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viernes, 8 de marzo de 2019

Al menos flores, al menos cantos...*

Una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos
del tirano que se marcha.

Poema Huelga, Gioconda Belli, en Escándalo de Miel







LA VIDA ME DEMANDA OTRO ROSTRO

La vida me demanda otro rostro,
otra postura
el vaivén de los años
los escollos
las rocas
me han dejado la piel expuesta a la sal
Dentro de mí se acomodan las palabras
y las emociones
para un mundo que se ha hecho viejo
y desdentado
Cuesta abandonar el oasis
al que uno soñaba llegar
Mirar el entramado de
las pasiones humanas
y aprender que nadie está a salvo
de la iniquidad
Es en el desvelo
y las pesadillas
donde yace el misterio
que no resuelven las revoluciones
ni las utopías
El lado oscuro del alma
es tan cierto como su luminosidad
y sus laberintos son grutas
donde las almejas y los cangrejos
esconden sus pinzas rosadas
prestas para el mordisco de la sobrevivencia
Tantos años he querido
interpretar el mundo como un proyecto inacabado
de Paraíso Terrenal.
Mis lecturas de libros amables
la nobleza de mis ancestros
mi infancia plácida
no me prepararon para lo inicuo
lo informe, el desafío de los entuertos.

Como la luna
he sido horadada por una lluvia constante de meteoritos
Me pesan las vendas en los ojos
y las sonrisas sostenidas a punta de fe
Me pesa la confianza
como una ceguera fácil y sin profundidad

Para esto me servirá la madurez
para adentrarme más allá del verdor
y ver y amar sin miedo la totalidad:
la podredumbre
igual que la gloria.

La vida me demanda otro rostro
Quitarme la máscara de infancia
Gritar.

Gioconda Belli, Escándalo de Miel, Barcelona, Seix Barral, 2011.




Blau, Gracia de Juan



*Versos traducidos del náhuatl y citados por Gioconda Belli en el poema Quedará de Nosotros.

sábado, 16 de febrero de 2019

Las nínfulas no son vuestras lolitas

¿Tienes miedo de los cazadores de mariposas?

Ni siquiera sé volar

El Funeral de Lolita, Luna Miguel




La Lolita de Nabokov es quizás el libro que más veces he empezado y jamás he sido capaz de terminar. Aunque me fascina su prosa, su elegancia y la belleza de sus palabras, intuyo algo sórdido y oscuro tras sus líneas, la historia de un tremendo abuso que Luna Miguel explicita en su primera novela, El Funeral de Lolita. Y lo hace con una prosa ligera cargada de dureza, experiencias y poesía. 


(...) Mano de viejo mancha el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Mis manos están manchadas.
Mi cuello está manchado.
Tus labios son tan finos como tus dientes que pinchan.
Tu barba raspándome.
Tu barba crujiente.

Mano de viejo: es tu mano de tiza sobre mi cuerpo.
Cuerpo juvenil: soy yo escondida.
Si intenta acariciarlo: no pudo, una mujer llegó.

Cobarde.

Eres un cobarde (...)*








Una de las cosas que más me han llamado la atención del libro de Luna Miguel es cómo podemos sentirnos identificadas con la protagonista, porque, ¿quién de entre todas las solitarias nínfulas no se ha enamorado de un profesor (de literatura)?. Cualquiera de nosotras es Helena, la protagonista, y siente lo que ella siente, actúa como ella actúa y duda como ella duda. Y cualquiera de ellos es Roberto, el profesor, y sabe tanto (o más) como él sabe, y arroja salvavidas de conocimiento cuando todo lo demás falla, pero no actúa como él actúa, ni abusa como él abusa. Y ahí reside la diferencia. 


(...)Leo a Charles Baudelaire porque él lo ha mencionado en clase (...)

(...) Si yo tengo quince años y él treinta y nueve, entonces nos llevamos veinticuatro. No es tanto. Si es verdad lo que nos dijo en clase de que lee más de ocho libros al mes, eso significa que al año leerá como cien. Si dice que empezó a leer novelas en la universidad, a los diecinueve , ya ha leído unos dos mil libros.
Me quedan dos mil putos libros por delante.
¿Le alcanzaré? (...).


Nabokov tiene la genial capacidad de transformar en poesía lo que en cualquiera de vosotros es vulgaridad, pederastia y agresión, normalizada bajo el mito de la mal entendida lolita en una sociedad patriarcal y carente de inteligencia y sensibilidad activas. 

¿A qué me refiero con mal entendida lolita? Pues sencillamente al hecho de que no es la niña quien seduce al profesor, como popularmente se interpreta, a conveniencia del sexomaníaco patriarcado abusador, perezoso y machista, sino que es el profesor quien se aprovecha de la vulnerabilidad y admiración de la niña para manipularla, usarla, abusar de ella y, en fin, erotizarla y transformarla en un objeto para la satisfacción de sus más perversos deseos y frustradas pulsiones. 

Podéis leer lo molesto que se sintió Nabokov por la mala interpretación de su novela  aquí.


(...)El orgasmo, como la muerte, deja el corazón vacío(...).



Lolita, S. Kubrick,1962


Navokob escribió sobre un abuso, desde la perspectiva del abusador y con genialidad, belleza e inteligencia. Y vosotros lo interpretasteis a vuestra conveniencia. Podríamos hacer un estudio sobre cuántos de vosotros habéis jugado en vuestras insípidas fantasías con las lolitas sin haber leído Lolita, pero me temo que es un tema carente de interés, puesto que de cada vez se está poniendo más en evidencia lo poco que vuestras fantasías nos interesan: a las niñas jóvenes no les gustáis porque os ven viejos, enteraos de una vez. Lo que les seduce es la inteligencia, el conocimiento, el vocabulario que ni la mitad de vosotros tenéis, así que, por favor, dejad de hacer ya el ridículo. Y si lo tenéis asumid la responsabilidad de vuestros actos.



Lolita, A. Lyne, 1997



Luna Miguel pone voz a la víctima, a la adolescente usada y abusada, con crudeza, pero también con muchísima belleza. Porque Luna Miguel lee, y escribe, y siente y capta lo esencial, la verdad, lo que importa. Luna Miguel escribe empáticamente y con inteligencia y no necesita ser una nínfula porque se basta a ella misma. 

De hecho, ninguna de nosotras necesitamos ser nínfulas, ni lolitas, ni femme fatale, ni donna angelicata, ni ninguna de vuestras fantasías....

...porque nos bastamos a nosotras mismas.


(...) Cada vez que su abuela sacudía aquellas largas telas verdes, el aire de la casa se impregnaba de un frescor inaudito. Como si dentro de aquellas paredes hubiera ahora más vida. ¿De dónde había sacado aquel bálsamo? ¿Por qué nadie la había dicho antes que la solución a todos sus duelos residía en el batir de una sábana contra la luz del sol? (...)




Fotografía de Cristina García Rodero. Leed esta maravillosa entrada del blog La Escuela de los Domingos.


*Todos los extractos de esta entrada pertenecen al libro El Funeral de Lolita, de Luna Miguel, Barcelona, Lumen, 2018.

viernes, 9 de marzo de 2018

El Eterno Femenino en sororidad

Este es un homenaje a todas las mujeres. A todas las mujeres en sororidad. A todas las mujeres que me han precedido, que me rodean y que me sucederán.



La Vida de Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013.



Este es un homenaje a todas las mujeres que forman parte de mí. A todas las mujeres que están dentro de mí. A todas las mujeres que soy.






Este es un homenaje de una mujer a punto de cumplir 38 años. Hacia sí misma. Con todo lo que sabe. Con todo lo que desea. Con todo lo que se respeta. 



domingo, 4 de marzo de 2018

martes, 26 de julio de 2011

La Mujer Desde la Mujer III

Uno de los mitos sexistas más extendidos y resistentes al cambio es el que apunta hacia la maternidad como realización natural de la mujer. Si bien es cierto que no puede negarse el deseo de ser madre y el hecho que, en muchos casos, la maternidad suponga una realización personal importante, hay que tener en cuenta también que sexo femenino no significa instinto maternal per se. ¿El llamado instinto maternal es deseo libre de la mujer o es imposición social por el hecho de ser mujer?.

Al mismo tiempo, es necesario tener bien presente que la mujer, al igual que el hombre, es libre en su poder de decisión y son muchos los planos que pueden conducir a que esta se sienta plenamente realizada, más allá del acto de ser madre e incluso excluyendo este hecho.

Pero este mito es tan resistente y está tan fuertemente arraigado, que cuando una nace mujer, la sociedad espera de ella que sea madre, teniendo lugar una presión implícita, y frecuentemente también explícita, en cada paso que una toma. Sin darse cuenta del todo, la mujer está socialmente predestinada a ser madre por el simple hecho de nacer mujer.

La cultura y sociedad androcéntrica y patriarcal es tan impositiva en este y muchos otros hechos, que puede convertir la vida de una mujer sin hijos en una verdadera pesadilla.


MUJER SIN HIJOS

El útero

sacude su vagina, la luna

se vacía desde el árbol sin rumbo fijo.

Mi paisaje es una mano sin líneas,

las sendas se arraciman anudándose,

el nudo mismo,


yo, la rosa que consigues:

este cuerpo,

este marfil


divino cual lloro de niño.

Arácnida, yo, hilo espejos,

fiel a mi imagen,

manando solamente sangre:

¡degústala, rojo mate!

Y mi floresta


mi funeral,

y esta colina u estotra

luciente de cadaverinas bocas.

Plath, Silvia, Antología, Madrid, ed. deJesús Pardo, Visor de Poesía, 2003.






Por otro lado, es innegable que el hecho de ser madre puede, y atención con ese puede porque no siempre es así, suponer una realización personal importante. Y es intersante en este punto tener en cuenta que la mujer convive nueve meses con el feto, siendo este parte inseparable de su propio cuerpo. Por tanto se produce algo que el hombre nunca podrá llegar a vivir o comprender del todo: crear o dar a luz una parte del propio ser, un mismo latido. Si además este acontecimiento es sublimado y mitificado por la sociedad y convertido en finalidad propia del sexo femenino, resulta comprensible que el aborto sea configurado como tabú y una de las más grandes desgracias que la mujer pueda vivir.


Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.
Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuan que en secreto te guarda,
porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.
Méndez, Concha, Niño y Sombra (1936), en Poetas del 27. La Generación y su Entorno. Antología Comentada, Madrid, Austral, 2007.





Como señalaba antes, la maternidad supone un acontecimiento biológico para la mujer, según el cual su cuerpo cambia y se producen cambios hormonales y psicológicos que en el hombre no tienen lugar. Sí es cierto que el hombre o miembro de la pareja que no participa de la gestación se prepara mentalmente para el proceso de embarazo y posterior paternidad, pero la mujer va creando toda una serie de vínculos naturales con el feto, puesto que no solo lo transporta, sino que además lo alimenta, lo protege, y este es a ella a quien más cerca siente y al cuerpo de su madre al que se habitúa y toma como morada.

Pero desengañémonos, no siempre el embarazo es placentero para la mujer. En muchas ocasiones esta se siente extraña a sí misma, arrebatada, con náuseas, pesada, apática y, una vez nacido el niño o la niña, vacía. Otras veces no. De la misma manera, unas están dispuestas a dar el pecho al bebé y otras no. Sin ser mejores o peores madres. Simplemente, haciendo uso de su libertad como mujeres.


DANDO EL PECHO

Al cogerla tengo que tener cuidado.

Es como tratar de cargar un montoncito de agua

sin que se derrame.

Me siento en la mecedora

la acuno,

y al primer quejido,

empiezo a dar leche como vaca tranquila.

Ella vuelve a ser mía,

pegadita a mí,

dependiendo de mí

como cuando solo yo la conocía

y vivía en mi vientre.

Belli, Gioconda, Escándalo de Miel, Barcelona, Seix Barral, 2011.





En conclusión, biológicamente mujeres y hombres somos diferentes, y el proceso de maternidad forma parte de esa diferencia biológica, ahora bien, sobre todas las cosas está la libertad de elección y el hecho de nacer con órganos sexuales femeninos no debe condicionar, de ninguna manera, la opción escogida o forma de autorrealización de ninguna mujer. No nacemos para ser madres. Nacemos para ser la persona que cada una queremos ser.


(...) En los remolinos del noviazgo perdí la virginidad, que nunca he podido entender por qué se considera una pérdida lo que es una ganancia, en un Sinca 1000, como en la canción que hizo furor pocos años después. Aquel suceso no lo viví como un descubrimiento gozoso, sino como una especie de obligación para con mi novio, a la que accedí gustosa, sin duda, pero que luego me produciría muchas culpabilizaciones y remordimientos. Pensaba entonces que a partir de aquello nadie me iba a querer ni a valorar, porque había dejado de ser virge, y ese pensamiento, que no se me iba de la cabeza, me llenaba de congoja. Me habían educado así y eran conceptos morales que tenía grabados a fuego en el cerebro y que me costaría mucho esfuerzo y contratiempos quitarme de encima. Cuando no se sabe nada de la vida, ni se conocen otras cosas que las que te han inculcado desde los prejuicios más rancios, una situación así puede llegar a ser muy incómoda y no tiene otra salida decente que la iglesia (...).

Dómiza Zara, Dómina Zara: Soy un Sueño. Memorias, Barcelona, Plaza y Janés, 2005.



Dómina Zara

viernes, 15 de julio de 2011

La Mujer Desde la Mujer II

Con la liberación y proclamación de los derechos de la mujer se comenzó a reconocer un cuerpo diferente, el femenino, iniciándose un combate contra la ignorancia y a favor de la aceptación.

Durante siglos, fruto del desconocimiento y el temor, se consideró el flujo menstrual como maligno, al mismo tiempo que se tenía una concepción de la mujer como pecado y pecaminosa, bruja o sucia. El hablar sobre ello estaba vetado. La femineidad debía ser ocultada.



BEODOS

Enfangada en el colchón bajo el signo de la bruja tarasca,

en su apretón de sangre, la ensoporada virgen

ahorca con su menstruación al hombre lunar

cargado de gavillas en su huevo sin fisuras.

Incubado en apurado bocoy de tintorro,

él domina, inumbilicado a gemidos,

pero al precio de acribillarse la piel:

piscirrabudas chicas levan sus blancas piernas.

Plath, Silvia, El Coloso (1960), en Antología, ed. de Jesús Pardo, Madrid, Visor de Poesía, 2003.






Hoy en día las cosas han cambiado, de acuerdo, pero tampoco tanto.

A las mujeres nos cuesta hablar sobre la menstruación en voz alta y rodeada de hombres. Si necesitamos pedir un tampón o una compresa, siempre es en voz baja. No son muchos los hombres que deseen mantener relaciones sexuales durante este periodo del mes, pese a que está demostrado que para nosotras es mucho más placentero el acto sexual debido a los cambios hormonales. Y por si fuera poco, los anuncios publicitarios nos martirizan con chicas en pantaloncitos cortos de color blanco dando saltitos, cuando sabemos que es una osadia el vestir de blanco durante los primeros días y preguntándonos el porqué de tanta pirueta porque animalitos no somos. Aparecen también en estos anuncios mujeres vestidas de rojo y grilletes en un avión, resultando rídicula la personalización de lo biológico. En fin.


MENSTRUACIÓN

Tengo

la "enfermedad"

de las mujeres.

Mis hormonas

están alborotadas,

me siento parte

de la naturaleza.

Todos los meses

esta comunión

del alma

y el cuerpo;

este sentirse objeto

de leyes naturales

fuera de control;

el cerebro recogido

volviéndose vientre.

Belli, Gioconda, Escándalo de Miel, Barcelona, Seix Barral, 2011.





La verdad es que cuando tenemos la menstruación tenemos un cambio hormonal. Algunas estamos tristes, otras enfadadas y otras ni lo notamos. A muchas nos apetece tener relaciones sexuales, pues la sangre se limpia como se limpia el semen. A veces nos duele la cabeza, o tenemos dolor de barriga, ovarios o riñones, o todo a la vez. Otras veces, pensamos en un alarde de feminismo que el síndrome premenstrual es una engañina y no existe, pero al mes siguiente solo queremos desaparecer durante esos días. Frecuentemente, pese a tampones y compresas, nos ensuciamos. Y, sobre todo, lo que no hacemos, es dar saltitos, hablar con nuestra regla o cortar la mahonesa.


MICROLECCIÓN DE ANATOMÍA DE PAULA H*

Yo dije: "¡¡cojones!!"

y ella: "no pronuncies palabras

que no tienes en el cuerpo".

*Paula Hoogenboom a los diez años.

Ajo, Micropoemas 2, Madrid, Arrebato, 2010.




Funda para tampón.

miércoles, 6 de julio de 2011

La Mujer Desde la Mujer I

Es un hecho constatable el que la mujer genere de manera ininterrumpida fascinación y curiosidad en el hombre. En una sociedad patriarcal y androcéntrica, en la que el componente masculino es el que prima y dirige, ya sea consciente o inconscientemente, el espacio público, estamos demasiado acostumbrad@s a conocer mucho mejor un único punto de vista: el del varón. Por descontado, el arte también forma parte de esa maraña androcéntrica y sexista, y las voces femeninas han sido durante siglos ocultadas y silenciadas.

Pues bien, hay muchas mujeres poetas y muy buenas.


El hombre siempre ha hablado sobre la mujer y la mujer también lo ha hecho sobre el hombre. Pero ya es hora de escucharlas a ellas, porque como mujeres, no siempre nos sentimos identificadas con lo que ellos escriben sobre nosotras: belleza, amor, pecado, crueldad, sentimiento, fragilidad, todas ellas palabras muy bellas, pero que también forma parte del sexo masculino y no nos definen a nosotras por naturaleza.

¿Queréis saber, hombres del mundo, cómo somos las mujeres?, pues leednos, escuchadnos.

Nos situamos a finales del Barroco y empezamos con unos fragmentos de las redondillas más famosas y osadas de la literatura hispanoamericana, las de Sor Juana Inés:

REDONDILLAS

Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres, que en las mujeres acusan lo que causan.

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver qe sois ocasión,

de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien,

si las incitáis al mal?.

Combatís su resistencia,

y luego, con gravedad,

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia (...)

Siempre tan necios andáis

que, con desigual nivel,

a una culpáis por cruel,

y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada

la que vuestro amor pretende,

si la que es ingrata, ofende,

y la que es fácil, enfada? (...)

¿Pues para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis,

o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar (...).

De la Cruz, Sor Juana Inés, Poesía Lírica, Madrid, Cátedra, 2009.





Sor Juana Inés de la Cruz


Como mujeres, poseemos un cuerpo diferente al del hombre, convertido en objeto de deseo y motivo poético en prácticamente toda la historia de la literatura. Y es lógico, porque el desconocimiento exacerba el deseo sexual, pero si despojamos la descripción de nuestras curvas (ya sean más o menos) de todo deseo y nos centramos en su belleza, como bello puede ser el cuerpo de un pájaro, una tortuga o una hormiga, tenemos lo siguiente:



Así morirán mis manos oliendo a espliego falso

y morirá mi cuello hecho de musgo,

así morirá mi colonia de piano y de tinta.

Así la luz rayada,

la forma de mi forma,

mis calcetines de hilo,

así mi pelo que antes fue barba bárbara de babilonios

decapitados por Semíramis.

Por último mis senos gramaticalmente elípticos

o las anchas caderas que tanto me hicieron llorar.

Por último mis labios que demasiado feroces se volvieron,

el griego hígado,

el corazón medieval.

la mente sin cabalgadura.

Así morirá mi cuerpo de arco cuya clave es ninguna,

es la música haciendo de tiempo,

verde música sacra con el verde del oro.

Andreu, Blanca, De una Niña de Provincias que se Vino a Vivir en un Chagall (1981) en Poesía Española Reciente, Madrid, Cátedra, 2008.





Así, cada palabra adquiere pleno sentido, cada parte es nombrada y reconocida, y gracias a ese reconocimiento, nos identificamos como seres femeninos, no excentas de una merecida y orgullosa sensualidad:


TALLER DE SEDERÍA

Es un espléndido manantial de magnífica seda (...)

Salvo la seda, no hay otro comercio en esta ciudad,

por lo cual los forasteros no permanecen en ella y

solo la habitan sus propios vecinos.

Ibn Al-Jatib

Seda del párpado, seda de la ingle,

seda roja del cielo de la boca,

seda blanca, escondida, de la nuca,

la pieza con pequeños lunares de la espalda,

crisálida de seda del ombligo,

el ovillo del pubis, la seda que se adentra,

el encaje de seda de la axila,

la organza de los labios,

la piel como sedante,

las palabras sedosas

el sedal sin anzuelo de los brazos,

piel de fibra tensada - tarea de hiladera

del gusano inquilino, el tejedor del gremio

de los sastres futuros que destejen

la vieja seda rota y desvaída,

del trapero que rasga y que descose

los últimos recortes, los retales,

la mortaja de seda apolillada.

Luque, Aurora, Transitoria (1998), en Poesía Española Reciente, Madrid, Cátedra, 2008.





Madre I, Jane Beall



Y es que resulta que la literatura es conocimiento. Para que luego haya quien diga que no sirve para nada...

(...) No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no entendamos a nosotros mesmos ni sepamos quiénes somos. ¿No sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese quién fue su padre, ni su madre, ni de qué tierra?.

Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es mayor lo que hay en nosotras cuando no procuramos saber saber qué cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y ansí, a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos alma; mas que bienes puede haber en esta alma u quien está dentro de esta alma y el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos, y ansí se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura; todo se nos va en la grosería del engaste u cerca de este castillo, que son estos cuerpos (...).

De Jesús, Teresa, Moradas del Castillo Interior, en Antología, ed. de Mª Pilar Manero Sorolla, Barcelona, LHU, 1992.



sábado, 2 de enero de 2010

Aunque Seamos Malditas

Hace un mes cayó en mis manos por pura curiosidad la última novela de Eugenia Rico, Aunque Seamos Malditas, Círculo de Lectores, Barcelona, 2008. No es una gran obra, ni siquiera me gustó el final- que considero una mala copia de la escena orgiástica de El Perfume-, no obstante hubo algún párrafo que sí me llamó la atención. Para abrir este nuevo año transcribo unas líneas que me parecieron interesantes y os propongo que las relacionéis con un poema de Sylvia Plath que ya apareció en una entrada anterior. Creo que el enfoque está bien establecido entre ambos textos y con ellos reivindico la absoluta libertad e individualidad, no solo de la mujer, sino de cualquier ser que habite sobre la tierra -o más allá de ella-. Con la literatura seguimos haciendo camino y nadie conseguirá que nos callemos. Aunque seamos maldit@s...


"(...) Aunque no lo creamos, toda Europa es una misma cosa. Al menos lo son los pueblos. Los domingos se hace bricolaje y se envidia al vecino. Los días de semana se trabaja y se ahorra para comprarse un coche más grande que el del vecino. Solo los sábados la gente sale a la calle o al campo con la esperanza de hacer algo distinto, de ser diferentes por un día, por unas horas. Puede ser la cerveza, el fútbol o las setas. Los hombres salen al campo para ser distintos.
Y algunas mujeres vuelven al campo para ocult
arse, para ser como las otras o para que no se note si son distintas. Porque algunas mujeres siempre han querido ser como las demás y nunca lo han conseguido (...)" .

Eugenia Rico, Aunque Seamos Malditas, Círculo de lectores, Barcelona, 2008.




LESBOS

¡Qué lacra, la cocina!
Las patatas silban como ofi
dios.
Es Hollywood, sin ventanas,
la luz fluorescente pestañeando cual inaguantable jaqueca,
las puertas esquivas tiras de papel:
cortinas de teatro, crespo rizo
de alféizar.
Y yo, amor mío, embustera pa
tológica,
y mi hija: mira su rostro, allá, en el
suelo,
como muñeco aún sin romper, esf
orzándose por
desaparecer:
como que es una esquizofrénica,
su faz, roja y blanca, da miedo,
dejaste sus gatitos ante tu ve
ntana
en una especie de hoyo de cemento
donde se ensucian y vomitan y ella no los siente.
Dices que no la aguantas,

la condenada.
Tú, que reventaste tus tubos como una mala radio
limpiándolos de voces y de histeria, rui
do estático
de lo nuevo. Dices

que debieras de haber ahogado a los gatitos. ¡Qué mal
huelen!
Dices que debieras de haber ahog
ado
a mi niña. Se cortará la yugular a los diez años
ya que a los dos está loca. El bebé
sonríe, rechoncho caracol,
desde los rombos lucientes de hul
e color naranja.
Te lo comerías. Es niño. Di
ces
que tu marido no te va. Su madre
judía guarda su dulce sexo como una
perla.
Tienes un bebé, yo tengo dos.

Me sentaría en una roca de Cornualles peinándome el cabello.
Me pondría pantalones de piel de tigre, debiera tener un
bello

amante. Debíamos encontrarnos en otra vida,
tú y yo. Entretanto
hay un hedor a grasa y caca de niño.
Estoy aturdida, abotagada por mi úl
timo soporífero.
El vapor de la cocina, el humoniebla de
l infierno
nos sobrevuela, dos venenos incompat
ibles,
nuestros huesos, nuestro pelo.

Te llamo huérfana, huérfana. Estás enferma.
El sol te da úlceras, el viento tuberculosis.
Solías ser bella.
En Nueva York, en Hollywood, los hombres
decían: “¿Ya?
La verdad, chica, estás de espanto”.
Teatro, teatro, teatro, la emoción, nada más.

El marido impotente se escapa, a tomar café.
Yo trato de tenerle en casa, pararrayos
viejo, los baños ácidos,

la exuberancia que le alejaba de ti.
Él va tragándolo todo, pedregosa cuesta abajo,
como furgoneta cansina. Las chispas son azul turquí.
Las viejas chispas azules están allí,
derramándose fragmentándose
en luces mil.

¡Oh joya! ¡Oh valiosa!
Esta noche la luna
arrastraba su saco de sangre, a
nimal
enfermo

faro arriba. Y luego
normalizóse, dura

y separada y blanca. El lucir
escalado en la arena que asustábame de muerte.
Íbamos recogiendo puñados de ar
ena, gozándolo,
trabajando como negros, cuerpo mulato,
el raspar sedeño.
Un perro recogía a tu perruno marido. Él seguía adelante.

Ahora, silente, cubierta
de odio hasta el cuello,
espeso, espeso.
No hablo.

Empaqueto las duras patatas como ropa cara,
empaqueto a los niños,
empaqueto los gatos enfermos.
Oh envase de ácido, es amor

lo que empapa. Sabes a quien odiar.
Él abraza sus hierros junto a la puerta:
ábrese y el mar la penetra, negro
y blanco,
para ser vomitado luego de un t
ra
nco.
Cada día que pasa le llenas de sentime
ntalina,
como una jarra. Estás agotadísima.
Tu voz agita y sorbe mi pen
diente,
murciélago hematófilo. Eso justamente,
eso justamente. Por la puerta escrutas,
bruja. “Todas las mujeres son putas,
no hay comunicación, no hay puente”.
Veo tu decoración bonita
cerrársete encima como puño de bebé
o anémona, novia
del mar, cleptómana. Sig
o
sin experiencia,
quizá vuelva, digo.
Del embuste conoces bien la cien
cia.

Ni siquiera en tu Zen volveré a verte.


Sylvia Plath, "Lesbos" en Árboles de Invierno (1971). Traducción de Jesús Pardo para Antología, Madrid, Visor de Poesía (2003)(Para leer un extenso comentario sobre este poema pinchad aquí).




Maruja Mallo


Espero que este 2010 os reste un poco de comodidad, os aporte mucha inspiración, os empuje a akelarres de poesía y os abrace con sinceridad. Un etéreo lametazo y una bacanal de sonrisas a quienes me leéis.



LAS BRUJAS

Bató un gesto, una palabra vuestra para que todo se hiciese aire, o menos que aire... Brujas que hablabais el lenguaje viento, a medianoche, el lenguaje del viento golpeando las ventanas, el lenguaje del viento crujiendo en los
desvanes, el lenguaje olvidado del viento. El lenguaje de la noche, qué hizo de vosotras el sol, su torpe claridad, su exactitud brutal, qué fue de vosotras cuando el sol secó para siempre nuestras almas... Qué fácil entonces el miedo, brujas, brujas, brujas aventadas por el soplo de un demonio más terrible que el mismo demonio...
Qué extraño maleficio no deja llegar la noche, oh deshacer, deshacer con un gesto el mundo...

Leopoldo María Panero, Las Brujas en Tarzán Traicionado, para Poesía Completa (1970-2000), Visor, Madrid, 2006.

Maruja Mallo