viernes, 20 de noviembre de 2009

Confesiones de una alumna aplicada II

Siguiendo el hilo de la entrada anterior, centrada en la labor del poeta y su reconocimiento como tal, voy a exponer en ésta una pequeña disertación sobre el estudio freudiano del poeta, haciendo referencia textual a la obra de David Viñas, Historia de la Crítica Literaria, publicada por Ariel. Aunque no soy demasiado partidaria del psicoanálisis, sí me parece interesante tener en cuenta ciertas reflexiones que Freud llevó a cabo en el plano del arte, siempre con la precaución de no tomarlas como rígidos postulados, sino como lo que en realidad son, teorizaciones o, si se quiere, constructos filosóficos. Quede claro, pues, que continuamos en el plano filosófico y en ninguna manera en el psicológico, ya que psicoanálisis y psicología no son equiparables debido al ámbito experimental que hace que esta última sea considerada una ciencia.
Freud relaciona la creatividad artística con la realización de deseos inconscientes y con la compensación de frustraciones internas, y estudia los mecanismos de la creatividad poniéndolos en relación con los mecanismos que actúan en los sueños y en los síntomas psiconeuróticos. En este punto es importante el concepto de sublimación, que es uno de los mecanismos de defensa de que dispone el Yo. La sublimación permite estudiar ciertas actividades humanas aparentemente desligadas de la sexualidad, pero cuyo origen se encuentra justo en la pulsiónsexual. Lo que la sublimación haces es transformar la pulsión sexual en una fuerza no sexual que se orienta hacia actividades humanas elevadas, socialmente muy estimables, como son la actividad artística y la investigación intelectual. Dado que, para Freud, nuestra cultura descansa totalmente en la coerción de los instintos, los sexuales son desviados a veces hacia actividades de otra naturaleza, aunque conservando toda su intensidad. En este desvío consiste precisamente la sublimación, mecanismo de defensa al que, según Freud, se deben algunos de los más importantes aportes culturales. Lo que en definitiva viene a decir Freud es que una manera de hacer frente a los deseos que no podemos realizar porque el principio de placer entra en conflicto con el principio de realidad consiste en sublimarlos, es decir, orientarlos hacia un fin de mayor valor social.

UNAS PALABRAS PARA PETER PAN

"No puedo ir ya contigo, Peter. He olvidado volar
y....
Wendy se levantó y encendió la luz: él lanzó un grito de dolor..."
James Matthew Barrie: Peter Pan


Pero conoceremos otras primaveras, cruzarán el cielo otros nombres -Jane, Margaret-. El desvío en la ruta, la visita a la Isla-Que-No-Existe, está previsto en el itinerario. Cruzarán el cielo otros nombres hasta ser llamados, uno tras otro, por la voz de la señora Darling (el barco pirata naufraga, Campanilla cae al suelo sin un grito, los Niños Extraviados vuelven el rostro a sus esposas o toman sus carteras de piel bajo el brazo, Billy el Tatuado saluda cortesmente, el señor Darling invita a todos ellos a tomar el té a las cinco). Las pieles de animales, el polvo mágico que necesitaba de la complicidad de un pensamiento, es puesto tras de la pizarra, en una habitación para ellos destinada en el n° 14 de una calle de Londres, en una habitación cuya luz ahora nadie enciende. Usted lleva razón, señor Darling, Peter Pan no existe, pero sí Wendy, Jane, Margaret y los Niños Extraviados. No hay nada detrás del espejo, tranquilícese, señor Darling, todo estaba previsto, todos ellos acudirán puntualmente a las cinco, nadie faltará a la mesa. Campanilla necesita a Wendy, las Sirenas a Jane, los Piratas a Margaret. Peter Pan no existe. "Peter Pan, ¿no lo sabías? Mi nombre es Wendy Darling". El río dejó hace tiempo la verde llanura, pero sigue su curso. Conocer el Sur, las Islas, nos ayudará, nos servirá de algo al fin y al cabo, durante el resto de la semana. Wendy, Wendy Darling. Deje ya de retorcerse el bigote, señor Darling, Peter Pan no es más que un nombre, un nombre más para pronunciar a solas, con voz queda, en la habitación a oscuras. Deje ya de retorcerse el bigote, todo quedará en unas lágrimas, en un sollozo apagado por la noche: todo está en orden, tranquilícese, señor Darling.
Leopoldo María Panero, Así se fundó Carnaby Street, 1970, en Poesía Completa, Visor de Poesía, Madrid, 2006.






Dentro de la teoría literaria psicoanalítica, el concepto de
fantasía - entendido como la realizacón imaginaria y deformada de un deseo del sujeto- desempeña un importante papel. Precisamente uno de los ensayos más conocidos de Freud se titula El Poeta y la Fantasía (1908). En este trabajo, se refiere Freud a la viva curiosidad que han sentido y sienten los profanos de la literatura por saber de dónde extrae el poeta el m
aterial para sus obras y cómo consigue conmover al lector. La curiosidad aumenta, dice Freud, si se tiene en cuenta que a menudo el poeta no puede o no sabe responder satisfactoriamente a esta cuestión. Para resolver este enigma, Freud busca alguna otra actividad del ser humano que sea de algún modo afín a la de la composición poética y la encuentra en el juego del niño y en la fantasía del adulto: "¿No habremos de buscar ya en el niño las primeras huellas de la actividad poética?", se pregunta (1972: 10). En ambos casos - en el juego infantil y en la fantasía o sueño diurno- se está ante un mundo separado del real y controlado por el sujeto. En el caso del niño es muy evidente, y sobre el adulto dice Freud: "Así también, cuando el hombre que deja de ser niño cesa de jugar, no hace más que prescindir de todo apoyo en objetos reales y, en lugar de jugar, fantasea." (1972: 11). Y esto es justo lo que hace también un poeta: inventa un mundo distinto al real, fantasea. Se entra así en el dominio de la ficcionalidad, que el psicoanálisis contempla bajo el concepto de ilusión. Equiparados al juego infantil y la creación literaria por ser dos maneras de eludir la realidad, Freud aclara que en el segundo caso se está ante una forma seria de eludir lo real, pues la "antítesis del juego no es la gravedad, sino la realidad" (Freud, 1972: 10).



EMPLEO DE LA NOSTALGIA
Amo el campus
universitario,
sin cabras,
con muchachas
que pax
pacem
en latín,
que meriendan

pas pasa pan
con chocolate

en griego,
que saben lenguas vivas
y se dejan besar
en el crepúsculo
(también en las rodillas)
y usan
la cocacola como anticonc
eptivo.

Ah las flores marchitas de los libro
s de texto
finalizando el curso
deshojadas
cuando la primavera
se instala
en el culto jardín del rectorado
por manos todavía adolescentes
y roza con sus rosas
manchadas de bolígrafo y de
tiza
el rostro ciego del poeta
transustanciándose en un olor agrio
a naranjas

Homero

o semen

Todo eso será un día
materia de recuerdo y de nostalgia.
Volverá, terca, la memo
ria
una vez y otra vez a estos parajes,
lo mismo que una abeja
da vueltas al perfume

de una flor ya arrancada:
inútilmente.

Pero esa luz no se extinguirá nunca:
llamas que aún no consume
n
...ningún presentimiento
puede quebrar ]as risas
que iluminan

las rosas y ]os cuerpos
y cuando el llanto llegue
como un halo
los escombros
la descomposición
que los preserva entre las sombras
puros

no prevalecerán
serán más ruina
absortos en sí mismos

y sólo erguidos quedarán intactos
todavía más brillantes
ignorantes de sí
esos gestos de amor...
sin ver más nada.
Ángel González, Poemas, Cátedra, Madrid, 1998.





El poeta es un adulto que fantasea, pero no como la mayoría de los adultos, sino de un modo distinto. La fantasía del adulto suele ser secreta porque oculta a menudo deseos inconfesables (y además todo adulto se siente algo culpable, y hasta se avergüenza, al fantasear porque sabe que no es lo que se corresponde con su edad), mientras que el poeta es un ser que comunica a los demás sus fantasías, que las hace públicas. Y lo que es más sorprendente aún: consigue así la aprobación social.

EL ALBATROS

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.


Charles Baudelaire, Las Flores del MalMondadori, Madrid, 1998.


2 comentarios:

Frank dijo...

Georgina: Excelentes poemas e información (volveré a este sitio).

Saludos,
Frank Ruffino.

Georgina Hübner dijo...

Un placer, Frank. Te espero por aquí.
Un saludo!