jueves, 15 de septiembre de 2016

Es caprichoso el azar

Vuelvo a escribir porque no sé hacer bien otra cosa...


...porque empiezo a pensar que Ítaca es tan solo un espejismo...



...porque necesito recuperar lo que nunca fue mío...



...porque a Usted, en obediencia*...






*A. Guzmán, Usted, Hiperión, Madrid, 2005.





jueves, 28 de agosto de 2014

La realidad aparte de Carlos y Alicia


(…)Tienes todo lo necesario para el viaje extravagante que es tu vida(…)

Relatos de Poder, Carlos Castaneda


A la hora de analizar los libros de Carlos Castaneda y Lewis Carroll, concretamente el que en este caso nos concierne, una se encuentra ante un aluvión de simbólicas posibilidades. Al crear mundos que se escapan de toda lógica racional -siguiendo un proceso compositivo, temática y estructuralmente coherente, completamente lógico, a expensas del crecimiento personal e intelectual del lector- las puertas abiertas a la interpretación resultan múltiples y diversas.  Es por ello que mi análisis va a resultar al fin y al cabo limitado, no es mi objetivo desmenuzar, comparativamente hablando, los universos de ambos autores, sino que voy a centrarme en algunos preceptos y símbolos que, bajo mi punto de vista, ambos comparten.

Sé que al retomar la lectura de estas historias, quizás transcurridos unos años, quién sabe, mi atención se centrará en otras claves, las mismas en las que ahora me fijo me parecerán diferentes y espero que la claridad con que las aborde sea mayor a la que ahora me guía. Precisamente de eso se trata, de dialogar con nuestros autores, de intercambiar experiencias e ideas, de crecer con ellos y gracias a ellos y a una misma. Empecemos, pues, nuestro viaje.





Carlos Castaneda y Lewis Carroll comparten como punto de partida el planteamiento de otros mundos o realidad aparte. Al ver la portada del libro y leer Alicia en el País de las Maravillas, Carroll nos sitúa en un universo alternativo y excepcional, en el que la magia, la sorpresa y el asombro regirán las andanzas de quien se aventure en él. En este caso, una niña, cuya individualización viene dada al ser su nombre protagonista del título. ¿Quién está en el País de las Maravillas? Alicia. Alicia y no otra persona. Es decir, tú, tú y nadie más. Nos invita entonces a una experiencia íntima e interior, que solo uno mismo puede vivir y experimentar.

No estamos, por ejemplo, ante un grupo de niños y niñas que se adentran en un armario para vivir la aventura de su vida, sino ante una sola persona, una extranjera en un mundo desconocido y maravilloso, con sus únicos recursos y cuestionable percepción. Es su propio camino de iniciación.


Carlos Castaneda también emprende y realiza su viaje iniciático como ente individual, pero a diferencia de Alicia, cuenta con la impagable ayuda de un chamán, que le guía a través de las insólitas situaciones que son el pan de cada día de esa realidad aparte. 

El crecimiento de ambos personajes se va forjando a lo largo de sus andanzas, conflictos, soledades…y la historia va adquiriendo sentido y coherencia a medida que los propios lectores vamos creciendo con ellos. Y una vez comprendemos, o creemos comprender, la intención de los autores.
Estamos, entonces, ante dos individualidades que emprenden un viaje iniciático: una niña y un adulto, que cuenta con la ayuda de un chamán.



Muy bien, pero, ¿qué es esa realidad aparte, ese País de las Maravillas? Mentiría si dijera que lo sé con certeza y me atrevo a señalar que, pese a la especulación literaria y psicológica, nadie es capaz de afirmarlo con rotundidad.

¿Es una experiencia onírica? ¿Es el subconsciente y sus símbolos? ¿Es una experiencia psicotrópica? ¿Es la sublimación artística del propio autor? Sea como sea, es una aproximación al mundo interior. Ese mundo interior sigue normas diferentes al exterior, pero necesita de una estructura lógica y coherente para ser entendido. Como veremos en la próxima entrada, ambos personajes hacen uso del ensueño, entre otras herramientas, para acceder a esa otra realidad. Realidad alternativa que, si bien se fundamenta , como acabo de señalar, en estructuras lógicas y coherentes, rompe con la propia lógica y coherencia de nuestro quehacer habitual, llegando incluso a la desestructuración del lenguaje como premisa fundamental de acceso a ese mundo o realidad aparte.




En todo caso, tanto en Carroll, como en Castaneda, nos encontramos ante una historia atemporal y universal, plagada de inquietudes y aprendizajes que, al fin y al cabo, nos hacen muy humanos

lunes, 14 de abril de 2014

El camino de Carlos y Alicia: Analogías entre Carlos Castaneda y Alicia en el País de las Maravillas

Leer a Carlos Castaneda es situarse ante una encrucijada de caminos extraños e inciertos, pero llegas a comprender que para cruzar el espejo debes empezar por dar pequeños pasos firmes, uno tras otro, con valor, respeto e intención. Pero primero es necesario reconocer que tras ese espejo fluyen realidades a parte, ese espejo en el que te reconoces pero no te subyugas a tu propia imagen. Si la niña Alicia hubiera partido de las enseñanzas de Don Juan Matus, bien en cuenta hubiera tenido las palabras del Conejo Blanco, la Oruga, el Gato de Chesire…y quizás el aprendizaje en el País de las Maravillas se habría desarrollado de manera más firme y menos angustiante.


Carlos Castaneda

No obstante, Alicia cayó en una madriguera, de forma accidental y sin intención alguna de atravesar la percepción habitual del mundo que nos rodea, a diferencia de Castaneda, que por voluntad propia y confiando en las palabras del chamán, decide acercare a Mescalito y transitar por la senda del conocimiento.




Una vez en el camino, no hay retorno. Es imposible ya ver las cosas tal y como se veían con anterioridad, y ambos deben enfrentarse a sus miedos, decisiones, crecimiento e ilusión. Discernir lo que es real de lo que no lo es llega a ser un reto. Sumidos en estados alterados de conciencia, Carlos y Alicia dan pasos hacia adelante y hacia atrás, se ven enormes y se ven insignificantes, se ahogan en una gota de agua, se creen gigantes, juegan y ríen, huyen y temen. Pero la diferencia fundamental entre ambos es la presencia del maestro, guía y mentor.



Mientras que Carlos Castaneda cuenta con la iniciación guiada del indio yaqui Don Juan Matus, Alicia se va encontrando con diferentes personajes-guía a lo largo de su camino. Asimilar y procesar las enseñanzas de estos últimos se vuelve, por tanto, mucho más complicado, puesto que la niña debe, en primer lugar, reconocer al maestro y entender que se trata de una enseñanza y, en segundo lugar, descifrar su significado e integrarlo en su crecimiento personal. 

Ahora bien, Alicia cuenta con el punto a su favor de ser una niña, lo que le permite contemplar esa realidad aparte con inocencia y cierta ingenuidad, cualidades imprescindibles a la hora de abrir la mente y romper con las reglas de la percepción habitual.



En las siguientes entradas voy a tratar de establecer una analogía entre los libros de Carlos de Castaneda y Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll.

¿Le damos pues un bocadito a una de esas setas?.


(...) Desde luego que me la voy a comer-pensó Alicia-. Si me hace crecer, podré llegar hasta la llave (...).

Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas, Madrid, Edelvives, 2011.


(...) El mundo que nos rodea es un misterio -dijo-. Y los hombres no son mejores que ninguna otra cosa. Si una plantita es generosa con nosotros, debemos darle las gracias, o quizá no nos deje ir (...).

Carlos Castaneda, Viaje a Ixtlán.

jueves, 6 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero y un millón de rosas

Leopoldo María Panero ha muerto, dicen.

Su poesía llegó a mi vida un verano y fue como un desgarro. Junto al delirio de los versos libres y la rima asonante, la más absoluta locura. Imágenes imposibles, terribles pesadillas e insólitas visiones, pero, entre tanta sombra y tanto dolor, la Pureza intacta, la Muerte de un blanco impoluto, el Silencio de la nieve.

En el obscuro jardín del manicomio
los locos maldicen a los hombres
las ratas afloran a la Cloaca Superior
buscando el beso de los Dementes.

Un loco de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina
sus canciones hablan de ángeles y cosas
que cuestan la vida al ojo humano
la vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una Princesa.

Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga
y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa.
Mañana morirá otro loco: 
de la sangre de sus ojos nadie sino la tumba
sabrá mañana nada.

El loquero sabe el sabor de mi orina
y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas
ello prueba que el destino de las ratas
es semejante al destino de los hombres.

Poemas del Manicomio de Mondragón (1978), en Poesía Completa (1970-2000), Madrid, Visor, 2006.



¿Quién fue el último de los Panero? Más allá de su imagen de poeta maldito, de outsider delirante, de escatólogico y dionísiaco aspirante del Parnaso, Panero tejió su tela de referencias literarias, cinematógraficas, mitológicas, históricas...construyó décadas de larguísimos poemas, introdujo y sirvió en bandeja el bagaje tremendamente cultural que en su mochila de desengaños arrastraba. Y no se lo puso fácil al lector.

LA MATANZA DEL DÍA DE SAN VALENTÍN

King-Kong asesinado. Como Zapata. ¿Por qué no, Maiacovsky? O incluso Pavese. La maldición. La noche de tormenta. Dies irae. La mentira de Goethe antes de morir. Las treinta monedas. La sombra del patíbulo. Marina Cvetaeva, tu epitafio serán las inmensas praderas cubiertas de nieve.

Así se fundó Carnaby Street (1979), en Poesía Completa (1970-2000), Madrid, Visor, 2006.




Leopoldo María Panero llama a las cosas por su nombre y es incómodo en un país de falsas razones y utilitarismo hueco. Huele la basura donde realmente no hay más que podredumbre, se mea en las togas  y el academicismo. Me pregunto porqué no ha sido un poeta más estudiado, más atendido, más nombrado por lo que es su Obra y no su Gracia. Porqué ha sido tan, tan, tan ignorado y arrinconado en los manuales y compilaciones.


LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPI

Fifteen men on the Dead Man´s Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!
Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el Mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio de Veracruz, y que este
país es cierto, este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era
Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
Que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
-ginebra y cerveza, por ejemplo-
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de póker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en Dulce pájaro de juventud
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras subre
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es 
como una sinfonía la música del acabamiento.
Como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchar de vino
tinto y sangre Le livre des masques de
Remy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol entre los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas
Fifteen men on the Dead Man´s Chest
Fifteen men on the Dead Man´s Chest
Yahoo! And a bottle of rum!

Last River Together (1980) en Poesía Completa (1970-2000), Madrid, Visor, 2006.




Pero, sobre todo, Panero es Poesía, a la que amaba y que para el poeta era sinónimo de Madre, de Michi, al que adoraba y lloraba, de Vida y Supervivencia. Leopoldo María Panero se exilió hace ya mucho tiempo, y su individualidad reside en cada poema.

A MI MADRE
(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que solo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve).

Poemas del Manicomio de Mondragón (1987), en Poesía Completa (1970-2000), Madrid, Visor, 2006.

En Leopoldo María Panero converge la poesía sucia, satánica e irreverente, con un transfondo terriblemente humano, junto a una vertiente más culta, amoldada a tradicionales moldes estéticos que en su caso pasan prácticamente desapercibidos por la originalidad del contenido. A momentos sus poemas son una travesía imposible, requiere de enfrentamientos a múltiples fantasmas y sombras del pasado. A otros momentos es una tempestad soez y malsonante. Siempre sorprendente. Siempre un reto a la inteligencia y cordura. Un desafío al buen burgués. 

INVOCACIÓN Y LECTURA

Del color de la vejez es el poema
que a la vida insulta y a los hombres increpa
llamándoles con voz de sirena hacia el desierto:
qué larga es hacia la nada la procesión de los hombres
con gritos y relinchos, y fuego en los dos ojos
y ceniza que cae señalando el camino
y alabando al abismo la página que escribo
y que se dobla y se tuerce entre tus manos.

Contra España y Otros Poemas No de Amor (1990), en Poesía Completa (1970-2000), Madrid, Visor, 2006.



Llevo ya años pegada a Leopoldo María Panero como a un árbol de vida. Espero que al fin haya podido comerse su bien merecida porción de rosas en los brazos de esta luna de marzo

No dejemos que muera nunca.

DUMBO

El elefante se elevó en el aire
ante el asombro
de todos los presentes.

Tarzán Traicionado (1967), en Poesía Completa (1970-2000), Madrid, Visor, 2006.


(Aquí tienes, Leopoldo, el chocolate que te prometí. Lo siento, te creí inmortal).

lunes, 10 de febrero de 2014

A falta de nieve, Patronio, almendros...

(...) Et preguntól el rey por qué llorava, et ella díxol que porque nunca la dexava estar en tierra que viesse nieve.

Et el rey, por le fazer plazer, fizo poner almendrales por toda la xierra de Córdova, porque, pues Córdova es tierra caliente et non nieva ý cada año, que en el febrero paresciessen los almendrales floridos, que semejan nieve, por le fazer perder el deseo de la nieve (...).

D. Juan Manuel, El Conde Lucanor, Barcelona, Crítica, 2010.








sábado, 8 de octubre de 2011

La Odisea de Angelopoulos*

* Basado en Alberó, P., Theo Angelopulos. La Mirada de Ulises, Barcelona, Paidós, 2000.

Ulises representa al peregrino, al ser humano en viaje iniciático, cuya Ítaca supone un regreso a los orígenes, pero, eso sí, con una madurez y un crecimiento adquiridos a través de los obstáculos superados durante el camino. Tras leer la Odisea (Homero) y ver La Mirada de Ulises (Theo Angelopoulos, 1995), pienso que el viaje del protagonista tiene un carácter iniciático, siendo a un mismo tiempo proceso de aprendizaje y reflexión sobre este proceso, ya que está superpuesto a la vida, es decir, tras su historia, solo existe la vida en tanto que existe el viaje, siendo precisamente ese viaje lo que da sentido a la vida.


Homero



Con el paso de los siglos, Homero y la Odisea han pervivido como referencias clave de la historia de la literatura, pero creo que en el cine de Angelopoulos se trasciende lo literario y lo formal para adentrarse en lo existencial, de tal manera que en su forma de mirar el mundo descubrimos el trazo homérico que dibuja unos personajes arquetípicos, sin ningún rasgo psicológico; de constitución noble, heroica, incapaces de renunciar a sus principios y objetivos; donde la sabiduría es patrimonio de la experiencia y la acción su valor supremo. Pienso también que, por encima de todo, aparece reflejado un sentido mítico y simbólico, globalizador, por lo que cualquiera como individuo puede sentirse identificado en el viaje.


La Mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, 1995.



Uno de los aspectos cuyo tratamiento me parecen más interesantes por parte del director es la relación A/Penélope, ya que, a diferencia de Homero, Angelopoulos propone una despedida eterna, la imposibilidad del reencuentro, en pos del propio conocimiento. Ahora bien, creo que nos encontramos, pese a ello, ante un amor eterno, constante, ya que Penélope es recordada cuando A consigue alcanzar su Ítaca personal, y con ella está dispuesto a compartir el conocimiento adquirido, pese a la distancia que conscientemente los separa.

El hecho de que aparezca reflejado el eterno femenino en las cuatro mujeres que forman parte del camino de A me parece también sumamente interesante, puesto que pienso que es reflejo del componente femenino como motor que mueve el mundo. Por otro lado, veo también reflejado en ello el amor de A hacia Penélope, pues, al ser interpretados los cuatro personajes por la misma actriz, no ve en las otras mujeres sino el reflejo de aquella a quien ama. O, quizás, todas a las que el protagonista ama no sean sino diferentes matices de una misma mujer.



La Mirada de Ulises, Theo Angelopoulos, 1995.


Por otro lado, me parece sumamente acertado el motivo principal del viaje emprendido por A: recuperar la Inocencia o, lo que es lo mismo, llegar hasta la primera mirada, en un momento del ciclo vital en que el protagonista está ciego. El dolor, la destrucción, sirven al viajero para realizar un proceso de purificación, a través del cual uno se vuelve más pequeño, más humilde, más esencial. A partir de ahí, la mirada se renueva y, si bien es cierto que la tristeza no desaparece, lo superfluo queda relegado a un segundo plano.

Por lo tanto, pienso que La Mirada de Ulises es una película completamente humana, entendiendo como tal el tratamiento que el director hace del mito y los arquetipos, aplicable a la experiencia de cualquier indiviudo y, por tanto, esencial para entender, no solo al mundo que nos rodea, puesto que estos forman parte de la colectividad, sino a uno mismo y al viaje personal sin fin hacia el autoconocimiento.


Theo Angelopoulos




PEREGRINO

¿Volver? Vuelva el que tenga,

Tras largos años, tras un largo viaje,

Cansancio del camino y la codicia

de su tierra, su casa, sus amigos,

Del amor que al regreso fiel le espere.


Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,

Sino seguir libre adelante,

Disponible por siempre, mozo o viejo,

Sin hijo que te busque, como a Ulises,

Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.


Sigue, sigue adelante y no regreses,

Fiel hasta el fin del camino y tu vida,

No eches de menos un destino más fácil,

Tus pies sobre la tierra antes no hollada,

Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Cernuda, L., Desolación de la Quimera (1962), en Las Nubes. Desolación de la Quimera, Madrid, Cátedra, 2003.

martes, 26 de julio de 2011

La Mujer Desde la Mujer III

Uno de los mitos sexistas más extendidos y resistentes al cambio es el que apunta hacia la maternidad como realización natural de la mujer. Si bien es cierto que no puede negarse el deseo de ser madre y el hecho que, en muchos casos, la maternidad suponga una realización personal importante, hay que tener en cuenta también que sexo femenino no significa instinto maternal per se. ¿El llamado instinto maternal es deseo libre de la mujer o es imposición social por el hecho de ser mujer?.

Al mismo tiempo, es necesario tener bien presente que la mujer, al igual que el hombre, es libre en su poder de decisión y son muchos los planos que pueden conducir a que esta se sienta plenamente realizada, más allá del acto de ser madre e incluso excluyendo este hecho.

Pero este mito es tan resistente y está tan fuertemente arraigado, que cuando una nace mujer, la sociedad espera de ella que sea madre, teniendo lugar una presión implícita, y frecuentemente también explícita, en cada paso que una toma. Sin darse cuenta del todo, la mujer está socialmente predestinada a ser madre por el simple hecho de nacer mujer.

La cultura y sociedad androcéntrica y patriarcal es tan impositiva en este y muchos otros hechos, que puede convertir la vida de una mujer sin hijos en una verdadera pesadilla.


MUJER SIN HIJOS

El útero

sacude su vagina, la luna

se vacía desde el árbol sin rumbo fijo.

Mi paisaje es una mano sin líneas,

las sendas se arraciman anudándose,

el nudo mismo,


yo, la rosa que consigues:

este cuerpo,

este marfil


divino cual lloro de niño.

Arácnida, yo, hilo espejos,

fiel a mi imagen,

manando solamente sangre:

¡degústala, rojo mate!

Y mi floresta


mi funeral,

y esta colina u estotra

luciente de cadaverinas bocas.

Plath, Silvia, Antología, Madrid, ed. deJesús Pardo, Visor de Poesía, 2003.






Por otro lado, es innegable que el hecho de ser madre puede, y atención con ese puede porque no siempre es así, suponer una realización personal importante. Y es intersante en este punto tener en cuenta que la mujer convive nueve meses con el feto, siendo este parte inseparable de su propio cuerpo. Por tanto se produce algo que el hombre nunca podrá llegar a vivir o comprender del todo: crear o dar a luz una parte del propio ser, un mismo latido. Si además este acontecimiento es sublimado y mitificado por la sociedad y convertido en finalidad propia del sexo femenino, resulta comprensible que el aborto sea configurado como tabú y una de las más grandes desgracias que la mujer pueda vivir.


Se desprendió mi sangre para formar tu cuerpo.
Se repartió mi alma para formar tu alma.
Y fueron nueve lunas y fue toda una angustia
de días sin reposo y noches desveladas.
Y fue en la hora de verte que te perdí sin verte.
¿De qué color tus ojos, tu cabello, tu sombra?
Mi corazón que es cuan que en secreto te guarda,
porque sabe que fuiste y te llevó en la vida,
te seguirá meciendo hasta el fin de mis horas.
Méndez, Concha, Niño y Sombra (1936), en Poetas del 27. La Generación y su Entorno. Antología Comentada, Madrid, Austral, 2007.





Como señalaba antes, la maternidad supone un acontecimiento biológico para la mujer, según el cual su cuerpo cambia y se producen cambios hormonales y psicológicos que en el hombre no tienen lugar. Sí es cierto que el hombre o miembro de la pareja que no participa de la gestación se prepara mentalmente para el proceso de embarazo y posterior paternidad, pero la mujer va creando toda una serie de vínculos naturales con el feto, puesto que no solo lo transporta, sino que además lo alimenta, lo protege, y este es a ella a quien más cerca siente y al cuerpo de su madre al que se habitúa y toma como morada.

Pero desengañémonos, no siempre el embarazo es placentero para la mujer. En muchas ocasiones esta se siente extraña a sí misma, arrebatada, con náuseas, pesada, apática y, una vez nacido el niño o la niña, vacía. Otras veces no. De la misma manera, unas están dispuestas a dar el pecho al bebé y otras no. Sin ser mejores o peores madres. Simplemente, haciendo uso de su libertad como mujeres.


DANDO EL PECHO

Al cogerla tengo que tener cuidado.

Es como tratar de cargar un montoncito de agua

sin que se derrame.

Me siento en la mecedora

la acuno,

y al primer quejido,

empiezo a dar leche como vaca tranquila.

Ella vuelve a ser mía,

pegadita a mí,

dependiendo de mí

como cuando solo yo la conocía

y vivía en mi vientre.

Belli, Gioconda, Escándalo de Miel, Barcelona, Seix Barral, 2011.





En conclusión, biológicamente mujeres y hombres somos diferentes, y el proceso de maternidad forma parte de esa diferencia biológica, ahora bien, sobre todas las cosas está la libertad de elección y el hecho de nacer con órganos sexuales femeninos no debe condicionar, de ninguna manera, la opción escogida o forma de autorrealización de ninguna mujer. No nacemos para ser madres. Nacemos para ser la persona que cada una queremos ser.


(...) En los remolinos del noviazgo perdí la virginidad, que nunca he podido entender por qué se considera una pérdida lo que es una ganancia, en un Sinca 1000, como en la canción que hizo furor pocos años después. Aquel suceso no lo viví como un descubrimiento gozoso, sino como una especie de obligación para con mi novio, a la que accedí gustosa, sin duda, pero que luego me produciría muchas culpabilizaciones y remordimientos. Pensaba entonces que a partir de aquello nadie me iba a querer ni a valorar, porque había dejado de ser virge, y ese pensamiento, que no se me iba de la cabeza, me llenaba de congoja. Me habían educado así y eran conceptos morales que tenía grabados a fuego en el cerebro y que me costaría mucho esfuerzo y contratiempos quitarme de encima. Cuando no se sabe nada de la vida, ni se conocen otras cosas que las que te han inculcado desde los prejuicios más rancios, una situación así puede llegar a ser muy incómoda y no tiene otra salida decente que la iglesia (...).

Dómiza Zara, Dómina Zara: Soy un Sueño. Memorias, Barcelona, Plaza y Janés, 2005.



Dómina Zara