miércoles, 18 de abril de 2018

...y no sé cuándo vendrá

Una de las canciones que más solía cantar de niña, no me preguntéis porqué, era la de Mambrú se fue a la Guerra. Realmente no recuerdo si me la enseñaron en el colegio o en casa, pero mirad por dónde, me cayó en gracia y hoy en día aún la recuerdo y soy capaz de cantar al menos las primeras estrofas.



Me fascina el hecho de que sin saberlo reproduzcamos una costumbre tan propia de otros tiempos, de cuando surgió la primera poesía en español o de cuando se empezaron a culturizar las canciones populares en palacio. La literatura y la música se aúnan en estos poemas cantados, de tan fácil memorización por su rima y su métrica, por una musicalidad de romance y por la gesta y hazaña que en ellos se narra. 

Entonces las niñas y los niños cantaban la poesía en sus juegos, tal y como nosotra/os hacíamos, por ejemplo, en el patio del colegio (Que llueva, La calle lle, El Ciclista de Pega ...). Pero no solo la/os más pequeña/os, sino que también las mujeres cuando lavaban la ropa en el río y los hombres cuando iban por los caminos, en romerías y peregrinaciones, en festividades, etc.

Era su manera de contar historias, de expresar emociones y sentimientos que no podían ser dichos en voz alta, de vivir la sen(x)sualidad en una época en la que hasta respirar se consideraba pecado.

Me parece maravilloso que sin ni siquiera saberlo estuvieran reproduciendo literatura, poesía, pues eslla/os solo cantaban estas canciones de amor y de tristeza, de sensualidad y deseo, de guerra, de melancolía, de saudade... sin pretensión de estilo.

Esa es la poesía más primitiva, más pura, más esencialmente humana.

Bueno, pues resulta que el romance llegó con los conquistadores a las costas americanas, y encontramos la canción de Mambrú también en, por ejemplo, Chile y México.




Me parece muy interesante el planteamiento de Vicente T. Mendoza que señala que el corrido mexicano es una ramificación del romance español. Parece ser que literariamente quedan pocas dudas al respecto, pero musicalmente es más complicado demostrarlo. La hipótesis de la que parte Mendoza es de que los músicos mexicanos recurren normalmente a la tradición italiana, francesa, alemana, inglesa... de la canción, pero nunca efectúan en análisis morfológico de las danzas y cantos españoles, mucho más injertados en sus oídos*. 

Mario Benedetti le dedicó también un poema antibelicista a Mambrú:




...e incluso hay alguna canción en la que, afortunadamente, Mambrú no muere:



Os recomiendo, finalmente, que visitéis la maravillosa página de Joaquín Díaz, en la que encontraréis romances musicados y cantados.

Aunque actualmente me decantaría sin duda por cantar una y otra vez la albada o, por ejemplo, el Romance del prisionero, de niña me se me gravó en la más hondo esta y muchas otras canciones cuya letra de alguna manera ya entendía pero apenas comprendía. En otra entrada hablaré sobre esta última reflexión, pero quisiera terminar hoy con la conclusión de que, sin duda alguna, fue gracias a la musicalidad de estas canciones que empezó a sensibilizarse mi sentido del ritmo y mi curiosidad hacia la rima.






*El romance español y el corrido mexicano: estudio comparativo, Vicente T. Mendoza

miércoles, 21 de marzo de 2018

Hoy es el Día Mundial de la Poesía...

LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar filas para morir.

He de partir.

Pero arremete, ¡viajera!

Alejandra Pizarnik, Poesía Completa, 2007, Lumen, Barcelona




...y además ha llegado la primavera.

viernes, 9 de marzo de 2018

El Eterno Femenino en sororidad

Este es un homenaje a todas las mujeres. A todas las mujeres en sororidad. A todas las mujeres que me han precedido, que me rodean y que me sucederán.



La Vida de Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013.



Este es un homenaje a todas las mujeres que forman parte de mí. A todas las mujeres que están dentro de mí. A todas las mujeres que soy.






Este es un homenaje de una mujer a punto de cumplir 38 años. Hacia sí misma. Con todo lo que sabe. Con todo lo que desea. Con todo lo que se respeta. 



domingo, 4 de marzo de 2018

jueves, 22 de febrero de 2018

Gracias, Forges

Vivimos tiempos oscuros y difíciles. A quienes creemos en el poder del conocimiento y aspiramos a vivir en una sociedad más justa y equilibrada, respetuosa y agradecida con el medio que nos cobija, la Madre Tierra, que es nuestra propia casa, y en paz con los animales que nos rodean, en armonía con el Todo y con nosotr@s mism@s, muy lejos del utilitarismo materialistas, de la esclavitud, la tortura, el sufrimiento y el sadismo, se nos hace tan, tan difícil el aceptar que eso que llamamos humanidad (y a la cual pertenecemos también) esté tan, tan enferma. Decía Krishnamurti que no es sano encontrarse con una persona adaptada en una sociedad mortalmente enferma; uno de los problemas actuales, creo yo, es que funcionamos con piloto automático y vivimos una vida totalmente preconcebida y prefabricada; ¿por quién?: por quienes quieren que gastemos, hipotequemos, nos endeudemos y nos atemos al yugo del capitalismo pensando que somos libres. ¿Cómo sobrevivir ante tal fracaso de la libertad y el poder personal y social? Supongo que esa es una pregunta que merece la pena ser pensada por cada cual, pero también pienso que hay antídotos que nos pueden servir a (casi) tod@s. Y uno de ellos es la ironía, el ser capaces de reírnos del absurdo que nos rodea y de nosotr@s mism@s y nuestra propia estupidez, que es la de tod@s, pues tod@s somos la misma cosa. 



Reality Bites, Helen Childress, 1994



La ironía canaliza una emoción negativa y debilitante y consigue transformar el potencial destructor de la ira, la rabia, el miedo, la impotencia en creación, en arte, en inteligencia, modificando consciencias y moviendo a lo apolíneo de la risa, al distanciamiento emocional, permitiendo de tal manera una visión más clara del hecho o situación denunciada y permitiendo la acción más equilibrada y, por ende, el compromiso.





Antonio Fraguas, Forges, será siempre un maestro del humor negro y la ironía, usada magistralmente y con sobrada inteligencia. Sus dibujos dejan ver claramente que tras ellos late el pulso de un artista profundamente sensible y comprometido con sus semejantes, ya sean human@s, animales o el propio medio ambiente. Forges nos da un respiro, nos sonríe el café de la mañana, nos alienta de que por muy feo que esté todo, aún merece la pena seguir dibujando, escribiendo, componiendo, creando y luchando. Forges siempre creyó en la cultura, en el saber, en el poder del libro y el conocimiento y nunca reflejó al ser humano como superior a nada ni nadie (más bien al contrario).






Colorear la estupidez, la ignorancia e incultura, la falta de escrúpulos, el automatismo zombie de la sociedad actual... nos ayuda a tomar conciencia del lamentable panorama nacional y mundial, pero también nos viste de renovadas fuerzas para afrontar el día a día y poner en marcha nuestra propia creatividad cotidiana para sobrevivir con alegría y confianza en que no está todo perdido, le pese a quien le pese. 





Quizás Forges se ha ido cuando más necesitábamos de su arte, inteligencia y sensibilidad. Nos ha dejado un poquito más huérfan@s, tal y como sucedió cuando murieron Leonard Cohen y David Bowie. Pero siempre, siempre, y eso es tremendamente importante, podremos recurrir a sus viñetas porque, amig@s mí@s, la estupidez está condenada a desaparecer, pero el arte es eterno y sus autores y autoras también.