viernes, 2 de octubre de 2009

Confesiones de una alumna aplicada I

Creo que una de las preguntas que con mayor frecuencia se hace la gente que ha oído hablar alguna vez de poesía, participando de esa por antonomasia curiosidad humana, sobre el mundo literario es la de si el/la poeta nace o se hace.
Ya desde la Grecia clásica se trató esta difícil y, la mayoría de las veces, ambigua cuestión. Platón condenaba a la Poesía a un eterno exilio de su República debido a que l@s poetas, a la hora de escribir, estaban poseídos por delirio divino y, por tanto, ajenos a la razón. A ese delirio, tan suprasensible, lo denominó inspiración y lo concibió en sus diálogos como una forma de locura que resulta imprescindible para diferenciar entre un auténtico o un mal poeta. Platón está convencido de que la calidad de un poema no es algo que dependa del dominio de los artificios poéticos, sino que se alcanza únicamente tras haber experimentado ese rapto divino que es la inspiración. Siguiendo este razonamiento, la inspiración no es algo que afecte únicamente a los poetas, sino a todo lo que rodea a la poesía: también a quienes la estudian y a quienes la recitan y a quienes la escuchan.
Por lo tanto, ser poeta, para este autor, es una manera de estar loc@, un tipo de enajenación mental, de delirio divino. Algo totalmente ajeno a la razón, cuyo dictado siguen los filósofos por ser el único camino hacia la Verdad. El poeta, ser irracional, no puede llegar hasta ella, ya que no sigue las reglas del arte, sino que se mueve por un impulso divino. Lo que significa que nunca podrá ser un buen maestro porque, en rigor, no sabe nada: todo se lo dicta una inspiración misteriosa.


LA MUSA VERDE

Es uno de esos días cálidos y angustiosos
que presagian trastornos atmosféricos. Una
luz lívida nos hace pensar en venenosos
metálicos reflejos de una muerte laguna.

Todo está en carne viva. Lo más sutil se siente.
Al corazón, la asfixia de su dolor sofoca...
Parece que los nervios maceran lentamente
los dientes puntiagudos de una sádica boca.

Es tu hora sombría, ¡oh Baudelaire! Fumamos
opio, se bebe ajenjo, y, embriagados, soñamos
con tus artificiales paraísos perdidos...

Al alma invade el ansia de muertes misteriosas,
y sentimos deseos de quedarnos dormidos
sobre un lecho fragante de flores venenosas.

Fco. Villaespesa, Tristitiae Rerum, 1906, en Antología de la Poesía Modernista Española, Madrid, 2008.


El Bebedor de Absenta, Edouard Manet


Bien, después de esta siempre bienvenida enajenación divina y copa colmada de ambrosía creativa , proseguimos nuestro recorrido por la antigüedad clásica para llegar hasta el segundo gran filósofo griego, Aristóteles. Este autor se aparta de la idea de del artista como ser inspirado y presenta la idea del artista consciente, el artesano que elabora una obra pensando en la eficacia que tiene que tener para conseguir eficazmente su objetivo último. Por tanto, la poesía es, para Aristóteles, sobre todo técnica, y no el resultado de un rapto divino absolutamente irracional. De hecho, su Poética puede ser considerado el texto que elabora un primer estudio especializado y sistemático sobre el hecho poético.


PINTA EL "AQUÍ FUE TROYA" DE LA HERMOSURA

Rostro de blanca nieve fondo en grajo,
la tizne presumida de ser ceja,
la piel que está en un tris de ser pelleja,
la plata que se trueca ya en cascajo,

habla casi fregona de estropajo,
el aliño imitado a la corneja,
tez que con pringue y arrebol semeja
clavel almidonado de gargajo.

En las guedejas vuelto el oro orujo,
y ya merecedor de cola el ojo,
sin esperar más beso que el del brujo.

Dos colmillos comidos de gorgojo,
una boca con cámaras y pujo.
A la que rosa fue vuelven abrojo.

Fco. de Quevedo, en Poesía Festiva (16...), perteneciente a Antología Poética, Madrid, 1.999.



Una vez repasados los geniales -o más bien, trabajados- versos de uno de los autores más destacados en el ámbito literario de todos los tiempos desde su aparición, llegamos al nombre con el que, por hoy, pongo fin a esta reflexión sobre la concepción del poeta a lo largo de la historia, Horacio. Es en la última parte de la Epistola ad Pisones donde el filósofo griego, que, no obstante, estudió en Roma, desplaza el foco de atención desde la obra de arte al poeta que la crea, y lo hace basándose en una serie de dualidades, siendo la que nos interesa en esta entrada la siguiente: Ars/Ingenium. Esta dualidad se refiere al origen de la poesía, cuestionándose si la poesía es fruto de una inspiración natural - en general se acepta la sinonimia entre ingenium y natura, entendida ésta como "talento o capacidad natural no adquirida", o de trabajar con las reglas del arte, siempre susceptibles de ser aprendidas. Horacio muestra aquí una actitud intermedia, equilibrada: de nada sirve trabajar mucho si no se tiene una cierta vena poética, pero tampoco sirve de nada el ingenio natural sin pulir.David Viñas, Historia de la Crítica Literaria, Barcelona, 2002.


Posesión de tu nombre,
sola que tú permites,
felicidad, alma sin cuerpo
Dentro de mí te llevo
porque digo tu nombre,
felicidad, dentro del pecho.
"Ven": y tú llegas quedo;
"vete": y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
(¡Y mis brazos abiertos!).
Pero tu cuerpo nunca,
pero tus labios nunca,
felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.

Pedro Salinas, Presagios, 1923.




viernes, 25 de septiembre de 2009

Bienvenido, Otoño

Transportando en mi mochila azul marino las llamadas de madrugada para oír un "te quiero" mojado en alcohol, ese tan tú y tu mitad que fue un padre para mí, nuestros paseos por la playa contando las estrellas y teñidos de un verde marihuana, tu despiste inevitable al dejarte el bloc de dibujo olvidado en cualquier estación, esos ojos moteados y achinados que no me dejaron tocar más que con la punta de los dedos un alma herméticamente cerrada, la casa alquilada en el campo sin agua y sin luz en un exceso de ingenuidad, los dieciocho mal cumplidos y los veintitrés tan bien follados, el eterno despertar en camas desconocidas con un penetrante olor a tedio y resaca, los domingos dando vueltas astiada por la habitación, los papeles rotos debido a un mal presentimiento y los malos versos que me curaron del tenaz insomnio , los conciertos de Krahe que no quiero recordar, las canciones de Sabina que me vinieron muy tempranamente a buscar, el no llegar a fin de mes y la alquimia del no pagar las facturas de la electricidad, el ser la señoritadeldesnatado y la muñeca de la promoción, las fiestas de gente guapa que me daban ganas de vomitar, los madrugones sin desayunar para no llegar tarde a un trabajo en el que fichar, ese divorcio tan doloroso con la poesía, la culpa por ser cualquier mujer sin ser la que era en realidad, el de pronto crecer, el darme cuenta demasiado tarde de que todo tiene un final, Twin Peacks frente a la chimenea y abrigada con tu jersey, los piercings que ya me quité, el tatuaje que nunca me llegué a hacer, las palabras en hebreo que te susurré en esa ciudad, el olor a sudor, tu coche destartalado, las quejas de los vecinos y el candelabro que confieso te rompí. Llevo el peso del tiempo en mi mochila. Abro entonces la verja que da paso al parque solitario y desierto para que se esparzan y fluyan los recuerdos en el rumor monótono de la fuente.


Alphonse Mucha


OTOÑO

En el parque yo solo...
Han cerrado,
y olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejad
o.

La hoja seca
vagament
e
indolente
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...


Solo
en el parque me h
an dejado
olvidado
... y han cerrado.

Manuel Machado, Alma, 1902.



Inicio el regreso a casa y me paro a contemplar la hoja muerta que súbitamente cae en la calle húmeda aún por una lluvia que desliza en cada una de sus gotas todo aquello de lo que no me quiero desprender. Me siento en un banco desgastado por los años, sin prisas, sola en el atardecer, ante los botes de mermelada de naranja, albaricoque y ciruela que reposan silenciosos y pacientes en el estante más alto de la cocina que me recuerda tanto a lo que fui, ante el rosáceo y azul del cielo de las tardes que anuncian viento, ante una canción cualquiera de Leonard Cohen o Joan Manuel Serrat, ante el Paseo Marítimo en cazadora y las carreras en tacón para huir del chaparrón, ante nuestros cafés descarados al saltarnos las clases para hablar sobre la teoría sexual de Freud, ante la lluvia mientras tomamos un capuccino en el Expresso y el croissant que alguna que otra lágrima se empeña todavía en bautizar, ante mi barbie rubia y su vestido rosa de princesa, ante el cuaderno que me regaló mi abuelo para que lo llenara de ideas, ante la estúpida lámpara de un todo a cien en la que hay peces que simulan nadar, ante el impulso de subirme a un columpio en cuanto lo tengo frente a mí y comenzar a volar, ante La Historia Interminable y las interminables historias que nos solíamos inventar cuando mamá no nos dejaba salir a jugar con la bicicleta, ante los castigos de papá que jamás cumplió y su tevoyallevaraunreformatorio, ante las meriendas de pan con chocolate y zumo de melocotón, ante los domingos en el Castillo de Bellver y el cuento del patito de la abuela antes de ir a dormir, ante los helados de stracciatella que no sabía pronunciar pero que ya me hacían tremendamente feliz, ante la máquina de escribir que me agencié en casa de los abuelos sin saber ni siquiera escribir, ante la mujer que me descubrió un mundo paralelo al mecerme entre historias de romanos junto a Quinto Metelo, ante la tristeza que siempre me caracterizó y la fantasía con la que nunca he dejado de caminar, ante los cómics de Asterix, Tintín, Mafalda y Mortadelo, ante la comba y el un, dos, tres, patito inglés, ante las monjas que ya desde pequeña me causaban aversión, ante mi primer amigo homosexual y la cazadora que nos compramos juntos, ante el uniforme a cuadros azul, ante los ojos que se me quedaron, redondos como platos, al ver que teníamos un perrito, ante el árbol de navidad y los turrones de almendra, ante, en fin, todo aquello que hace de mí quien me temo que soy e incluso ahora, o ahora más que nunca, me acunan y me conducen por una estrecha galería de espejos hasta el centro de Todo y Nada.



Alphonse Mucha





"Tournez, tournez, chevaux de bois".
Verlaine


Pegasos, lindos pegasos,

caballitos de madera.
.........................................
Yo conocí, siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!.

Antonio Machado, Galerías. Soledades. Otros poemas, para Poesías Completas, 1917.


Me quito las botas y pienso que siempre me ha gustado caminar descalza. Siempre me ha gustado el olor a café recién hecho por las mañanas, las rimas y los crucigramas, Italia y las iglesias, coleccionar braguitas de encaje, las botas altas, las voces graves, el mundo árabe, las miradas, regar las plantas, leer los sábados por la mañana al sol, tocar las piedras, perderme andando por las calles de cualquier pueblo o ciudad, los versos y las letras, los libros y su olor, el callo en el dedo de tanto escribir. Confundiendo vida y literatura escribo hoy esta entrada y os la dedico a tod@s vosotr@s, que me leéis. Y para ti, porque me enseñas a respirar aire nuevo y sin el descubrimiento de lThe Fall of Troy, de Tom Waits, no hubiesen nacido estas líneas. Aunque no me leas.


Gaspar Camps



ES MI ALMA

No sois vosotras, ricas aguas
de oro las que corréis
por el helecho, es mi alma.

No sois vosotras, frescas alas
libres las que os abrís
al iris verde, es mi alma.

No sois vosotras, dulces ramas
rojas las que os mecéis
al viento lento, es mi alma.

No sois vosotras, claras, altas
voces las que os pasáis
del sol que cae, es mi alma.

Juan Ramón Jiménez, La Estación Total, 1946.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Mecagoentuputamadre

Estuve viendo el otro día un vídeo que me sorprendió especialmente por una cuestión: la poesía conseguía congregar a unas 6oo ó 700 personas. Claro que no sucedía en estos años que nos envuelven, ni en España, ni siquiera en Europa, pues hablamos de tierra norteamericana y de un poeta en particular: Charles Bukowski. Debo confesar, no obstante, que la anécdota en particular me recordó el interés que generó el viaje de Juan Ramón Jiménez a Puerto Rico, en los años cincuenta, producto de una de sus convalecencias y con el fin de dar clases en la Universidad. Al llegar a la ciudad, se encontró con masivos grupos de estudiantes y demás personas esperando su visita, siendo que en nuestra tierra siempre fue un poeta bastante incomprendido e injustamente tratado y estudiado. A raíz de ello estuve dándole vueltas a la idea de la potencialidad y la fuerza de la poesía. ¿Realmente estamos ante un arte minoritario? Puede, pero, ¿hasta dónde es capaz de llegar un poema?. Yo creo que su fuerza es ilimitada y, confiando en el poder del lenguaje, su influjo puede llegar a ser devastador. Pero ¿puede la poesía, tal y como nos movemos hoy en día, en esta sociedad digitalizada, en la que, en palabras de Bukowski, las masas elevan a los ineptos a la categoría de héroes, generar algún tipo de amenaza y conseguir alcanzar las entrañas como una bala? Mi respuesta es sí. Y me baso para ello en un joven poeta que se ha visto involucrado en una polémica que ha abierto una puerta para la esperanza de l@s que luchamos con el diccionario como escudo y la alquimia de las palabras como defensa. Estoy hablando de Gonzalo Escarpa y su Mecagoentuputamadre, publicado en una antología de Voces del Extremo (2009), para un encuentro poético en Béjar. Bien, el caso es que Gonzalo Escarpa juega con las palabras, atraviesa el sentido exacto de las mismas y subvierte el mundo tan herméticamente cerrado que tanto ha caracterizado este género desde sus incios. Poeta polifacético e irónico, sarcástico y moderno, no se muerde la lengua. Es más, da rienda suelta a sus versos y a pleno pulmón y acompañado por un megáfono consigue transmitir esa fuerza que solamente quien cree en lo que haces es capaz de manifestar.




Gonzalo Escarpa


MECAGOENTUPUTAMADRE

llora un niño como si tuvieralleno de estrellas un pulmónlos servicios de atención al clienteno son servicios ni atención ni cliente
el corte inglés anuncia un nuevo cierre del balance económico anualadivina adivinanza¿gana o pierde?¿pierde o gana?la burbuja económica y la utopía del cemento armadohasta los dienteslos de siempre se descojonan como siempre y donde siemprequé guay qué guay qué guayotra bonita montanbaikque le toca al de al ladoen barcelona basurama repasa el número creciente de obreros muertos en las obras de la emetreintasicreequelohavistotodovengaamadridyverácosasincreíblesla fiambrera obrera lanza pollas de globo (el glande rojo, un huevo morado, otro huevo amarillo)desde un ático céntrico el día de la boda realdionisio cañas llama ‘maricón’ a una florla poesía no es un arma cargada de futurola poesía no es una méquina dalicadala poesía no es la prosa que se muevela poesía, ni muchísimo menos, eres túllamemos a las cosas por su nombrela poesía es ritmo, rima (o no) y risala poesía, según juan larrea, es esto y esto y estola poesía, según antonio orihuela, es acción, resistencia,posibilidad de cambio, cambio de posibilidad, posición, lucidez,bocadillo de bruma, bala, vozla poesía, según nicanor parra, es llamar a las cosas por su nombrepues venga:esperanza aguirre, me cago en tu puta madrealberto ruiz gallardón, me cago en tu puta madrejosé luis rodríguez zapatero, me cago en tu puta madrejosé maría aznar, me cago en tu puta madresi tengo que recurrir al insulto es porque no me queda otrasi tengo que recurrir a la poesía es porque no me queda otrahay quien piensa que la poesía no puede caer en el insultome lo dicen constantementeen las lecturas, en las esquinas, en los márgenes de los poemaspero yo creo que el insulto es otroy que cualquier palabra, si nos ponemos, puede ser malsonantepero yo creo que hay que responderyo creo que ninguna pregunta debería quedar sin su respuestacreo que la creación es también, simplemente, una buena pregunta y una buena respuesta

lo insultante es quedarse paradoyo no tengo la culpayo no tengo la culpapero tampoco tengo la respuestayo no tengo la culpa de que tú, poeta de salón, endecasilabizado amigo de raquíticas revistas culturales, sigas pensando que la poesía se la debe coger con papel de fumar,o bien podría decir,para que me entendieras,yo no tengo la culpa de que sigas pensando que la poesía briza sus fulgores y nada sabe de cacarear,y te respondo porque todo tu cuerpo y sus acciones no son más que preguntasmira, ya que me pongopoeta de salón, me cago en tu puta madrea este poema no se le pueden caer los anillos por una puta más aquí o alláparreño aníbal pino ory botas merlo aguado costafreda camacho salgado moreno parodyqué sería del parnaso sin vuestro permisoqué sería del mundo sin terceras partesqué sería sin terceros mundossin responsabilidades a tercerosqué pasaría si nunca pasara nadapublicista de la comunidad de madriddiseñador de escombroesútilme cago en tu puta madrelas lilas siguen intentando que el feminismo sea un movimientoy no una parada de autobúsnodo50 se levanta contra todo lo que no signifique REDy a mí me encantaría escribir sobre el mar, pero no es planme encantaría vivir en una casa con jardín, pero no es planurbanísticome encantaría que hace algunos años no me hubiera perseguido un coche de la guardia civil con las luces apagadas y sobre todo que de ese coche no hubiera bajado nadie para registrarme y acusarme de cometer un delito contra la salud pública por llevar medio gramo de marihuana que vino a convertirse en cuatro gramos por obra y gracia de la burocracia para poder obligarme después a pagar 50005 pesetas de las de antespero eso fue exactamente lo que pasóporque ése era exactamente su planasí que no me vengas a decirque la poesía no tiene lugarque nadie sabe lo que es la poesíaque no quedan motivos ya para la poesíaque la poesía no sirve para nadaasí que no me vengas a decir lo mismo del compromiso, de la resistencia, de los abrazos, de la claridadno vengas con tu máscara de jarcias arboladas, no vengas con tus albos jinetes del amor,porque no queda tiempo y la tristezaes justo la alegríadel enemigome acaban de cobrar 10 euros por un sándwich de pollo en un aviónla azafata lleva los ojos pintados del color del logotipo de la empresa para la que trabajaa mí me siguen sorprendiendo estas cosasa mí a me gustaría a veces ser un polloun animal cualquiera y sin lenguajeun polloun pop-yo
un yo pero más poppop-éticomás pop-tencialpop-líglotapop-lémicopop pop pop pop pop pop pop poesía popular poesía popularantonio pop orihuela pop pop riechmann pop nicanor parra popanticapitalismo popantonio gómez pop tortilla de patatas popreal madrid pop estados unidos de pop comunidad de pop junta de andalucía popstop: parad las máquinaspoéticas hay todas perono todos los poemas son un barun golun grito un pin un ponhablar de hacer es NOasí que hagamoslos escritores viven para escribirlos poetas viven sólopara vivir





La polémica gira entorno a que el libro publicado por Voces del extremo ha sido financiado por el Ayuntamiento de Béjar, en una iniciativa de apoyo cultural y por motivo de un encuentro poético en dicha localidad. Y ha ocurrido algo... Los versos de Escarpa no han volado indelebles ni etéreos por el espacio nacional, sino que varios políticos han puesto el grito en el cielo por los insultos que en él aparecen.La poesía, una vez más, ha sido escuchada, pero no sólo eso, sino que ha conseguido su fin último: atravesar venas y arterias, remover tripas, generar emociones y dar de lleno en la diana. Gonzalo, lo clavaste. Con el verso se hizo la pr
otesta.



Y yo me pregunto y os pregunto, ya que la iniciativa Voces del extremo va a cargo de la Fundación Juan Ramón Jiménez, ¿qué pensaría el poeta de Moguer sobre tal ruído?. Quizás ni siquiera lo habría oído. Su camino era otro... much@s lo sabemos. Y su poesía, libre e individual como la que consigue generar un punzante malestar en aquell@s que no entienden de libertades. O quizás comprendan demasiado bien que alguien libre es quien no se deja convencer por un discurso vacío y repleto de necia retórica e interés electoral.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Sweet Girl

LESBOS

¡Qué lacra, la cocina!
Las patatas silban como ofi
dios.
Es Hollywood, sin ventanas,
la luz fluorescente pestañeando cual inaguantable jaqueca,
las puertas esquivas tiras de papel:
cortinas de teatro, crespo rizo de alféizar.
Y yo, amor mío, embustera pa
tológica,
y mi hija: mira su rostro, allá, en el
suelo,
como muñeco aún sin romper, esf
orzándose por
desaparecer:
como que es una esquizofrénica,
su faz, roja y blanca, da miedo,
dejaste sus gatitos ante tu ve
ntana
en una especie de hoyo de cemento
donde se ensucian y vomitan y ella no los siente.
Dices que no la aguantas,
la condenada.

Tú, que reventaste tus tubos como una mala radio
limpiándolos de voces y de histeria, rui
do estático
de lo nuevo. Dices

que debieras de haber ahogado a los gatitos. ¡Qué mal
huelen!
Dices que debieras de haber ahog
ado
a mi niña. Se cortará la yugular a los diez años
ya que a los dos está loca. El bebé
sonríe, rechoncho caracol,
desde los rombos lucientes de hule color naranja.
Te lo comerías. Es niño. Dice
s
que tu marido no te va. Su madre
judía guarda su dulce sexo como una
perla.
Tienes un bebé, yo tengo dos.

Me sentaría en una roca de Cornualles peinándome el cabello.
Me pondría pantalones de piel de tigre, debiera tener un
bello

amante. Debíamos encontrarnos en otra vida,
tú y yo. Entretanto
hay un hedor a grasa y caca de niño.
Estoy aturdida, abotagada por mi último soporífero.
El vapor de la cocina, el humoniebla de
l infierno
nos sobrevuela, dos venenos incompat
ibles,
nuestros huesos, nuestro pelo.

Te llamo huérfana, huérfana. Estás enferma.
El sol te da úlceras, el viento tuberculosis.
Solías ser bella.
En Nueva York, en Hollywood, los hombres
decían: “¿Ya?
La verdad, chica, estás de espanto”.
Teatro, teatro, teatro, la emoción, nada más.

El marido impotente se escapa, a tom
ar café.
Yo trato de tenerle en casa, pararrayos
viejo, los baños ácidos,

la exuberancia que le alejaba de ti.
Él va tragándolo todo, pedregosa cuesta abajo,
como furgoneta cansina. Las chispas son azul turquí.
Las viejas chispas azules están allí,
derramándose fragmentándose
en luces mil.

¡Oh joya! ¡Oh valiosa!
Esta noche la luna
arrastraba su saco de sangre, ani
mal
enfermo

faro arriba. Y luego
normalizóse, dura

y separada y blanca. El lucir
escalado en la arena que asustábame de muerte.
Íbamos recogiendo puñados de ar
ena, gozándolo,
trabajando como negros, cuerpo mulato,
el raspar sedeño.
Un perro recogía a tu perruno marido. Él seguía adelante.

Ahora, silente, cubierta

de odio hasta el cuello,
espeso, espeso.
No hablo.

Empaqueto las duras patatas como ropa cara,
empaqueto a los niños,
empaqueto los gatos enfermos.
Oh envase de ácido, es amor

lo que empapa. Sabes a quien odiar.
Él abraza sus hierros junto a la puerta:
ábrese y el mar la penetra, negro y blanco,
para ser vomitado luego de un t
ranco.
Cada día que pasa le llenas de sentime
ntalina,
como una jarra. Estás agotadísima.
Tu voz agita y sorbe mi pen
diente,
murciélago hematófilo. Eso justamente,
eso justamente. Por la puerta escrutas,
bruja. “Todas las mujeres son putas,
no hay comunicación, no hay puente”.
Veo tu decoración bonita
cerrársete encima como puño de bebé
o anémona, novia
del mar, cleptómana. Sig
o
sin experiencia,
quizá vuelva, digo.
Del embuste conoces bien la cien
cia.

Ni siquiera en tu Zen volveré a verte.

Sylvia Plath, "Lesbos" en Árboles de Invierno (1971). Traducción de Jesús Pardo para Antología, Madrid, Visor de Poesía (2003)




Maris Bustamante

¿Feminismo es sinónimo de transgresión? Es evidente que el título ya apunta hacia un punto de vista de género, con connotaciones a una sexualidad transgresora. La isla de Lesbos forma parte de una gran cobertura de islas cercanas a la costa de Turquía y es famosa por ser la patria de la poetisa Safo, cuyos poemas describían su amor apasionado hacia sus compañeras, de tal manera que comúnmente se considera que el término lesbianismo proviene del nombre de esta isla. El hecho de que el poema se titule precisamente Lesbos subraya el carácter que va a adoptar dicha composición, ya que supone una incisión en la invisibilidad a la que había estado sometida la mujer, así como un grito desgarrador tras el que se rompe de una vez por todas el silencio en el que el patriarcado sumía la realidad femenina, concretamente y explícitamente en este caso, la realidad lesbiana. Es importante tener en cuenta en este caso que es en los años setenta precisamente cuando aparecen los testimonios de lesbianas que procuran descubrir qué es lo que las hermana. Se trata, pues, de un testimonio cuyo sujeto poético anuncia ya desde el título un esfuerzo por decir lo que constituía en su momento de inefable, indecible y, por tanto, inexistente. En los años setenta la discusión a propósito de la existencia de una realidad lesbiana colectiva venía repleta de metáforas de invisibilidad. La experiencia lesbiana era considerada como un sinónimo de poseer el conocimiento necesario que permitía que alguien hablara como lesbiana, en nombre de todas las lesbianas, en la búsqueda de esta identidad colectiva, de esta manera de vivir particular que presuntamente comparten todas las lesbianas. Por lo tanto, Lesbos no sólo implica una reivindicación de la propia individualidad, como poetisa, sino también una evidente connotación política, asumiendo el principio por el cual “lo personal es lo político”. Ahora bien, pese a todo hay que tener muy en cuenta que quien pone voz al poema no es la autora como persona, sino el sujeto poético como ente reivindicante, cuyo fin es, por un lado, criticar el canon hegemonónico masculino, pero también el posible canon alternativo de la crítica feminista cuando dejaba de incluir textos de escritoras lesbianas, doblemente silenciadas, como mujeres y como lesbianas. Así pues, ¿cuál es el tema del poema?. Según mi punto de vista, el poema debe ser interpretado bajo una perspectiva lésbica, pero entendiendo ésta como la identificación de una mujer con otra, en este caso del sujeto poético con otra mujer, en una relación en la que los afectos y las emociones más fuertes entre dos mujeres se dirigen de la una hacia la otra. El contacto sexual puede ser, en mayor o menor grado, una parte de la relación, o puede estar completamente ausente, como sucede en este caso. Las dos mujeres prefieren pasar la mayor parte de su tiempo juntas y comparten la mayor parte de los aspectos de sus vidas con la otra. En este poema se tratará de una misma mujer, la autora, desdoblada en dos voces, por lo que buscará la identificación de la mujer con el lesbianismo fruto de una estrategia política y estética. Por otro lado, la mujer identificada con otra mujer, se compromete con las mujeres no sólo como alternativa a las opresivas relaciones masculino/femenino, sino primariamente porque ama a las mujeres. Consciente o inconscientemente, con sus actos, la lesbiana se ha dado cuenta de que dando apoyo y amor a los hombres en vez de a las mujeres perpetúa el sistema que le oprime. Y justamente ahí creo que reside el motivo central del poema, el hecho de dar la energía primaria a otra mujer, cosa que posibilita la concentración plena en la construcción de un movimiento para la liberación, ya que el lesbianismo es una opción política porque las relaciones entre hombres y mujeres son relaciones políticas, que implican poder y dominio. Puesto que la lesbiana rechaza activamente esa relación y escoge a las mujeres, desafía el sistema político establecido.


Angela Davis

Teniendo en cuenta lo hasta ahora expuesto, creo que el título supone una notable transgresión, ya que el lenguaje estructura la realidad y la literatura y todos los mundos posibles se forjan desde el lenguaje y en el lenguaje. Cualquier posible transformación tiene que pasar por el lenguaje y estoy segura que la autora de "Lesbos" tenía esta premisa muy en cuenta. Pasemos, pues, al poema, que se divide en cinco estrofas y no puede comenzar de forma más explícita: “¡Qué lacra, la cocina!/ Las patatas silban como ofidios”. Es evidente que nuestra autora tiene muy asumido el rol de mujer como ama de casa, al cual se opone, pero del cual parece no poder escapar. El hecho de que hable de la cocina como lacra induce a pensar que es una propiedad intrínseca a la mujer de la cual no se puede desprender, generándole una sensación desagradable y de asco, pues se comparan las patatas a los ofidios. Enmarca la acción cual si se tratara de una actriz cumpliendo un papel con hastío: Es Hollywood, sin ventanas,/ la luz fluorescente pestañeando cual inaguantable jaqueca/ las puertas esquivas tiras de papel:/ cortinas de teatro, crespo rizo de alféizar. Estos versos apuntalan la “escisión vital” entre la zona tradicional y moderna de la subjetividad de las mujeres, entre los roles de género impuestos y los que deseaban trazar. Además, es importante tener en cuenta que el matrimonio de la autora giró en torno a un amor que buscaba ser moderno, con la libertad necesaria para el ejercicio literario y la independencia económica, sincretizado con los requerimientos que el amor tradicional tenía para las mujeres. Así, se nos presenta a la mujer en su rol de ama de casa como una actriz de cine o teatro, cuyo papel cumple por imposición, como una autómata, pero del cual no obtiene placer alguno. Los versos siguientes, en forma de apóstrofe, enfatizan la idea señalada en líneas anteriores. Ahora se dirige a lo que parece su interlocutor: Y yo, amor mío, embustera patológica. Se refuerza la idea del cumplimiento de rol como imposición, como papel, pero mucho más enfatizado, pues se habla de una embustera patológica, haciendo referencia al hecho de mentir en el cumplimiento de las imposiciones sociales de género desde muy temprana edad, pero también al mito ampliamente extendido de la mujer como “embustera patológica”. Estamos, pues, ante un doble sentido. Y mi hija: mira su rostro, allá, en el suelo,/ como muñeco aún sin romper, esforzándose por/desaparecer/ como que es una esquizofrénica (...). El hecho de que haga referencia a una hija refuerza la perspectiva feminista del poema, ya que se la cosifica y dice de ella que es un muñeco que todavía no se ha roto, sino que se esfuerza por desaparecer. La mujer, como muñeco manejado por los demás, o bien termina por romperse, por desmembrarse, o bien desaparece y es condenada a la invisibilidad. Cuando no, es conocida la teoría de Charcot, que posteriormente Freud desarrolló, de la histeria propia del género femenino. En los años setenta las teorías freudianas habían sido sometidas a juicio, pero aún se le otorgaba a la mujer la cualidad de extremadamente impresionable. Así pues, por el hecho de nacer niña ya se le atribuye al infante una cosificación, una invisibilidad futura o bien falta de integridad- “aún sin romper”-, en todo caso siempre se puede explicar su comportamiento extravagante y propiamente femenino desde la enfermedad: “como que es una esquizofrénica”. Las personas esquizofrénicas suelen padecer alucinaciones auditivas, lo que comúnmente se conoce por “oír voces”. Las mujeres están sometidas a esas voces, las voces de la sociedad, las voces que las reclaman en supuestas obligaciones y que las perseguirán sometiéndolas a una constante mortificación desde la infancia. De ahí el carácter acusativo y peyorativo de la afirmación “como que es una esquizofrénica”. En los versos que van del 18 al 25 se acaba de desarrollar esta idea y se revela la identidad del interlocutor, que en este caso es una interlocutora: (haciendo referencia a la interlocutora) que reventaste tus tubos como una mala radio/ limpiándolos de voces y de histeria, ruido estático/ de lo nuevo. Dices/ que debieras de haberla ahogado/ a mi niña. Se cortará la yugular a los diez años/ ya que a los dos está loca. Partiendo del título, y suponiendo que estamos ante una relación lésbica, la interlocutora, ese “tú”, haría referencia a una mujer que rechaza su propia condición de género y se suma al desprecio por su condición de mujer. Es quien tuvo que someterse a presiones, autoculpabilidades y castigos por el simple hecho de nacer mujer, y, como quien se lava la lengua con jabón, reventó sus “ tubos limpiándolos de voces y de histeria”, sumándose al “ruido estático de lo nuevo”, es decir, contemplando la nueva realidad como una espectadora pasiva. No olvidemos, para poder comprender este debate entre dos voces, que la autora se debatía entre el mundo doméstico y la independencia, asumiendo a la vez los requerimientos que el amor tradicional tenía para las mujeres- madre y esposa- juntamente con la libertad necesaria para poder desarrollar su actividad poética e individual. Estos versos pueden contrastarse con los que van, en esta misma estrofa, del 25 al 28: El bebé/ sonríe, rechoncho caracol, (...)/ Te lo comerías. Es niño. Se contraponen el papel del niño al de la niña. Mientras que ésta es vista como un ser repelente, enfermo y que quizás hubiera sido mejor que no naciera, ya que se cortará la yugular a los diez años ya que a los dos está loca, el niño, el “bebé”, es visto como un ser deseable- “te lo comerías”-. Hay que tener en cuenta que la maternidad es concebida a la vez bella y siniestra, de ahí que se contrasten imágenes tiernas e imágenes viscosas relacionadas con el hecho de ser madre: “ofidios”, “muñeco”, “gatitos”, “ensucian y vomitan”, “qué mal huelen”, “bebé”, “rechoncho caracol”, etc. Dices/ que tu marido no te va. Su madre/ judía guarda su dulce sexo como una perla. Con estos versos empezamos a conocer un poco mejor a la interlocutora del poema. La autora nos resitúa en Lesbos y creo que insiste sarcásticamente en el carácter falsamente puritano, de doble moral, de su compañera. A continuación emerge un pensamiento automático propio del rol de género femenino, la competencia entre mujeres por la maternidad, el papel de la mujer como procreadora, cuyo fin último en la vida es la reproducción: tienes un bebé, yo tengo dos. El “yo” poético es la esposa y madre, la interlocutora es la esposa y madre del esposo, por lo cual volvemos a ver como se cumple otro estereotipo de género, mediante el cual la mujer no sólo es esposa y amante de su marido, sino que también debe actuar como madre del mismo. A partir de ahora nos encontraremos ante una enumeración de roles típicamente femeninos, fruto de la bipolaridad a la que se expone la autora, puesto que van desde la mujer dulce y grácil que se peina el cabello en una roca de Cornualles, hasta la mujer rebelde y aventurera que se pondría pantalones de piel de tigre y tendría “un bello amante”, para terminar aludiendo al amor inmortal, al carácter romántico atribuido desde décadas a la mujer: Debíamos encontrarnos en otra vida,/ encontrarnos en el cielo,/ tú y yo. Pero estos mitos caen por su propio peso y se alude a la realidad más inmediata. Entretanto/ hay un edor a grasa y caca de niño. La realidad es otra, y no provoca sino náuseas en nuestra autora que, para soportarla, debe acudir a ansiolíticos, pues le causa una insoportable desazón, llegando incluso a comparar una tarea habitualmente asumida por las mujeres, la cocina, con la tortura del infierno: Estoy aturdida, abotagada por mi último soporífero./ El vapor de la cocina, el humoniebla del infierno/ nos sobrevuela. A continuación, en los versos que van del 42 al 48, y que cierran esta primera estrofa, creo que se nos muestra una nueva pista sobre la identidad de la interlocutora, y pienso además, que no se trata sino de ella misma. De esta manera, dos mujeres confluirían en una sola. La mujer sometida a los roles tradicionales y la mujer que protesta y se opone a ellos, la mujer que sigue sus instintos de maternidad y la mujer que se niega a asumir el papel de madre. Una sola mujer dividida, rota, desmembrada, que oye otras voces y no es capaz de hacerlas compatibles. Te llamo huérfana, huérfana. Estás enferma/ El sol te da úlceras, el viento tuberculosis. La autora asume el papel de mujer sola en el mundo, huérfana por no encajar en una tradición de género, manteniendo una relación enfermiza con la naturaleza y relegada al espacio íntimo de la vida doméstica. Solías ser bella/ En Nueva York, en Hollywood, los hombres decían/ la verdad chica, estás de espanto. Contrapone su situación actual de enfermedad, de decrepitud, a la juventud, asumiendo una vez más otro rol de género, el hecho de que la mujer joven es bella, mientras que la mujer- madre, en la madurez, es un ser asexuado. Ahora bien, termina la estrofa con este verso: Teatro, teatro, teatro, la emoción, nada más. Si esta primera estrofa había comenzado en un teatro cuya escena representaba la cocina y a la madre de familia, termina en ese mismo teatro, pero representando otra escena, una escena del pasado cuyo papel principal es el de una mujer joven y hermosa expuesta a los cumplidos de los hombres que, en el fondo, no quieren más que una cosa, el tener relaciones sexuales, fruto de un impulso momentáneo: “teatro, la emoción, nada más”.

Sylvia Plath con sus dos hijos fruto del matrimonio con el también poeta Ted Hughes

En la segunda estrofa se remarca la idea de la mujer madura asexuada, “pararrayos viejo”, que “trata de tener en casa” a un marido que, cansado de la vida doméstica y familiar, “impotente se escapa a tomar café”. La tercera estrofa comienza con dos exclamaciones: ¡Oh joya! ¡Oh valiosa!. Otro de los mitos de género es la asociación entre la mujer y las joyas, puesto que, si por un lado es un regalo típicamente deseado por el género femenino, por otro lado es de larga tradición el comparar a las mujeres con las joyas, cosificándolas, poniéndoles precio y sirviendo al hombre como motivo de complemento y adorno. Se describe a continuación una escena de la noche, contraponiendo de nuevo la belleza de la luna a un elemento tórrido, esta noche la luna/ arrastraba su saco de sangre, animal/enfermo/faro arriba. Una vez más la ironía hace acto de presencia: un perro recogía a tu perruno marido. Él seguía adelante. ¡Cómo no! El marido, el hombre, siempre sigue hacia delante. En la última estrofa el “yo” poético adopta una postura bastante dura consigo misma, impregnada de sarcasmo. Reconoce ese odio ante una situación que la asfixia y no la deja vivir, pero que lleva dentro de sí escondido, sin manifestar, como reclamo del papel de mujer y madre que debe interpretar: Ahora, silente, cubierta/ de odio hasta el cuello,/ espeso, espeso. / No hablo. No, ella no lo grita ni se queja, sino que empaqueta las duras patatas como ropa cara/ empaqueto a los niños/ empaqueto los gatos enfermos. Se va acercando el final... En los siguientes versos se hace referencia al carácter romántico de la esposa, cualidad otorgada a su alter ego: cada día que pasa le llenas de sentimentalina, al amor que debe de sentir hacia su marido y que, por el contrario, él no es capaz de demostrar hacia ella: Él abraza sus hierros junto a la puerta: / ábrese y el mar la penetra, negro y blanco, /para ser vomitado luego de un tranco. Su alter ego, esa voz interior, le va justificando a diario esa falta de tacto por parte del esposo y la insatisfacción que le produce el hecho de ser mujer dulce y amante, acabando poco a poco con la fuerza del “yo” poético, como si le estuvieran chupando la sangre lentamente: Estás agotadísima/ Tu voz agita y sorbe mi pendiente,/ murciélago hematófilo. Se alcanza en esta estrofa un punto de tensión entre el “yo” poético y su otro yo, esa voz, esa relación lésbica que contrapone los dos polos opuestos de una misma mujer: la mujer esposa y madre y la mujer libre y asqueada de los deberes a los que ha de someterse por cuestión de género. Aparece entonces ese alter ego, por la puerta escrutas, bruja, y se escucha su voz apuntando a un tópico bastante frecuente: todas las mujeres son putas,/ no hay comunicación, no hay puente. El “yo” poético no puede evitar sentirse culpable por desear escapar del canon al que está sometida, ya que esa voz interior la repudia constantemente por esas ansias. Reconocemos en esa interlocutora la suma de tópicos, mitos y arquetipos que envuelven a la mujer a principios de los años setenta. Termina la estrofa aludiendo a la opresión a la que está sometida, pero sometiéndola a ese desdoblamiento, pues forma parte de la otra mujer a quien habla: Veo tu decoración bonita/ cerrársete encima como puño de bebé/ o anémona. Y la acusa de “cleptómana”, pues constantemente roba al “yo” poético instantes de su vida, energía. Creo que a continuación se expresa la idea de la muerte: Sigo/ sin experiencia, / quizá vuelva, digo./ Del embuste conoces bien la ciencia. Una vez haya muerto, al fin será una mujer a quien el mundo crítico aprobaría. Quieta, mansa, por fin dejaría de ser una amenaza. Y, una vez más, utiliza el sarcasmo con el verso “del embuste conoces bien la ciencia”, tópico que sitúa a la mujer como mentirosa por naturaleza y enlaza con el verso siete, en el que se llamaba “embustera patológica” a sí misma. Termina el poema con un solo verso: Ni siquiera en tu Zen volveré a verte. Una vez liberada de la vida se liberará también de cualquier lastre y alcanzará un estado de plenitud absoluto. Sin cuestiones de género, ni reclamos, ni deberes, ni remordimientos, pues mediante el Zen se consigue la plenitud eliminando cualquier esquema conceptual. Se consigue la esencia más pura, las personas pasan a ser el “yo” final sin necesidad de etiquetas clasificadoras. No hay lugar para los desdoblamientos. Es la pureza del “yo”, el “yo” absoluto, en el que tendrá cabida una sola voz.




Safo, Virginia, Anaïs, Sylvia... Transmigración poética inacabable e inagotable. Selene primigenia y séquito de almas que, en primitivo instante de éxtasis, comienzan a peregrinar por la noche encendida de mis sueños... Las voces de Sylvia Plath bien podrían ser nuestras propias voces, su lucha es todavía nuestra lucha y su poema signo irrefutable de que tras unos versos se esconde la esencia de un movimiento en pro de la igualdad.


miércoles, 26 de agosto de 2009

Para no descubrir , en el momento de mi muerte, que no había vivido (Thoreau)

Una vez más las tormentas de verano rompen un ciclo de mi vida. El silencio premonitorio de la inevitable conclusión a la que debía llegar ha servido también como telón que da paso al rayo iluminador de la Idea, chocando contra la tierra húmeda y las piedras para dar lugar al Grito silenciado hasta el momento. El estrepitoso trueno acalla las demás voces y bajo el influjo de Zeus comienzo mi danza de frases y palabras hilvanadas, siempre pagana y amante del barro y la orgía y el misticismo y la decadencia. Segura de que el sol asomará de nuevo por entre las montañas, me dejo llevar por el agua torrencial, atónita astronauta en estaciones que se suceden, para esperar, una vez más, a que transcurra el amable y no por ello menos cruel ciclo vital.
Me han acompañado durante estos días calurosos de verano el canto de las cigarras y los grillos, las tórtolas y el olor del limonero que no ha conseguido verdear en todo su esplendor. El ron y la cerveza, las noches eternas bajo la luna lunera, el amago de convertirme, cual indómita Diana ,en cazadora de Perseidas y el rumor, a lo lejos, del mar.





Elca

Ya todo es flor: las r
osas
aroman el camino.
Y allí pasea el aire,
se estaciona la luz,
y roza mi mirada
la luz, la flor, el air
e.

Porque todo va al mar:
y larga sombra cae
de los montes de plata,
pisa los breves huertos,

ciega los pozos, llega
con su frío hasta el mar.

Ya todo es paz: la yedra
desborda en el tejado

con rumor de jardín:
jazmines, alas. Suben,
por el azul del cielo,
las ramas del ciprés.

Porque todo va al mar:

y el oscuro naranjo
ha enviudado en su flor
para volar al viento,
cruzar hondas alcobas,
ir adentro del mar
.
Ya todo es feliz vida:
y ante el verdor del pino,
los geranios. La casa,
la blanca y silenciosa,

tiene abiertos balcones.
Dentro, vivimos todos.

Porque todo va al mar:
y el hombre mira el cielo
que oscurece, la tierra

que su amor reconoce,
y siente el corazón
latir. Camina al mar,
porque todo va al mar.

Fco. Brines, Palabaras a la Oscuridad, 1966

No ha sido uno de mis mejores veranos y, sin embargo, no he dejado ni un solo momento de gozar de la asombrosa mutabilidad natural . Me enorgullezco de mi jodida bipolaridad y celebro que este año haya triunfado sobre mí la vena asocial que tan nerviosa suele poner al resto de la gente. Y es que he preferido perderme en la soledad de las calles oscuras del pueblo y sentarme en el banco donde por las mañanas suelen charlas l@s abuel@s para pensar y llegar a la evidencia de que algo me falta y algo me inquieta: el astío de los días sin mí. De hecho, soy yo, la misma que se desgarra las medias sentada en la barra de cualquier bar, quien pasa largas horas postrada ante las montañas y se pregunta al atardecer, cuando los pájaros regresan a los árboles, qué aventuras se estarán contando en su trinar. ¿ Te acuerdas que incluso durante aquel verano la obsesión de esta imagen apabullaba mis madrugadas?. Indisolublemente soy pájaro y montaña y aire y hoja y trueno y niebla y mar...




Los signos desvelados

Subí hasta la colina
para mirar el ancho
río, la ciudad rosa,
los montes de cipreses,
mientras caía el sol.

Era fiesta; los grupos

bajaban de la luz
con alegría, voces
altas, felices. Libres,
regresaban al valle.

Y advertí que un extraño,
con los ojos muy fijos,
miraba el sol. Las torres
eran pavesas ya
del aire, miradores
de un fuego muy oscuro.

Temblaban los cipreses
en la línea del monte,
mientras yacía el río
ya quemado. Muy lejos
se perdían las voces.

También era extranjero.
Se acercó a un árbol,
y arrancando unas hojas
de laurel,

avanzó por el parque.

Y desvelé el misterio
de su quieta mirada:
en todos los lugares
de la tierra,
el tiempo le señala
al corazón del joven
los signos de la muerte
y de la soledad.
Fco. Brines, Palabras a la Oscuridad, 1966

Escribiré en mi agenda de mares y océanos que durante este verano me he perdido por los bosques con Mr. Whitman y he gritado "Oh capitán, mi capitán" donde nadie me pudiera oír. Que junto al riachuelo he acariciado a Platero, el cual con mirada azabache y lomo plateado ha jugado conmigo a ser burrito de cartón. Apuntaré también que he secado las lágrimas de San Lorenzo con un pañuelo de iniciales bordadas cuando me creí la dama que no fui, que he paseado anhelante de conocimientos por una Troya desocupada siguiendo el rastro de los gigantes, dejándome llevar por Maria Enganxa y sin tan siquiera volver la vista atrás. Que el cíclope de Pamuck me ha pisado los talones en mis correrías nocturnas para terminar hablando de lo humano y lo divino en un surrealista diván, que he odiado y he amado esta isla tanto como la extranjera que soy en cualquier lugar. Que la rosa sigue siendo la rosa y las tormentas de verano una liberación para mi sed mortal.


Isla de piedras

Esta tarde, solitario en S
kye,
después de tantas horas solo ya pasadas, de tantas noches
venideras y solas (terriblemente han de venir
todas las horas de dolor),
veo la niebla subir de las Colinas Rojas,
y en esta isla atormentada,
de oscuridad y de roca,
mis pies pisan el mundo desolados
.
Intento recordar días recientes,
la tarde fría de la primavera de Oban,
o acaso el ancho rayo de blanquísimo fuego
cayendo en el islote nebuloso
donde, enfermos, agonizan los pájaros.
Intento recordar, traer algún calor
al pecho.
Y ahora que estoy más dentro de la noche
el tiempo ha serenado,
mientras avanzo en busca de cobijo.
Y he detenido el paso, en esta luz incierta,

para mirar la gusanera de los cielos
trocarse en un enjambre de luces detenidas,
y así curar el pecho, con engaño, de su honda soledad.
Pero en la medianoche en el cielo es tenso, y al occidente huye, con
luz
que va a su muerte.
Y allí está el mar, abrazado de rocas ahora oscuras,
violeta cansada
que sostiene en su luz la muerta pesadumbre de la tierra.
El mar llega a mis ojos consolándol
os,
pues él me está diciendo que no todo es dolor,
que aquí el mundo aún alienta.
Y más hacia la muerte van los ojos, donde cierra la luz
su resplandor dormido,
allá en el horizonte de las islas:
son islas de cristal, columnas de humo blanco, son jóvenes estrellas
que agonizan de frío.
Este paisaje hermoso es luz que muere, es roca atormentada,
oscuridad que ciega el ojo.
Y un viento vuela a mí, con milagroso olor,
y a tientas busco la florida rama.

Y encontrada la flor,
he mirado las luces de los cielos
con pecho consolado,
porque nunca se acaba el olor de las rosas.

Fco. Brines, Palabras a la Oscuridad, 1966.

Ya anochece mucho antes y va quedando menos para que comience el Otoño... No, Georgina Hübner no ha muerto.

domingo, 9 de agosto de 2009

No Tengo Miedo




CON LOS ZAPATOS PUESTOS TENGO QUE MORIR
(Elegía Cívica)

I de enero de 1930

Será en ese momento cuando los caballos sin ojos se des-
garren las tibias contra los hierros en punta de una
valla de sillas indignadas junto a los adoquines de
cualquier calle recién absorta en la locura.
Vuelvo a cagarme por última vez en todos vuestros muer-
tos en este mismo instante en que las armaduras se
desploman en la cas
a del rey,
en que los hombres más ilustres se miran a las in
gles sin
encontrar en ellas la solución a las desesperadas ór-
denes de la sangre.
Antonio se rebela contra la agonía de su padastro mori-
bundo.
Tú eres el responsable de que el yodo haga llegar al cielo
el grito de las bocas sin dientes,
de las bocas abiertas por el odio instantáneo de un revólver
o un sable.
Yo sólo contaba con dos encías para bendecirte,
pero ahora en mi cuerpo han esta
llado 27 para vomitar en
tu garganta y hacerte más difíciles los estert
ores.
¿No hay quien se atreva a arrancarme de un manotazo las ven-
das de estas heridas y saltarme los ojos con los dedos?
Nadie sería tan buen amigo mío,
nadie sabría que así se escupe a Dios en las nubes
ni que mujeres recién paridas claman en su favor sobre el
vaho descompuesto de las aguas
mientras que alguien disfrazado de luz rocía de dinamita
las mieses y los rebaños.

En ti reconocemos a Arturo.
Ira desde la aguja de los pararrayos hasta las uñas más ren-
corosas de las patas traseras de cualquier piojo ago-
nizante entre las púas de un peine hallado al atarde-
cer en un basurero.
Ira secreta en el pico del grajo que desentierra las pupilas
sin mundo de los cadáveres.
Aquella mano se rebela contra la frente tiernísima de la
que le hizo comprender el agrado que siente un
niño al ser circuncidado por su cocinera con un vi-
drio roto.
Acércate y sabrás la alegría recónd
ita que siente el palo
que se parte contra el hueso que sirve de tapa a tus
ideas difuntas.
Ira hasta en los hilos más miserables de un pañuelo des-
cuartizado por las ratas.
Hoy sí que nos importa saber a cuántos estamos hoy.

Creemos que te llamas Aurelio y que tus ojos de asco los
hemos visto derramarse sobre una muchedumbre
de ranas en cualquier plaza pública.
¿No eres tú acaso ese que esperan las ciudades
empapela-
das de saliva y de o
dio?
Cien mil balcones candentes se arrojan de improviso sobre
los pueblos desordenados.
Ayer no sabía aún el rencor que las tejas y las cornisas
guardan hacia las flores,
hacia las cabezas peladas de los curas sifilíticos,
hacia los obreros que desconocen ese lugar donde las pis-
tolas se hastían aguardando la presión repentina de
unos dedos.
Oíd el alba de las manos arriba,
el alba de las náuseas y los lechos desbarat
ados,
de la consunción de la parálisis prog
resiva del mundo y la
arteriosclerosis del cielo.
No creáis que el cólera morbo,
la viruela negra,
el vómito amarillo,
la blenorragia,
las hemorroides,
los orzuelos y la gota serena me preocupan en este amanecer
del sol como un inmenso testículo de sangre.

En mí reconoceréis tranquilamente a ese hombr
e que dis-
para sin importarle la postura qu
e su adversario he-
rido escoge para la muerte.
Unos cuerpos se derrumban hacia la derecha y otros hacia
la izquierda,
pero el mío sabe que el centro es el punto que marca la mi-
tad de la luz y la sombra.
Veré agujerearse mi chaqueta con alegría.
¿Soy yo ese mismo que hace unos momentos se cagaba en
la madre del que parió las tinieblas?
Nadie quiere enterrar este arcángel sin pat
ria.
Nosotros lloramos en ti esa estrella que a las dos en punto
de la tarde tiene que desprenderse sin un grito para
que una muchedumbre de tacones haga brotar su
sangre en las alamedas futuras.

Hay muertos conocidos que se orinan en los muertos des-
conocidos,
almas desconocidas que violan a las almas conocidas.
A aquel le entreabren los ojos a la fuerza para que el ácido
úrico le queme las pupilas y vea levantarse
su pa-
sado como una tromba extática de moscas palúdicas.
Y a todo esto el día se ha parado
insensiblemente.

Y la ola primera pasa el espíritu del que me traicionó va-
liéndose de una gota de lacre
y la ola segunda pasa la mano del que me asesinó poniendo
como disculpa la cuerda de una guitarra
y la ola tercera pasa los dientes del me llamó hijo de
zorra para que al volver la cabeza una bala perdida
le permitiera al aire entrar y salir por mis oídos
y la ola cuarta pasa los muslos que me oprimier
on en el
instante de los chanc
ros y las orquitis
y la ola quinta pasa las callosidades más enconadas de los
pies que me pisotearon con el único fin de que mi
lengua perforara hasta las raíces de esas plantas que
se originan en el hígado descompuesto de un caba-
llo a medio enterrar
y la ola sexta pasa el cuero cabelludo de aquel que me hizo
vomitar el alma por las axilas
y la ola séptima no pasa nada
y la ola octava no pasa nada
y la ola novena no pasa nada

ni la décima
ni la undécima
di la duodécima...

Pero estos zapatos abandonados en el frío de las charcas son
el signo evidente de que el aire aún recibe el cuerpo
de los hombres que de pie y sin aviso se doblaron del
lado de la muerte.

Rafael Alberti, Con los Zapatos Puestos Tengo que Morir, 1930, publicado por primera vez en Poesía (1924-1930),
1934.