jueves, 30 de julio de 2009

Los Reyes del Mar

Hace apenas quince días el mar intentó tragarse a mi hermano. Tuvimos miedo, mucho miedo. La naturaleza puso a prueba el temple de mi querido recién doctorado en biología, pero lo que el mar aún no sabía es que mi hermano posee corazón de guerrero. Y con la ayuda de un surfista surgido de las olas, el Mediterráneo no consiguió más victoria que la de infundirnos a tod@s el respeto que jamás se debiera perder por el azul de sus aguas. Para ellos tres: mi hermano- que aún guarda restos de caracolas en el oído-, el surfista -que no permitió ningún tipo de reconocimiento- y nuestra querida mar -indómita e inesperada al fin y al cabo- escribo hoy esta entrada.
Hacen los honores Jorge Guillén y Luis Cernuda.


MAR EN BREGA
Otra vez te contemplo, mar en brega
Sin pausa de oleaje ni de espuma,
Y otra vez tu espectáculo me abruma
Con esa valentía siempre ciega.
Bramas, y tu sentido se me niega,
Y ya ante el horizonte se me esfuma
Tu inmensidad, y en una paz o suma

De forma no termina tu refriega.
Corren los años, y tu azul, tu verde
Sucesivos persisten siempre
mozos
A través de su innúmera mudanza.
Cursiva Soy yo quien con el tiempo juega y pierde.
Náufrago casi entre los alborozos

De este oleaje en que mi vida avanza.

(Jorge Guillén, Clamor...Que va
n a dar en la mar,1960)




PEREGRINO
¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
(Luis Cernuda, Desolación de la Quimera, 1962)



Te quiero, hermano.

viernes, 10 de julio de 2009

Diseccionando la (supuesta) Anatomía de un Ángel Hembra III




Para terminar mi pequeño homenaje a Pedro Andreu y su Anatomía de un Ángel Hembra me gustaría haceros llegar el que este autor rinde a varios poetas.
Mi primera sorpresa fue el encontrarme conjugados en un mismo poema estilos de dos de mis poetas favoritos, separados por siglos de estética y corrientes varias, pero grandes y reconocibles sin lugar a dudas. Veamos el poema y a ver si sois capaces de dar con sus nombres:


Si yo fuese Dios, si pudiese, si supiese
el secreto primero de la vida, si me dejaran:
te crearía tal cual eres: tu misma risa
que me tiembla aquí adentro, tus tobillos,
tu forma de mirarme, de jugar con el puzzle
de tristezas que forman mi pasado, tu boca
que esparce, Laura, en aire asalvajado
epidemias de besos como pájaros, que desordena
el caos que llevo dentro por no querer
amarte, y sin embargo..., mira, me desarmas.
Si yo fuese Dios...¡Qué carajo! Prefiero
apenas ser un hombre, saber que existe el fuego,
que vos podéis quemarme, que vos tenéis
la hoguera, que por vos debo arder,
que tú a mí
me quemas.

Quienes normalmente leais poesía reconocereis de inmediato las fuentes de los anteriores versos. Efectivamente, se trata de Ángel González y, nada más y nada menos, que Garcilaso de la Vega. El poema lleva por título "A la manera de Ángel González y Garcilaso de la Vega", redundancia que se cumple a rajatabla a lo largo de toda la composición, pero que además va acompañada de un final irónico e inesperado, tan propio del poeta oventese y que casa perfectamente con el tono general del poemario. Esperanza, pesimismo, modernas metáforas y alguna sinestesia van construyendo este poema para, de pronto, dar lugar a un irónico desenlace cargado de negro sentido del humor.

Os transcribo a continuación, para quienes no los conozcais, los poemas de ambos autores.


Me Basta Así

Si yo fuera Dios

y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;

lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera

de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;

ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría

lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,

resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,

yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo

constelaciones: existes.
Creo en ti.

Eres.
Me basta.

Ángel González, Palabra sobre Palabra (1965)





Soneto V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo cre
o,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Garcilaso de la Vega, "Soneto V" en Poesías Castellanas Completas (1986)

Seguramente no se os habrá pasado por alto la alusión que Pedro Andreu hace a su amada, a quien llama Laura, y que, casualmente, coincide con la laura petrarquista. Pues bien, sabemos que Petrarca fue fuente pródiga en la que bebieron los más reconocidos autores de la Edad de Oro española, dando pie a la gran mayoría de sus sonetos, y nuestro autor no se conforma con compartir con éste objeto poético de idéntico nombre, sino que además se sienta ante su propia laura y, dibujando vaporosos dragones verdes, lanza un compendio de versos libres y sin rima, formando un halo de clásica atemporalidad. Tema clásico sin molde formal. Y es que se repite, una vez más, la misma historia...Quizás se deba a la universalidad de la buena poesía...



Pipa de Kif contra Petrarca

Desde una pipa de kif. En esta habitación naranja
tomada tantas veces por mis antiguas bestias.
Sin ventanas que den a la ciudad
de los murales verdes. Desde una
pipa de kif,
despacio. Ahora que compren
do
que nada permanece, que todo se hace nada,
como una piedra humo en esta pipa.
Ahora, que estaba solo y harto de cantar
sobre la tierra áspera, pronuncio humo de ti;
tu nombre: Laura. Y acuden las imágenes:
carreteras perdidas entre los girasoles, refugios
de montaña, mapas de piel desnuda, el metro
de Madrid, aquel hostal que da a la calle Pez,
los marcianos parajes de Josa, el Alto Tajo
donde rocé dormido tus tobillos de invierno...
Y parezco Petrarca con los dedos manc
hados
de polen mentiroso de poemas.

Yo no sé de los pájaros, pero adoré mis alas.
Yo no sé qué es el fuego, pero viví quemándome.
Y de ti no sé nada pero me desarraigas
del lenguaje.
Y duermo a la intemperie
de tus ojos,
donde ya las palabras no pueden abrigarme.

El kif es mi mentira, esta pipa es una
excusa,
y Petrarca ese imbécil que pretendió encerrar
tus caderas clásicas en rígidos sonetos.


Tras leer este poema vino a mi mente, inevitablemente, el aroma del kif tan celebrado por los poetas modernistas y, sin remedio, no me quedó otra opción que trazar esa línea recta entre la estética decadentista y la que impregna Anatomía de un Ángel Hembra, pues leer los poemas que lo componen es actualizar versos de Gustavo Adolfo, Fco. Villaespesa o Valle-Inclán.




Otro de los grandes nombres evocado por Pedro Andreu es el de Pessoa. Arriesgado es el emprender empresa de tamaña magnitud, no obstante creo que, los versos que siguen, captan la esencia del poeta portugués, aunque, evidentemente, no haya punto de comparación y un@ se quede como esperando un poco más...
Antes de transcribir el poema me gustaría que leyérais esta pequeña introducción al Libro del Desasosiego (comenzadao en 1912 y publicado por primera vez en 1982) de Fernando Pessoa:


En estas impresiones sin nexo, ni deseo de nexo,
narro indiferentemente mi autobiografía sin hechos,
mi historia sin vida. Son mis Confesiones y
si en ellas nada digo, es que nada tengo que decir.


Ahí va el poema:


Desasosiego (a la manera de Pesso
a)

Mi vida está cansada de vivirme.
Está harta de caminar descalza por la playa
sin nada que hacer, tirando piedras
a la ciudad del fondo, trepándose sin ganas
a las vértebras hundidas de la tarde.
Mi vida, mi vida, mi perezosa
vida de estar por casa en zapatillas,
hecha de días torpes y noches inyectadas.
Es como si me pegaran- a veces-
con mi vida en la boca.


Y ya no tengo fuerzas para encajar más golpes.


F. Pessoa 

Para concluir, os dejo con un último poema y os invito a que descubrais el guiño que aparece en él. Para mí, ha sido todo un placer el poder escribir y reflexionar a raíz de la obra de un poeta de mi misma tierra, Pedro Andreu, por lo que os recomiendo encarecidamente que os hagais con la edición de Anatomía de un Ángel Hembra y la disfruteis tanto como yo.

Aquí os dejo el poema:


Habitación cerrada

Y entonces, cuando la realidad
me aturde, me llama a sus trabajos,
a horarios, a rutinas,
me despista de ti, me dice que estás lejos,
se delata y me entrega al desamparo;

cierro ventanas, puertas, corro cerrojos y cortinas,
apago interruptores, me cubro con tres mantas
en el suelo invisible de mi cuarto, aspiro vértigo,
escucho el sonido de mis pensamientos,
que zumban como un panal de abejas.
Nos frabricó la noche artificial de este poema.
Entonces vuelves, con nitidez de cuarzo
a golpearme el cráneo por adentro,
y estás entre mis brazos, y eres la albada negra
y sus antiguas razas de bestias extinguidas,
y eres la frágil flor del cactus que esta luna
brotó desnuda de mi cantar desierto,
y un sábado naranja de diciembre
en que tú y yo temblamos cubiertos de palabras.
Ángel de mis infiernos, tiniebla íntima,
agua que blanda horada la dura piedra
de mi sangre, viruela, cáncer mío,
fiebre alta, voz de sirena en cueros
llamándome al naufragio eres.

Y tu nuca titila como un planeta virgen
en la desolada oscuridad
artificial de mi mente. Aunque tú estés tan lejos
de mi cuarto- y quizás mis palabras no te tocan-
y yo muerda tus sombras solamente.

Pedro Andreu, 2008, Anatomía de un Ángel Hembra, Palma, ed.
Palma de Naranja

jueves, 2 de julio de 2009

Diseccionando la (supuesta) Anatomía de un Ángel Hembra II


Hemos recorrido en la anterior entrada las tres primeras partes de las que se compone Anatomía de un Ángel Hembra (Pedro Andreu, 2008. ed. Palma de Naranja): "Dislocación de un Ala", "Ángeles Caídos a Golfemia" y "Estudiante de Alquimia" para llegar hasta el adiós definitivo a una etapa, a una vida, y abarcar de esta manera la última parte de la antología, "Nana de Plumas Negras", que se compone de dos nanas- una dedicada a la muerte de sus abuelos y la otra a la de su padre- y comienza de esta manera:



Primera nana

A mis abuelos

I

"-Tengo noventa años de carne y pensamientos
pena de que todo cuanto hice y viví
tenga al fin que extinguirse, hacerse sombra" (...)



Pedro Andreu le pide a Cristina Cerezales Laforet que le prologue el libro, y ésta le responde a través de líneas de bellas y halagadoras palabras. Habla sobre su poesía, sobre su estilo y sus temas, sobre su sensibilidad e inspiración, pero concibe la obra como completa con las tres primeras partes, señalando que esta cuarta parte le resulta extraña en este libro, (ya que) es otra voz del poeta (...) Las alusiones que ya haces al tema dentro de los otros cortes del poemario me parecen más integradas. Yo no estoy de acuerdo. Y a continuación voy a tratar de explicar porqué.


"-Tengo noventa años de carne y pensamientos
pena de que todo cuanto hice y viví
tenga al fin que extinguirse, hacerse sombra".

Hemos asistido a lo largo del libro a un viaje por diferentes paisajes del alma. La primera parada, el descubrimiento del sexo y el amor más intenso, la individualidad más pura y el salto mortal hacia quienes, quizás algún día, llegaremos a ser. La siguiente parada la decepción y el fracaso, el golpe casi mortal contra el asfalto más negro de quien, un día, aprendió a volar; la búsqueda de una ausencia para hacerla tanginble en la barra de cualquier bar, el camino que conduce, inevitablemente, hacia la autodestrucción y regeneración en una nueva estación, la de la aceptación de que nos hemos hecho mayores, pues- y recurro a Jaime Gil de Biedma-que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde/como todos los jóvenes, yo vine/a llevarme la vida por delante.
Y llegamos así al adiós definitivo de una etapa, y nos refugiamos en nuestra infancia, en nuestra casa y con los nuestros y, cansad@s del camino- apalead@s y frustrad@s- , descansamos en el seno del que creemos nuestro origen, que, ahora sí, comprendemos es lo más seguro que tenemos. Partimos un día descalzos como inmigrantes hacia cuerpos desconocidos y volvemos repletos de vivencias y crueldades y bellezas y desesperanzas a la geografía de una tierra que nos vio partir: nuestra casa. Hemos regresado a nuestra infancia tras la guerra cruel con el mundo, nos hemos refugiado en la época de la inocencia y la esperanza, tras cubrir con gasas las funestas heridas que nuestra lucha dejó tras de sí. Pero ya no somos l@s mism@s y el fracaso, la pérdida y la frustración forman parte inevitable de nuestro bagaje. Y se van sumando las despedidas y la mayor de ellas- y que seguimos sin comprender- es la muerte.

Primera nana

A mis abuelos

I

"-Tengo noventa años de carne y pensamientos
pena de que todo cuanto hice y viví
tenga al fin que extinguirse, hacerse sombra (...)
(...) Fui envejeciendo y fui fel
iz
y seguí amando a tu abuela,
que cuando la conocí tenía apenas quince años
y la mar en los ojos y unos pies de miserias
y un carácter de sargento de la guardia civil
que me hacía temblar como un ejército.
Ya he cumplido mi viaje,
el tuyo empieza apenas- me dijiste.
Y tus ojos de roble,
que apenas sí miraban ya a este mundo,
eran como los míos. Exactamente iguales."
La vuelta a casa, a NUESTRA casa. El amor incondicional de los nuestros, sus palabras, nuestros recuerdos. Sí, la vida es larga y es dura y es injusta, pero es bonita y merece la pena y vienen a mi memoria los versos tantas veces repetidos de J.A. Goytisolo: tendrás amor, tendrás amigos.(...) Pero siempre, siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso". ...Aunque....ya no somos l@s mism@s:


Segunda Nana

A papá

(Mediodía, 25 de noviembre)

Y al fin incinerarlo, aquel último paquete
de tabaco
entre sus manos,
que perdieron el tacto.
Sesenta y ocho años han cabido
en una urna negra.


Despojos de ingenuidad, amargo escepticismo y cierto cinismo, creo que Pendro Andreu consigue integrar la tremenda paradoja que toda persona arrastra tras de sí: el nihilismo aprendido y el punto diminuto de ingenuidad que siempre regresa. No sé si he conseguido convencer a alguien de que Antología de un Ángel Hembra no estaría completo sin esta última parte. Tampoco lo pretendo. Para mí, es un libro perfecto en el que ningún poema sobra o está fuera de lugar. Al fin y al cabo, quizás no pueda verlo de otra manera porque en cada uno de mis viajes, al fondo de la mochila, siempre me ha acompañado el primer oso de peluche que me regaló mi abuelo....E incluso aún hoy hay noches en que duermo abrazada a él y siento que, con su recuerdo, absolutamente nada puede hacerme daño...

Segunda Nana

(Atardecer bajo una higuera, 26 de noviembre)
Debajo de una higuera,
cinco hermanos, sus parejas,
una mujer- nuestra madre-,
diez nietos, un puñado de amig
os
y la tarde agazapada encima de los campos.
De Dios no había rastro, pues papá era ateo
y nadie lo invitó. Cavamos media hora.
Plantamos a mi padre, regresamos
sus restos a la tierra, para que fueran barro.
Lanzamos unas rosas y claveles.
Dijeron a los niños que ahí
había que enterrar tesoros de su abuelo
porque se había ido a una estrella infinita.
Así que una de mis sobrinas le escribió una carta
y la dejó caer.
Otra le compró un paquete de cigarrillos negros,
y lo dejó caer.
Un tercero, entre lágrimas,

reunió sus cromos del Atleti
-era el club de papá-,
y los dejó caer.
Los nietos más pequeños pintaron unos folios
y los dejaron caer.
Mi hermano sacó de un bolsillo de su chupa
un libro que le habían publicado
y lo dejó caer.
Después echamos, uno tras otro,
una pala de tierra, hasta tapar el foso.
Y abrimos un paquete de tabaco
y fumamos un último cigarro de la m
arca
de papá, y si cerrabas los ojos se podía oler.
Entonces Venus brilló en el cielo
y mi sobrino de tres años dijo:
¡La estrella del abuelo!
¿Podemos ir a verlo en autobús?".



jueves, 25 de junio de 2009

Diseccionando la (supuesta) Anatomía de un Ángel Hembra I



No se me ocurre cómo comenzar esta entrada porque leer a Pedro Andreu (Mallorca, 1976) ha sido para mí despertar un cúmulo de emociones y recuerdos que tenía, o eso creía, bajo llave en un rincón de ese músculo cada vez menos insolente y más apático que denominamos corazón.
Poesía canalla y bohemia, dejes de modernismo decadente y abúlica modernidad, calles oscuras del casco antiguo de Palma y noches en la Lonja o en un maltrecho colchón de una- cómo no- olvidada buhardilla que bien podría tratarse de la que cualquiera que tenga alma de poeta haya podido habitar- o en su defecto soñar- . Poesía bohemia y canalla, digo, para poblar las tres primeras partes de las que se compone
Anatomía de un Ángel Hembra: "Dislocación de un ala", "Ángeles caídos a golfemia" y "Llámalo Alquimia".
Comencemos por "Dislocación de un ala":

Hijos de un Dios Cabrón

Recuerdo aquellos años que nos vieron follar
-como ángeles caídos-
encima del sofá de casa de tus padres:
nuestro descaro altivo, enamorado
del mundo que pisábamos.
Recuerdo el arrabal del paraíso,
sus madrugadas húmedas, los charcos
donde saltar borrachos de alegría,
el torpe amarse mal por vez primera,
casi a escondidas, en un cuarto prestado,
de un par de adolescentes asustados
de tanta piel desnuda.
Me acuerdo de mis guardias
delante de tu casa,
de tus hazmedebarroentrelaspiernas
y del cielo rajado de las tardes
detrás de tu ventana.
Recuerdo que aprendimos de memoria
las pecas de la espalda a unir a dedo,
y las mañanas largas donde hacíamos
maratones de sexo en tu bañera.
Recuerdo los paseos callados por la playa
de aquel último invierno,
y también una tarde
que nos pudrió de pronto la alegría,
que nos llenó el amor de bichos feos
y donde la memoria quiso
tirar de la cadena.
Qué íbamos a hacerle, cielo,
si éramos tan sólo hijos bastardos
de un dios cabrón y un ángel hembra
que nos dejaron olvidados
en los pasillos fríos, en los libros,
de aquella triste Facultad de Letras.

Y viene a mi memoria el olor a sexo y sudor de noches interminables y días robados, el olor a humedad de las paredes de mi casa malalquilada y de la humedad que poblaba las sábanas donde nos reíamos de todo. El olor del verano, de los porros de marihuana, de las fiestas para dos más dos y de la inocencia que se ríe del futuro y se bebe el presente de un solo trago. Y recuerdo leer y recitarte a Salinas, enamorarme de La Vieja Sirena y terminar en dos días La Regenta. El tiempo no contaba, tan solo el momento y tus ojos de agua. Lilith- simbiótica casualidad- y Ocho nos llábamos, con estos nombres firmábamos nuestras obras (tú tus pinturas, yo mis poemas) y no aceptábamos más reflexión que la que da lugar a la duda.




Pero continuemos con la segunda parte de la antología, "Ángeles caídos a golfemia":

De Ángeles y Burdeles

Todavía el deseo te arrastra algunas noches.
Te arrastra como a un golfo por las calles
a bares con terraza y
a pocilgas sin aire.
Con humo por aliento y besos de vino negro
te acodas en la barra y juegas a ser nadie.
Admiras entre sombras tanta fiesta
de músculos de gata, sonrisas provocadas
por el vértigo blanco y un billete enrollado,
miradas que se cruzan cercanas como trenes,
copas que chocan y manos que se rozan,
ángeles caídos a golfemia, monstruos purísimos,
besos furtivos de una mujer casada a un tipo
que hace apenas dos horas desde aquel
escenario
derretía sus bragas des
de un solo de saxo.
Todavía te arrastra. Es el deseo.
Yo te he visto besando a una antigua vecina
en el baño de hombres mientras The Cure sonaba.
Y sé que alguna vez has hecho el desayuno
a mujeres de un día que te arañaron dentro.
Sin embargo regresas casi sie
mpre cansado
hasta tu casa, te quitas los zapatos, ropa...
Te tumbas a jugar un solitario
hasta mancharlo todo de soledad enferma.


Recuerdo entonces cómo me costó encontrarte en el cuerpo de otros hombres. Cómo me lancé a la noche y- maldita hijadeputa- jugué a ser la mujer fatal que poblaba nuestras fantasías. Recuerdo que los porros ya no fueron de marihuana, que el alcohol ya no era alcohol sino una mezcla obligada de éste con paroxetina y alprazolam y que el sexo ya no era sexo sino un recuerdo borroso delatado por las marcas de mis rodillas. Me dolían los labios. Me dolía la lengua. Me dolía esa alma herméticamente cerrada que se escondía en el pijama cuando llegaba a casa y se aterrorizaba al ver el reflejo de una cara demacrada y extraña en el espejo del cuarto de baño sin limpiar.
Recuerdo que leía y recitaba para estúpidos amantes -las niñas bonitas no pagan dinero- los poemas de Plath y Panero, que escribía frenéticamente y que aún firmaba como Lilith.




Se titula la tercera parte de Anatomía de un Ángel Hembra, "Llámalo Alquimia":

Estudiante de Alquimia

Caramelo del alba, infierno en cuentagotas,
aquelarre de sueños, piel sin ropa,
cómo explicarte que toda la ciudad
se hace ruinas, que mi casa
se cae a pedacitos, que tu ausencia
sabe a cigarrillos en mis dedos,
que me manchas de amor
el corazón, los pantalones y los ojos,
que hay fantasmas dibujando
el rastro de tu cuerpo en las paredes
de mi memoria frágil y aturdida.

Cómo decirte así, sencillamente, sin retóricas
baratas, que le faltas al alba y a mi almohada,
que este café sin ti es tan amargo,
que este lunes sin ti se parece al colegio,
y yo ahí: castigado. Sin recreo. En una esquina.
Huérfano. Releyendo tus cartas.
Estudiante de Alquimia.

Y me veo renegando de mi tinte rubio y mis sandalias de tacón. Cortándome la melena a jirones y echando por el váter cualquier olor que no sea el de mi propia piel. Me veo cantando un réquiem por el rojo de labios que ya no volveré a utilizar, dando vueltas perdida entre cuatro paredes y desafiando a la noche con mis ocho, siete, seis, quizás cinco horas de sueño impuestas a partir de ya. Me veo leyendo a Pavese, me siento más triste que nunca y me oigo llorar cuando nadie me ve.
Apenas siento. Me palpo el cuerpo en busca de alguna huella, pero no hay más que solitud. Hace mucho calor y comienza a tronar.

DespidoaLilith

Y como confío en las tormentas de verano, sé que algo nuevo está por llegar.
Retiro las cortinas y percibo un atisbo de luz que acuna un adiós definitivo. Hemos llegado a la última parte del libro, "Nana de Plumas Negras", que en la próxima entrada del blog os invitaré a explorar. Hasta entonces, me veréis deambular por los pasillos de la facultad, fumar pensativa intentanto atrapar una idea al vuelo, me veréis absorta leyendo a Salinas, Panero, Plath, Pavese o cualquier autor/a que me consiga emocionar. Tal y como lo hizo Pedro Andreu. Como lo hace. Como, espero, lo siga haciendo.


jueves, 18 de junio de 2009

Give Me a Leonard Cohen Afternoon



Escribió Federico García Lorca en
Poeta en Nueva Yorck (1929-1930):



PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.



Leonard Cohen, el poeta descendiente de la família de Aarón, musicó el poema y lo título "Take this Waltz" en el álbum I´m your Man (1988) :


TAKE THIS WALTZ

Now in Vienna there's ten pretty women
There's a shoulder where Death comes to cry
There's a lobby with nine hundred windows
There's a tree where the doves go to die
There's a piece that was torn from the morning
And it hangs in the Gallery of Frost
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz with the clamp on its jaws
Oh I want you, I want you, I want you
On a chair with a dead magazine
In the cave at the tip of the lily
In some hallways where love's never been
On a bed where the moon has been sweating
In a cry filled with footsteps and sand
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take its broken waist in your hand

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz
With its very own breath of brandy and Death
Dragging its tail in the sea

There's a concert hall in Vienna
Where your mouth had a thousand reviews
There's a bar where the boys have stopped talking
They've been sentenced to death by the blues
Ah, but who is it climbs to your picture
With a garland of freshly cut tears?
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
Take this waltz it's been dying for years

There's an attic where children are playing
Where I've got to lie down with you soon
In a dream of Hungarian lanterns
In the mist of some sweet afternoon
And I'll see what you've chained to your sorrow
All your sheep and your lilies of snow
Ay, Ay, Ay, Ay
Take this waltz, take this waltz
With its "I'll never forget you, you know!"

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz ...

And I'll dance with you in Vienna
I'll be wearing a river's disguise
The hyacinth wild on my shoulder,
My mouth on the dew of your thighs
And I'll bury my soul in a scrapbook,
With the photographs there, and the moss
And I'll yield to the flood of your beauty
My cheap violin and my cross
And you'll carry me down on your dancing
To the pools that you lift on your wrist
Oh my love, Oh my love
Take this waltz, take this waltz
It's yours now. It's all that there is

Que en español sería algo así como....

TOMA ESTE VALS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.

Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.

¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Leonard Cohen toca en Mallorca en agosto. Y todo esto no es más que una excusa para deciros a quienes me leáis que escuchar su voz es como retomar el camino hacia casa, pues crecí con sus canciones y su sensibilidad forma parte de mi melancólico bagaje, de tal manera que sus letrass me saben a raíces y tierra húmeda y al escuchar su voz soy capaz de dormirme tranquilamente en el útero atemporal del verso y la canción.
¿Alguien da más?

sábado, 13 de junio de 2009

XI Festival de Poesia de la Mediterrània

El pasado día cuatro tuvo lugar en el Teatro Principal de Palma el "Onzè Festival de Poesia de la Mediterrànea". Corrió, una vez más, a cargo del escritor, poeta y redactor Biel Mesquida que, en su tónica habitual, cedió el paso a trece poetas- en realidad eran catorce, pero András Gerevich se puso enfermo- no sin batallar duramente- y certeramente, diría yo- en pro del catalán.
Luces apagadas, cortina de luces verdes como fondo de escenario y trece personas de ambos sexos y edades diferentes sentadas alrededor de mesas con varias copas y botellas de vino. Baco presidiendo la fiesta de las palabras y nuestros sentidos despiertos ante las voces que, una vez más, nos deleitaron con versos de estilos muy diferentes.
Creo que este año brilló el festival por el toque de frescura que lo caracterizó, pues el ritmo habitual del mundo herméticamente cerrado de la poesía se vio trastocado por el motor de nuevas generaciones. Así, Gonzalo Escarpa y su "Tiempo", con una métrica cuando no, sorprendente; Abel Montagut, que comenzó su turno cantando y nos hermanó a tod@s en esperanto o Lawrence Schimel, que con su Fairy Tales nos condujo a un mundo de mujeres malcasadas o un Martí Sales guerrero y guerrillero con la reivindicación como bandera, resultando ser, además, uno de los más ovacionados. Pero sin lugar a duda, y siempre bajo mi criterio, la gran revelación de la noche fue la gallega Yolanda Castaño, una barbie poeta que nos dejó a much@s con la piel de gallina.

CARTEL DEL ONZÈ FESTIVAL DE POESIA DE LA MEDITERRÀNIA

Antoine Cassar, en maltés
Yolanda Castaño, en gallego
Giuseppe Conte, en italiano
Gonzalo Escarpa, en castellano
Feliu Formosa, en catalán
András Gerevich, en húngaro
Abel Montagut, en esperanto
Brane Mozatîc, en esloveno
Bernat Nadal, en catalán
Teresa Pascual, en catalán
Martí Sales, en catalán
Lawrence Schimel, en inglés
Pia Tafdrup, en danés
Antònia Vicens, en catalán

Feria del Libro´09

Ayer estuve en la Feria del Libro de Palma. Me salté las clases de CAP, aparqué los apuntes de Teoría de la Literatura y me presté a un intenso estado hedonista rodeada de libros: ¡ilusa de mí!.

Comencé por A:

- Hola, ¿tenéis poesía?
- No, en la tienda sí, pero aquí no porque la poesía no se vende. Tenemos a Benedetti.
- Vale, gracias (Benedetti plus cedé).

Y por motivos personales compré dos libros: un ensayo de L. María Panero, titulado El Lugar del Hijo y El Otoño en Pekín de Boris Vian.

Seguí por B:

- Hola, ¿tenéis poesía?
- No, bueno sí, a Benedetti.
- Ok. Hasta luego.

Continué por C:

- ¿Tenéis algo de poesía? (con tedio)
- Sí, tenemos a Bened..
- Ya, vale, gracias.

Llegué al D y pregunté a un tío que colocaba libros:

- ¿Tenéis poesía? (ya no con tedio, sino con cabreo)
- Claro...
- (Será jodío, claro dice). Pues que sepas que sois los únicos.
- Yo soy poeta. Éste es mi libro, por si lo quieres ojear...En este estante tenemos la poesía.
- Vale, gracias (lo ojeo y me mira con disimulo)

Estando en mi labor ojeadora llega otro cliente:

- Perdona, ¿tenéis algo de Paulo Coelho?
- No.
- Vale, gracias.

Ahora os toca joderos a vosotr@s, pienso con una sonrisa de oreja a oreja.

Tengo en mis manos un libro de Pedro Andreu y decido llevarme también el del poeta desconocido, ambos mallorquines. Se lo hago saber y me responde que está encantado, que la poesía no le sirve sino para merendar y que la gente como yo da sentido a su trabajo. Gracias, Antonio Rigo. Y encima me llevo "Poemas del Bosque y la Lluvia" dedicado y con autógrafo.

Os dejo con un poema de Antonio Rigo, de su libro Poemas del Bosque y de la Lluvia, porque a Pedro Andreu quiero dedicarle otra entrada. Con Anatomía de un Ángel Hembra me he quedado impresionada y unas pocas líneas se quedarían cortas.

Hasta otra!

"Nunca teníamos frío
¿recuerdas?
te arropaba diciendo
ámame dos veces,
una para el hoy
y otra
para cuando se acabe el amor.
Toda mi juventud permanece en tu ombligo".

Antonio Rigo, Poemas del Bosque y de la Lluvia.