Ed. Óptima, 1998.



Los pasajes son una nueva invención del lujo industrial, fuente importante de callejeo. Son una especie de mundo en miniatura, una cosa intermedia entre la calle y el interior, en los que se suceden las tiendas más elegantes y entra la luz desde arriba.

Desde la Revolución francesa una extensa red de controles había ido coartando cada vez con más fuerza a la vida burguesa. La numeración de las casas en la gran ciudad da un apoyo muy útil al progreso de la normatización. La administración napoleónica la había hecho obligatoria para París en 1805, aunque en los barrios proletarios esta medida tropezara con resistencias. Baudelaire se encontraba tan perjudicado por ello como el resto, y huyendo de los acreedores, se afilió a cafés y a círculos de lectores. Se dio el caso de que habitaba a la vez dos domicilios, pero en los días en que la renta estaba pendiente pernoctaba en un tercero, con amigos. De hecho, entre 1842 y 1858 se cuentan catorce direcciones parisinas del poeta.







Resulta asimismo interesante el hecho de que bajo Napoleón III, durante el florecimiento del Segundo Imperio, crece rápidamente el número de las farolas de gas en París, lo cual aumenta la seguridad en la ciudad. También permite que los comercios no cierren antes de las diez de la noche.

El Baudelaire de los últimos años no pudo pasear  con frecuencia por las calles parisinas. Sus acreedores le perseguían, se anunciaba la enfermedad, y a todo ello se añadían las desavenencias con sus amantes.



EL CREPÚSCULO DE LA TARDE

He aquí la noche, amiga del criminal;
viene como un cómplice, con paso de lobo; el cielo
como una gran alcoba se cierra lentamente,
y se transforma en fiera el hombre impaciente.
¡Oh, noche, amable noche, deseada por aquellos
cuyos brazos pueden decir: en la jornada
de hoy hemos trabajado! -La noche es quien serena
las almas que devora una salvaje pena,
al obstinado sabio cuya frente se agacha,
y al obrero encorvado que a su morada regresa.

Los malsanos demonios, mientras, en el ambiente,
como hombres de negocios despiertan con torpeza,
y postigos y ventanas golpean al volar.
A través de la luz que el viento hace oscilar
en las aceras se enciende la prostitución;
como gran hormiguero abre sus madrigueras;
para todo se abre un secreto camino,
como el enemigo que trama el ataque,
y se remueve en el seno de la ciudad de fango,
como gusano que hura al hombre la comida.
Aquí y allí se oye el silbar de las cocinas,
los teatros trepidar, las orquestas roncar;
las mesas públicas donde triunfa el juego,
llenas de rameras, y se ven ladrones
cuyo trabajo no tiene tregua,
forzando puertas y cajas fuertes escondidas,
para vivir un tiempo y pagar sus queridas.

Recógete, alma mía, en este grave momento,
y cierra tus oídos a este desbordamiento. 
¡Es la hora en que se agravan los enfermos!
La oscura Noche los coge la garganta; terminan
su destino y se dirigen hacia el común abismo;
el hospital se llena de suspiros. -No volverán
a buscar la sopa perfumada,
junto al fuego, de noche, cerca de un alma amada.

Aun la mayor parte de ellos no han conocido
la dulzura de un hogar y jamás han vivido.

Baudelaire, C., Las flores del mal, Barcelona, Ed. Óptima, 1998.




miércoles, 21 de marzo de 2018

Hoy es el Día Mundial de la Poesía...

LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar filas para morir.

He de partir.

Pero arremete, ¡viajera!

Alejandra Pizarnik, Poesía Completa, 2007, Lumen, Barcelona




...y además ha llegado la primavera.

viernes, 9 de marzo de 2018

El Eterno Femenino en sororidad

Este es un homenaje a todas las mujeres. A todas las mujeres en sororidad. A todas las mujeres que me han precedido, que me rodean y que me sucederán.



La Vida de Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013.



Este es un homenaje a todas las mujeres que forman parte de mí. A todas las mujeres que están dentro de mí. A todas las mujeres que soy.






Este es un homenaje de una mujer a punto de cumplir 38 años. Hacia sí misma. Con todo lo que sabe. Con todo lo que desea. Con todo lo que se respeta. 



domingo, 4 de marzo de 2018