viernes, 8 de marzo de 2019

Al menos flores, al menos cantos...*

Una huelga donde nazca el silencio
para oír los pasos
del tirano que se marcha.

Poema Huelga, Gioconda Belli, en Escándalo de Miel







LA VIDA ME DEMANDA OTRO ROSTRO

La vida me demanda otro rostro,
otra postura
el vaivén de los años
los escollos
las rocas
me han dejado la piel expuesta a la sal
Dentro de mí se acomodan las palabras
y las emociones
para un mundo que se ha hecho viejo
y desdentado
Cuesta abandonar el oasis
al que uno soñaba llegar
Mirar el entramado de
las pasiones humanas
y aprender que nadie está a salvo
de la iniquidad
Es en el desvelo
y las pesadillas
donde yace el misterio
que no resuelven las revoluciones
ni las utopías
El lado oscuro del alma
es tan cierto como su luminosidad
y sus laberintos son grutas
donde las almejas y los cangrejos
esconden sus pinzas rosadas
prestas para el mordisco de la sobrevivencia
Tantos años he querido
interpretar el mundo como un proyecto inacabado
de Paraíso Terrenal.
Mis lecturas de libros amables
la nobleza de mis ancestros
mi infancia plácida
no me prepararon para lo inicuo
lo informe, el desafío de los entuertos.

Como la luna
he sido horadada por una lluvia constante de meteoritos
Me pesan las vendas en los ojos
y las sonrisas sostenidas a punta de fe
Me pesa la confianza
como una ceguera fácil y sin profundidad

Para esto me servirá la madurez
para adentrarme más allá del verdor
y ver y amar sin miedo la totalidad:
la podredumbre
igual que la gloria.

La vida me demanda otro rostro
Quitarme la máscara de infancia
Gritar.

Gioconda Belli, Escándalo de Miel, Barcelona, Seix Barral, 2011.





*Versos traducidos del náhuatl y citados por Gioconda Belli en el poema Quedará de Nosotros.

sábado, 16 de febrero de 2019

Las nínfulas no son vuestras lolitas

¿Tienes miedo de los cazadores de mariposas?

Ni siquiera sé volar

El Funeral de Lolita, Luna Miguel




La Lolita de Nabokov es quizás el libro que más veces he empezado y jamás he sido capaz de terminar. Aunque me fascina su prosa, su elegancia y la belleza de sus palabras, intuyo algo sórdido y oscuro tras sus líneas, la historia de un tremendo abuso que Luna Miguel explicita en su primera novela, El Funeral de Lolita. Y lo hace con una prosa ligera cargada de dureza, experiencias y poesía. 


(...) Mano de viejo mancha el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Mis manos están manchadas.
Mi cuello está manchado.
Tus labios son tan finos como tus dientes que pinchan.
Tu barba raspándome.
Tu barba crujiente.

Mano de viejo: es tu mano de tiza sobre mi cuerpo.
Cuerpo juvenil: soy yo escondida.
Si intenta acariciarlo: no pudo, una mujer llegó.

Cobarde.

Eres un cobarde (...)*








Una de las cosas que más me han llamado la atención del libro de Luna Miguel es cómo podemos sentirnos identificadas con la protagonista, porque, ¿quién de entre todas las solitarias nínfulas no se ha enamorado de un profesor (de literatura)?. Cualquiera de nosotras es Helena, la protagonista, y siente lo que ella siente, actúa como ella actúa y duda como ella duda. Y cualquiera de ellos es Roberto, el profesor, y sabe tanto (o más) como él sabe, y arroja salvavidas de conocimiento cuando todo lo demás falla, pero no actúa como él actúa, ni abusa como él abusa. Y ahí reside la diferencia. 


(...)Leo a Charles Baudelaire porque él lo ha mencionado en clase (...)

(...) Si yo tengo quince años y él treinta y nueve, entonces nos llevamos veinticuatro. No es tanto. Si es verdad lo que nos dijo en clase de que lee más de ocho libros al mes, eso significa que al año leerá como cien. Si dice que empezó a leer novelas en la universidad, a los diecinueve , ya ha leído unos dos mil libros.
Me quedan dos mil putos libros por delante.
¿Le alcanzaré? (...).


Nabokov tiene la genial capacidad de transformar en poesía lo que en cualquiera de vosotros es vulgaridad, pederastia y agresión, normalizada bajo el mito de la mal entendida lolita en una sociedad patriarcal y carente de inteligencia y sensibilidad activas. 

¿A qué me refiero con mal entendida lolita? Pues sencillamente al hecho de que no es la niña quien seduce al profesor, como popularmente se interpreta, a conveniencia del sexomaníaco patriarcado abusador, perezoso y machista, sino que es el profesor quien se aprovecha de la vulnerabilidad y admiración de la niña para manipularla, usarla, abusar de ella y, en fin, erotizarla y transformarla en un objeto para la satisfacción de sus más perversos deseos y frustradas pulsiones. 

Podéis leer lo molesto que se sintió Nabokov por la mala interpretación de su novela  aquí.


(...)El orgasmo, como la muerte, deja el corazón vacío(...).



Lolita, S. Kubrick,1962


Navokob escribió sobre un abuso, desde la perspectiva del abusador y con genialidad, belleza e inteligencia. Y vosotros lo interpretasteis a vuestra conveniencia. Podríamos hacer un estudio sobre cuántos de vosotros habéis jugado en vuestras insípidas fantasías con las lolitas sin haber leído Lolita, pero me temo que es un tema carente de interés, puesto que de cada vez se está poniendo más en evidencia lo poco que vuestras fantasías nos interesan: a las niñas jóvenes no les gustáis porque os ven viejos, enteraos de una vez. Lo que les seduce es la inteligencia, el conocimiento, el vocabulario que ni la mitad de vosotros tenéis, así que, por favor, dejad de hacer ya el ridículo. Y si lo tenéis asumid la responsabilidad de vuestros actos.



Lolita, A. Lyne, 1997



Luna Miguel pone voz a la víctima, a la adolescente usada y abusada, con crudeza, pero también con muchísima belleza. Porque Luna Miguel lee, y escribe, y siente y capta lo esencial, la verdad, lo que importa. Luna Miguel escribe empáticamente y con inteligencia y no necesita ser una nínfula porque se basta a ella misma. 

De hecho, ninguna de nosotras necesitamos ser nínfulas, ni lolitas, ni femme fatale, ni donna angelicata, ni ninguna de vuestras fantasías....

...porque nos bastamos a nosotras mismas.


(...) Cada vez que su abuela sacudía aquellas largas telas verdes, el aire de la casa se impregnaba de un frescor inaudito. Como si dentro de aquellas paredes hubiera ahora más vida. ¿De dónde había sacado aquel bálsamo? ¿Por qué nadie la había dicho antes que la solución a todos sus duelos residía en el batir de una sábana contra la luz del sol? (...)




Fotografía de Cristina García Rodero. Leed esta maravillosa entrada del blog La Escuela de los Domingos.


*Todos los extractos de esta entrada pertenecen al libro El Funeral de Lolita, de Luna Miguel, Barcelona, Lumen, 2018.

jueves, 10 de enero de 2019

Y se hizo la farola para el flâneur, el dandi y el boulevard en el París de Baudelaire


Baudelaire nace en un contexto social y político en el que imperan grandes ideales y continuos y convulsos cambios sociales. Es el momento de las revoluciones, del surgimiento de los sindicatos, del sufragio universal, de la creación del partido socialista… Así como de la invención del automóvil, del cine… Vemos pues dos aspectos importantes del momento histórico en que nace el poeta: por un lado el ensalzamiento de grandes ideales y revueltas sociales y por el otro la rapidez con la que avanza y transcurre la vida moderna.

Es importante además tener en cuenta que París es en el siglo XIX y principios del siglo XX capital por excelencia de las nuevas corrientes estéticas europeas. Si bien es cierto que el Romanticismo puede fijar su origen como movimiento en Alemania, el Modernismo tendrá como referente europeo la capital francesa. Desde ahí se propagarán las nuevas ideas estéticas y una forma desafiante de vivir la vida. Lo vemos en la pose y la vida bohemia de tantos artistas y poetas malditos, hijos del Romanticismo pero con nuevos ideales más afines a la marginalidad de las drogas y los paraísos artificiales, a la asiduidad a los prostíbulos y los seres de la noche, lejos de la seguridad del hogar y la familia tradicional.




Gautier, Moreau y Rimbaud en el Club des Haschischins



Baudelaire solía reunirse en París, concretamente en el Hotel Pimodan, antigua residencia de los duques de Lauzun, con varios artistas, tales como el escritor T. Gautier, el pintor, crítico de arte y violinista Boissard y R. de Beauvoir, un rico aficionado a las letras.  Acudían también artistas, actores, literatos… Se trataba del llamado Club des Haschischins (1843). Estas reuniones eran propias de fin de siglo y en ellas se trataban temas políticos y estéticos, suponiendo además un medio social de exploración de paraísos artificiales y refugio ante la fealdad del mundo. Así, Baudelaire prueba en estas reuniones por primera vez el hachís, ya que se había establecido en dicho hotel una especie de club de aficionados a este producto. El consumo de opio será otro de los eventos propios de este siglo, paraíso artificial que permite al artista abandonar el pensamiento racional y sumirse en la inspiración onírica e introspectiva.


(...) Cuando se recolecta el cáñamo, se producen ciertos fenómenos extraños en la persona de los trabajadores, hombres y mujeres. Se diría que emana de las mieses no sé qué espíritu vertiginoso, que circula alrededor de las piernas y asciende maliciosamente hasta el cerebro. La cabeza del segador se llena de torbellinos y a veces también de sueño. Los miembros se debilitan y se niegan a responder. Por otra parte, cuando era niño y jugaba y me revolcaba en los montones de alfalfa, también me sucedieron fenómenos similares (...).
C. Baudelaire, Los Paraísos Artificiales/ El Vino y el Hachís/ La FanfarloMadrid, Edimat, 2010.



El dandi, cuyo origen es inglés, se transforma en Baudelaire en el símbolo mismo del Artista. El dandi se distingue de sus semejantes por el traje, por una actitud estoica y por un porte escultórico, casi mecánico. Pero lo importante es que se distingue y, por lo tanto, es distinguido.  Se trata del refinamiento  de la figura del detective, muy relacionado con el flâneur o paseante, y como es lógico, esta operación solo es posible en un medio adecuado, y ese medio es la población de una gran ciudad. Por lo tanto, el dandi utiliza el porte y la elegancia material como símbolo de la superioridad aristocrática de su espíritu.





Baudelaire expone su teoría del dandi en La Fanfarlo (1847) y Le Peintre de la Vie Moderne (1863), canto de amor al diletantismo y la pereza, a una moral de la inutilidad, que alcanzan su máxima expresión en la palabra Spleen. Spleen como máximo aburrimiento, como tedio vital.


(...) Samuel tenía una imaginación depravada y quizás por eso el amor era para él una cuestión no tanto de los sentidos como de la razón. Ante todo, era el ansia y la admiración de lo bello; consideraba que la reproducción era un defecto del amor y el embarazo una enfermedad propia de la araña. Una vez escribió que los ángeles son estériles y hermafroditas. Le gustaba el cuerpo humano como materia armónica, como una hermosa arquitectura dotada de movimiento, y ese materialismo absoluto no distaba mucho del más puro idealismo. Pero como en la belleza, que es la causa del amor, hay, según él, dos elementos -la línea y el atractivo-, consideraba, al menos aquella noche, que el atractivo era el colorete (...).
C., Baudelaire, Los paraísos artificiales. El vino y el hachís. La fanfarlo, Madrid, Edimat, 2010.


Para el poeta, que nunca salió de la ciudad, París es concebida como una selva, en cuyas calles se encuentran fieras peligrosas. Y es, por supuesto, una fuente perfecta de spleen. El artista moderno busca una salvación para este tedio. La salvación serán los paraísos artificiales.


(...) La alcoba de la Fanfarlo era, pues, muy pequeña, con el techo bajo, y estaba llena de cosas mullidas, perfumadas y frágiles al tacto. El aire, cargado de singulares miasmas, inspiraba el deseo de morir allí, como en un invernadero. La claridad de la lámpara jugaba con el montón de encajes y de tejidos de colores vivos pero equívocos. Aquí y allá, sobre la pared, iluminaba unas pinturas impregnadas de voluptuosidad española: carnes muy blancas sobre fondos muy oscuros. Del fondo de ese cuartito encantador, que parecía a un tiempo un lugar de mala nota y un santuario, Samuel vio avanzar hacia él a la nueva diosa de su corazón, en el esplendor radiante y sagrado de su desnudez (...).
C., Baudelaire, Los paraísos artificiales. El vino y el hachís. La fanfarlo, Madrid, Edimat, 2010.



Joven Decadente, Ramón Casas, 1899.


Por lo tanto, Baudelaire, puente entre los artistas románticos y los modernos, presenta una visión luciferina de la salvación. El Artista, para superar la utilidad y el tedio, la mediocre moral burguesa, debe descender hacia Satanás y encontrar el Paraíso, al cual llegará a través de la diferenciación de la masa (dandismo, bohemia), del sexo y las mujeres y de las fórmulas próximas a la locura, como son el vino y las drogas. 

Entre los escritores del siglo XIX no encontramos en Francia ninguna visión que mire cara a cara al París del desarrollo industrial. Nunca aparece como la metrópoli industrial que ya era, sino como un escenario lujoso y anticuado en el que se mueven los fantasmas del Antiguo Régimen: el joven de provincias, los aristócratas, los pícaros, los arribistas, los financieros criminales, los periodistas canallas, las prostitutas ambiciosas… Baudelaire es el primero que concibe la metrópolis, y la masa anónima a ella unida, como un objeto artístico.

El primer texto en el que Baudelaire reflexiona sobre el anonimato de las masas ciudadanas y las incluye como elementos del poema se encuentra en Mon coeur mis à un (1855/66). Sin duda, en su comprensión lírica jugó un papel esencial su experiencia durante la revolución de 1848.


     Boulevard Saint-Denis in Paris, Jean Bero


El artista de la vida moderna es un intérprete de las masas que, habiendo reconocido la sustancia anónima e insignificante de las mismas, las dota de una significación efímera y cambiante. El flâneur es el paseante, el desocupado que se deja llevar por la masa y se embriaga de anonimato para llegar hasta el significado del instante fugitivo. ¿Y qué mejor sitio para conseguirlo que el bulevar?



A UNA TRANSEUNTE

La calle aturdidora en torno de mí aullaba.
Alta, delgada, de luto, dolor majestuoso,
una mujer pasó, y con gesto fastuoso,
recogía las puntillas que su andar balanceaba.

Ágil y  noble, con es pierna escultórica,
como un loco crispado, yo bebí
en su pupila, cielo preñado de tormenta,
placer mortal y a un tiempo fascinante dulzura.

Un relámpago...¡luego la noche! Fugitiva belleza
cuya mirada me ha hecho de repente renacer,
¿no volveré a verte hasta la eternidad?

¡Lejos de aquí! ¡Demasiado tarde! ¡Jamás puede ser!
Pues ignoro dónde vas y no sabes a dónde voy,
¡tú, a quien hubiera amado, tú que lo comprendiste!

C., Baudelaire, Las flores del mal, Barcelona, Ed. Óptima, 1998.



Los pasajes son una nueva invención del lujo industrial, fuente importante de callejeo. Son una especie de mundo en miniatura, una cosa intermedia entre la calle y el interior, en los que se suceden las tiendas más elegantes y entra la luz desde arriba.

Desde la Revolución francesa una extensa red de controles había ido coartando cada vez con más fuerza a la vida burguesa. La numeración de las casas en la gran ciudad da un apoyo muy útil al progreso de la normatización. La administración napoleónica la había hecho obligatoria para París en 1805, aunque en los barrios proletarios esta medida tropezara con resistencias. Baudelaire se encontraba tan perjudicado por ello como el resto, y huyendo de los acreedores, se afilió a cafés y a círculos de lectores. Se dio el caso de que habitaba a la vez dos domicilios, pero en los días en que la renta estaba pendiente pernoctaba en un tercero, con amigos. De hecho, entre 1842 y 1858 se cuentan catorce direcciones parisinas del poeta.







Resulta asimismo interesante el hecho de que bajo Napoleón III, durante el florecimiento del Segundo Imperio, crece rápidamente el número de las farolas de gas en París, lo cual aumenta la seguridad en la ciudad. También permite que los comercios no cierren antes de las diez de la noche.

El Baudelaire de los últimos años no pudo pasear  con frecuencia por las calles parisinas. Sus acreedores le perseguían, se anunciaba la enfermedad, y a todo ello se añadían las desavenencias con sus amantes.



EL CREPÚSCULO DE LA TARDE

He aquí la noche, amiga del criminal;
viene como un cómplice, con paso de lobo; el cielo
como una gran alcoba se cierra lentamente,
y se transforma en fiera el hombre impaciente.
¡Oh, noche, amable noche, deseada por aquellos
cuyos brazos pueden decir: en la jornada
de hoy hemos trabajado! -La noche es quien serena
las almas que devora una salvaje pena,
al obstinado sabio cuya frente se agacha,
y al obrero encorvado que a su morada regresa.

Los malsanos demonios, mientras, en el ambiente,
como hombres de negocios despiertan con torpeza,
y postigos y ventanas golpean al volar.
A través de la luz que el viento hace oscilar
en las aceras se enciende la prostitución;
como gran hormiguero abre sus madrigueras;
para todo se abre un secreto camino,
como el enemigo que trama el ataque,
y se remueve en el seno de la ciudad de fango,
como gusano que hura al hombre la comida.
Aquí y allí se oye el silbar de las cocinas,
los teatros trepidar, las orquestas roncar;
las mesas públicas donde triunfa el juego,
llenas de rameras, y se ven ladrones
cuyo trabajo no tiene tregua,
forzando puertas y cajas fuertes escondidas,
para vivir un tiempo y pagar sus queridas.

Recógete, alma mía, en este grave momento,
y cierra tus oídos a este desbordamiento. 
¡Es la hora en que se agravan los enfermos!
La oscura Noche los coge la garganta; terminan
su destino y se dirigen hacia el común abismo;
el hospital se llena de suspiros. -No volverán
a buscar la sopa perfumada,
junto al fuego, de noche, cerca de un alma amada.

Aun la mayor parte de ellos no han conocido
la dulzura de un hogar y jamás han vivido.

Baudelaire, C., Las flores del mal, Barcelona, Ed. Óptima, 1998.




miércoles, 21 de marzo de 2018

Hoy es el Día Mundial de la Poesía...

LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar filas para morir.

He de partir.

Pero arremete, ¡viajera!

Alejandra Pizarnik, Poesía Completa, 2007, Lumen, Barcelona




...y además ha llegado la primavera.

viernes, 9 de marzo de 2018

El Eterno Femenino en sororidad

Este es un homenaje a todas las mujeres. A todas las mujeres en sororidad. A todas las mujeres que me han precedido, que me rodean y que me sucederán.



La Vida de Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013.



Este es un homenaje a todas las mujeres que forman parte de mí. A todas las mujeres que están dentro de mí. A todas las mujeres que soy.






Este es un homenaje de una mujer a punto de cumplir 38 años. Hacia sí misma. Con todo lo que sabe. Con todo lo que desea. Con todo lo que se respeta. 



domingo, 4 de marzo de 2018

jueves, 22 de febrero de 2018

Gracias, Forges

Vivimos tiempos oscuros y difíciles. A quienes creemos en el poder del conocimiento y aspiramos a vivir en una sociedad más justa y equilibrada, respetuosa y agradecida con el medio que nos cobija, la Madre Tierra, que es nuestra propia casa, y en paz con los animales que nos rodean, en armonía con el Todo y con nosotr@s mism@s, muy lejos del utilitarismo materialistas, de la esclavitud, la tortura, el sufrimiento y el sadismo, se nos hace tan, tan difícil el aceptar que eso que llamamos humanidad (y a la cual pertenecemos también) esté tan, tan enferma. Decía Krishnamurti que no es sano encontrarse con una persona adaptada en una sociedad mortalmente enferma; uno de los problemas actuales, creo yo, es que funcionamos con piloto automático y vivimos una vida totalmente preconcebida y prefabricada; ¿por quién?: por quienes quieren que gastemos, hipotequemos, nos endeudemos y nos atemos al yugo del capitalismo pensando que somos libres. ¿Cómo sobrevivir ante tal fracaso de la libertad y el poder personal y social? Supongo que esa es una pregunta que merece la pena ser pensada por cada cual, pero también pienso que hay antídotos que nos pueden servir a (casi) tod@s. Y uno de ellos es la ironía, el ser capaces de reírnos del absurdo que nos rodea y de nosotr@s mism@s y nuestra propia estupidez, que es la de tod@s, pues tod@s somos la misma cosa. 



Reality Bites, Helen Childress, 1994



La ironía canaliza una emoción negativa y debilitante y consigue transformar el potencial destructor de la ira, la rabia, el miedo, la impotencia en creación, en arte, en inteligencia, modificando consciencias y moviendo a lo apolíneo de la risa, al distanciamiento emocional, permitiendo de tal manera una visión más clara del hecho o situación denunciada y permitiendo la acción más equilibrada y, por ende, el compromiso.





Antonio Fraguas, Forges, será siempre un maestro del humor negro y la ironía, usada magistralmente y con sobrada inteligencia. Sus dibujos dejan ver claramente que tras ellos late el pulso de un artista profundamente sensible y comprometido con sus semejantes, ya sean human@s, animales o el propio medio ambiente. Forges nos da un respiro, nos sonríe el café de la mañana, nos alienta de que por muy feo que esté todo, aún merece la pena seguir dibujando, escribiendo, componiendo, creando y luchando. Forges siempre creyó en la cultura, en el saber, en el poder del libro y el conocimiento y nunca reflejó al ser humano como superior a nada ni nadie (más bien al contrario).






Colorear la estupidez, la ignorancia e incultura, la falta de escrúpulos, el automatismo zombie de la sociedad actual... nos ayuda a tomar conciencia del lamentable panorama nacional y mundial, pero también nos viste de renovadas fuerzas para afrontar el día a día y poner en marcha nuestra propia creatividad cotidiana para sobrevivir con alegría y confianza en que no está todo perdido, le pese a quien le pese. 





Quizás Forges se ha ido cuando más necesitábamos de su arte, inteligencia y sensibilidad. Nos ha dejado un poquito más huérfan@s, tal y como sucedió cuando murieron Leonard Cohen y David Bowie. Pero siempre, siempre, y eso es tremendamente importante, podremos recurrir a sus viñetas porque, amig@s mí@s, la estupidez está condenada a desaparecer, pero el arte es eterno y sus autores y autoras también.