sábado, 25 de septiembre de 2010

Gitanos y Poesía



Siendo un tema muy actual, diría yo que no necesariamente por los últimos acontecimientos, sino desde siempre, me gustaría dedicar esta entrada a tod@s l@s gitan@s del mundo, proponiendo un pequeño itinerario por varios autores que dedican sus versos a este colectivo, cada uno con un motivo diferente y distinta idealización.

Comienza el recorrido en el Modernismo. A finales del siglo XIX y principios del XX los poetas buscaron la belleza más sublime en ciertas formas de decadencia, interesándose por personajes malditos, perseguidos, olvidados... De esta manera se aúnan restos del Romanticismo, cuyos poetas establecían pactos con Satanás, vendían su alma o vagaban por cementerios, en pos de alcanzar y defender una anhelada individualidad y en aras de intempestuosa rebeldía, junto a restos del naturalismo y el feísmo que llevó a sus autores a interesarse por individuos mutilados, enfermos, prostituas y todo aquel que malvive en sociedad.

De esta manera, los poetas modernistas fijaron su atención en tipos marginales y marginados, tales como la prostituta, el don juan, el opiómano y cocainómano, la mujer fatal en sus diversas manifestaciones, el loco, el mendigo, etc. y, en el intento por superar el spleen y la vulgaridad de la vida, el exotismo de oriente y el exotismo y libertad de los gitanos.

En el poema de Salvador Rueda que vamos a ver a continuación aparece la gitana como estereotipo de mujer exótica en su baile, sugerente y seductora, desprendiendo gran cantidad de erotismo gracias a sus movimientos y estallando en una explosión final de alegría a raíz del baile y cante flamenco.

BAILADORA
Con un chambergo puesto como corona,y el chal bajando en hebras a sus rodillas,baila una sevillana las seguidillas,a los ecos gitanos que un mozo entona.
Coro de recias voces canta y pregonade su rostro y sus gracias las maravillas,y ella mueve, inflamadas ambas mejillas,el regio tren de curvas de su persona.
Cuando enarca su cuerpo como culebra,y en ondas fugitivas gira y se quiebra,al brillante reflejo de las arañas,
estalla atronadora vocinglería,y en un compás amarra la melodíapalmas, risas, requiebros, cuerdas y cañas.

Salvador Rueda, La Bacanal. Desfile Antiguo (1893), en Antología de la Poesía Modernista Española, Madrid, Castalia, 2008.





Antonio Machado dedica a la canción flamenca un poema inserto en la sección Galerías de su libro Soledades, Galerías y Otros Poemas. Como podemos comprobar, el tono es muy diferente al del poema anterior, ya que el poeta se adentra en el simbolismo y pone en marcha su concepto de poesía como posibilidad de indagación en lo más profundo del pensamiento y corazón. La alegría de la canción andaluza cede el paso a la melancolía. Es importante en este caso tener en cuenta la asociación que Machado establece entre la guitarra, con aires gitanos, y el caminante o, bajo mi punto de vista, peregrino.

Guitarra del mesón que hoy suenas jota,
mañana petenera,
según quien llega y tañe
las empolvadas cuerdas.

Guitarra del mesón de los caminos,
no fuiste nunca, ni serás, poeta.
Tú eres el alma que dice su armonía
solitaria a las almas pasajeras...

Y siempre que te escucha el caminante
sueña escuchar un airte de su tierra.

Antonio Machado, Soledades, Galerías y Otros Poemas (1907) en Poesías Completas, Madrid, Espasa, 1974.

Siguiendo con Antonio Machado, vamos a encontrarnos ahora con un poema diferente. Semejante al anterior en el tono melancólico, el poeta se adentra en la canción popular y la sociedad andaluza para concluir en una última estrofa de carácter reflexivo. Aparece retratada en la composición el acerado carácter religioso de los gitanos, y la alegría estereotipada de los mismos es sustituida por tristeza, oscuridad y, al fondo, siempre un punto de esperanza.

LA SAETA

¿Quién me predta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta Popular

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
No puedo cantar ni quiero

a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Antonio Machado, Campos de Castilla (1912) en Poesías Completas, Madrid, Espasa, 1974.






Una vez superada la etapa Modernista , Federico García Lorca escribe Poema del Cante Jondo (1921- 1922), aunando tradición y vanguardia, rasgo que caracterizaría al conocido Grupo del 27. Vemos a continuación un poema cuyo tema es Andalucía y en el que el ritmo y estribillo propio de la canción popular se une a la imagen vanguardista.

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

Federico García Lorca, Poema del Cante Jondo (1931) en Poetas del 27. La Generación y su Entorno. Antología Poética, Madrid, Espasa, 2007.


Bajo las terribles condiciones de la inminente guerra civil española, Lorca escribe Romancero Gitano (1924- 1926). Con la figura de los gitanos, simboliza el poeta la libertad e inocencia, los instintos naturales de las personas, la felicidad y alegría, frente al símbolo de la guardia civil, represora de las mismas.

ROMANCE DE LA GUARDIA CIVIL ESPAÑOLA

(...)

¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle
con las torres de canela.

Cuando llegaba la noche
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.

(...)

En el portal de Belén,
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

Federico García Lorca, Romancero Gitano (1928) en Poetas del 27. La Generación y su Entorno. Antología Poética, Madrid, Espasa, 2007.




Finalmente, me gustaría terminar la entrada con otro gran poeta, Rafael Alberti. En el poemario El Alba del Alhelí su autor refleja la vida de una Andalucía oscura, con un marcado interés en las clases marginadas, quedando de esta manera patente la influencia de Lorca en sus versos.

El poema que expongo a continuación se titula La húngara. Ya con el título la identificación con los gitanos se hace evidente, pero además nos presenterá su autor a la mujer como símbolo de la libertad, cuya moral es más elevada que la del burgués.

LA HÚNGARA

Quisiera vivir, morir,
por las vereditas, siempre.
¡Dejadme morir, vivir,
deja que mi sueño ruede
contigo, al sol, a la luna,
dentro de tu carro verde!

- Vas vestida de percal...
- Sí, pero en las grandes fiestas
visto una falda de raso
y unos zapatos de seda.

- Vas sucia, vas despeinada...
- Sí, pero en las grandes fiestas
me lava el agua del río
y el aire puro me peina.

(...)

- Por una noche, a mi casa.
¡Vente a dormir a mi cuarto!

- Mire, señor,
tengo un carro.

- Por una noche, en tu casa.
¡Quiero dormir en tu carro!

- Mire, señor,
tiene su casa.

Rafael Alberti, El Alba del Alhelí, 1927.


2 comentarios:

Andsha dijo...

te he ido leyendo y me gusta la selección de poemas y lo que escribes; el poema de Lorca "Oh, ciudad de los gitanos..." me emociona, es mi poeta favorito y esperaré ansiosa tu siguiente actualización, un saludo!

Alba dijo...

Precioso muestrario temático, para ir abriendo boca...la escogida de poemas está llena de lirismo, y me pregunto yo también, al ser norteña, por la relación entre estos "personajes" y la visión andaluza de la realidad. Un abrazo, he llegado a tu blog y me parece interesantísimo y hecho con un gusto exquisito. Te sigo y agradezco.